¿Hay que matar al puma?



El puma, conocido también como león americano (así lo llama la gente de campo), es un mamífero carnívoro que, según los estudiosos, “de forma esbelta y musculosa sube con gran agilidad a los árboles y puede dar saltos asombrosos, y ataca al hombre solamente si está hambriento o si siente en peligro a sus cachorros”. En la provincia de Río Negro existen tres subespecies identificadas como Félix Concolor Araucana, Hudsoni y Pearsoni. Ejemplares de este felino llegan a medir en promedio desde uno a dos metros de largo y pesan unos sesenta kilos. Las hembras suelen alumbrar dos o tres cachorros tras noventa días de gestación. “De hábitos solitarios, gran cazador y viajero, duerme gran parte del día y mantiene ocultas sus fuertes uñas desplegándolas sólo cuando atrapa a una presa”. Están dotados de gran vigor y agilidad y de sentidos muy agudos. En estado salvaje se alimentan preferentemente de animales de sangre caliente, a los que sorprenden de noche y capturan abalanzándose sobre ellos. Amadeo Wucusich, en un interesante trabajo inédito sobre la fauna y la flora de la Reserva Cinco Chañares, escribe que “las grandes especies de félidos suelen quebrar el cuello de sus víctimas, echándoles la cabeza para atrás y provocándoles una muerte fulminante. ”Por lo general viven solos o en pareja. Son buenos caminadores y habitan en llanuras de monte bajo, con pastizales y arbustos donde cazan al acecho o persiguen velozmente mamíferos y aves que les sirven de alimento”. Desde los organismos específicos el manejo de estos recursos de fauna silvestre se realiza a través de la debida protección, que es la defensa del recurso y sus hábitats frente a cualquier modificación generada por el hombre. Por la preservación, a efectos del mantenimiento del recurso en su actual estado a fin de perpetuarlo. Por conservación se entiende su administración sobre bases científicas y técnicas, con el fin de asegurar su estabilidad, permanencia y productividad en el tiempo. El aprovechamiento racional es la planificación de acciones para el uso del recurso conforme a técnicas que aseguren un aprovechamiento sostenido y permanente del mismo. Por último el control permite la planificación, implementación y fiscalización de acciones que permitan minimizar los perjuicios o daños que especies de la fauna silvestre puedan ocasionar por alteración en el equilibrio del ecosistema en ambientes naturales o artificiales. Por esta última pauta es que se permite la caza del puma considerado en algunos departamentos de Río Negro como plaga, dado que no tiene predador alguno que lo controle en forma natural. Debemos destacar que este animal es muy perseguido por el hombre de campo porque ataca los rebaños de ovejas y las hembras, en particular cuando enseñan a cazar a las crías, son especialmente dañinas, llegándose a encontrar casos en que han matado más de veinte corderos y lanares. En el bajo del Gualicho suelen hacer un gran daño en las majadas y no es fácil darles caza pues hay que seguir el rastro a veces por varios días y ser bastante diestro en el tema, además de que la ayuda de los perros es de fundamental importancia. Atento a ello es obligación indelegable del Estado velar por la conservación de las especies silvestres a través de un manejo racional. La caza del puma con un número ilimitado de piezas en los departamentos permitidos, y con el incremento de la retribución económica por su piel en el caso de algunas zonas como la Región Sur, debe considerarse en el contexto de preservar la ganadería ante la sequía y la depredación del zorro colorado y el jabalí, que han hecho estragos en las majadas. Como un dato ilustrativo esta nota está dedicada a un poblador del bajo del Gualicho avecinado en Valcheta, don Mariano Villalba, que supo pelear con el puma cuerpo a cuerpo logrando matarlo con sus propias manos, aun a costa de casi perder la vida en el intento, y que cuando se le pregunta por aquel episodio musita por lo bajo lo que en ese momento pensaba: “O me matas o te mato”. (*) Escritor. Valcheta

Jorge Castañeda (*)


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