Historias: “Pocas balas, pero…”



Corrían los primeros meses del '83. Se vivía el clima de regreso a la democracia.

El peronismo tenía que elegir candidato a presidente. Su ala gremial tallaba fuerte en la operación y Lorenzo Miguel bajó línea: “El hombre es Luder”, dijo.

El sindicalismo clavó tacos. Pero los ruidos vinieron del ala política. Antonio Cafiero soñaba con el cetro. Se sentía traicionado por el pope de la UOM, con quien por más de 25 años había sido carne y uña.

Entonces, el economista intentó amortiguar su dolor replegando su aspiración a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Pero para ese sitio la rosca metalúrgica también también tenía titular: Herminio Iglesias.

Cafiero era una montaña de desazón. Pero logró una reunión para intentar dirimir el entuerto. Asistieron Luder, Lorenzo, el muerto de ayer y un desconsolado Cafiero.

Cuentan que, momentos antes de iniciarse la puja de fuerzas, Herminio abrió su saco y Cafiero vio la Colt 45. Entonces, faltó poco para que Cafiero preguntara para qué estaba ahí. Y el candidato fue Herminio.

Hombre que no le hizo asco a tener la 45 en la cintura fue Herminio. Arma con leyenda cruda en el peronismo. Predilecta de la Resistencia. Y contundente para arrojar a la nada el sueño de un “peronismo sin Perón” que comenzó a acuñar Augusto Vandor cuando promediaban los '60. “El Lobo” pagó caro la osadía aquel 30 de junio del '69 cuando, inquieto por ruidos que sentía en la planta baja de la UOM de Capital, abrió la puerta para ver “¡Qué cornos pasa!”.

Fue lo último que dijo.

Según la historiadora Viviana Gorbato, “El Lobo” se topó con una o varias 45. Intentó cubrirse con las manos. Reacción justificada y estéril. Cinco balazos en el pecho lo hicieron retroceder grotescamente hasta el fondo de su oficina.

El “Operativo Judas” estaba cumplido. Vino de adentro del peronismo. De un grupo reunido para esa única faena. Aunque la tela de esa historia es muy larga y muy tramada.

Tenga cuidado, Vandor, a usted lo van a matar le había dicho dos meses antes en Madrid Juan Perón.

Arma buena la 45, mi amigo. Es cierto, muy grande y pocos tiros, pero hace un quilombo infernal y si toca… le dijo un día del '84 Herminio Iglesias a un periodista del hoy desaparecido “Tiempo Argentino”.

¿Es cierto que perdió un testículo en un entrevero a balazos? le preguntó el periodista y Stupenengo, un colaborador del sindicalista, se largó a reír diciendo: “¡Otra vez con esa historia!”

No, no es cierto. Es un invento de ustedes, los periodistas, que son todos gorilas. Lo que perdí ahí fue este pedazo de párpado que me falta sentenció Herminio, mostró y siguió. Fue hace muchos años. Había muerto el padre de Juancito Distéfano (con el tiempo presidente de Racing) y fui al velatorio en Avellaneda. En la madrugada, cuando salí, me esperaban los del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Me tiraron a granel desde atrás de árboles. Yo pelé mi 45 y tiré y tiré. Me metieron un balazo en la ingle. Las piernas me quedaron en falsa escuadra… otro balazo picó en la pared y una esquirla me raspó el párpado. Quedé sentado contra un balcón de hierro de una casa vieja, meta tiro. Se fueron. Yo tenía sangre por todos lados. Vinieron del velatorio, la policía, la ambulancia. Yo estaba tan nervioso que no quería que se acercara nadie. Un enfermero se metió en la casa y me agarró de atrás, por el balcón. Así me llevaron al hospital. ¡Pero los huevos los tengo completitos y, si no, tráigame a su hermana! le dijo Hermino de buen humor al periodista y éste evitó decirle que no tenía hermanas para que no ampliara la oferta.

Ayer murió Herminio Iglesias. Los años y los nietos lo habían ablandado. Campeó en el Avellaneda y Wilde en que mandó Ruggerito en los '30, pero duró más. “Caudillo pendenciero e inculto”, lo definirá el analista político Joaquín Morales Solá.

O, quizá, un simple producto de una visión rústica y dura de ver la política y construir poder.

Nada infrecuente en la historia argentina desde siempre.

Menos en el peronismo, claro.

 

CARLOS TORRENGO


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