Historias prendidas
Datos
- Cuatro de la madrugada de un martes de verano. Adentro del departamento hacía calor. Más adentro, precisamente en el esófago de Alberto había una conmoción que no lo dejaba dormir. Desde el balcón, la noche se cuadriculaba con las enormes cajas negras de los edificios en los cuales también había luces prendidas: quizás alguna confesión que nadie pidió. Un examen final. Una espera con sospecha. Me traés agua. Adictos a Netflix. Una sospecha corroborada. Contracciones. Tengo miedo papá. Si ahorro en esto y dejo de pagar aquello. Vi luz y subí. Se acabaron los cigarrillos. Olvidadizo. Tenemos que hablar. Y seguro algún otro con gastroenteritis.
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