Hoy un juramento...

por Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

Un embajador de un país del Mercosur amigo de la Argentina repasó con varios colegas la situación del país, luego de las elecciones del 23 de octubre: la mayor hegemonía de Néstor Kirchner –se dijo– se ve reflejada en los cambios de gabinete, en la concentración de poder presidencialista, en el corrimiento a la centro izquierda y en una creciente postura nacional en materia de política exterior que planteará muchos recelos a la hora de negociar, incluso con los vecinos.

El historiador Tulio Halperín Donghi, en una reciente entrevista, definió a Kirchner como una combinación entre "un muchacho peronista y un contador suizo". Lo que significa que es capaz de apelar a toda la picaresca y urdimbres para ejercer con fiereza e inescrupulosidad la conducción política, pero a diferencia de otros mandatarios le prende velas al superávit fiscal y a la acumulación de reservas. En tal sentido, echando mano no al corazón sino al crudo lenguaje del toma y daca, tras sacarse de encima al ministro Roberto Lavagna (quien por su parte hizo méritos para que lo eyectaran en plena bonanza), puso en caja, entre otros, a los empresarios de supermercados y a los sindicalistas de Hugo Moyano. Le encontró una salida, además, con ayuda del colega español José Luis Rodríguez Zapatero, al salvaje paro de los empleados de Aerolíneas Argentinas.

Tregua y paz social por 90 días fue la consigna que le bajó a sus nuevos colaboradores, Felisa Miceli (Economía), Jorge Taiana (Cancillería), Juan Carlos Nadalich (Desarrollo Social) y Nilda Garré (Defensa). Los cuatro tienen antecedentes "progres" o setentistas, lo que dio paso a las conjeturas sobre la vuelta al pasado, con aires revanchistas. Eso no sólo lo niegan los funcionarios "K" sino estudiosos que rescatan el pragmatismo del pingüino, capaz de aglutinar detrás suyo –pese al infantilismo o complejo que registra una foto de "Clarín" que lo muestra risueñamente tomándose los genitales y tocando madera cuando Carlos Menem prestaba juramento como senador– a casi todos los peronistas que supieron jurar lealtad eterna al riojano y a Eduardo Duhalde.

Ex militante de la JP, Nilda Garré declaró que el principal problema militar es salarial y no ideológico y que su cometido es reconvertir a las Fuerzas Armadas para que tengan un rol fecundo en la sociedad.

"Los nuevos ministros son gente aggiornada. Su experiencia será utilizada de manera racional", se dijo en la Rosada. En el caso puntual de los 300 militares procesados por violaciones a los derechos humanos durante la época de la dictadura, se indicó que casi todos están en retiro y que prácticamente no queda en carrera ninguno con faltas graves. Y se detectara alguno, no pasará el filtro del Congreso.

Halperín Donghi, al respecto, dijo que no ve que se vaya a rescatar "ese pasado glorioso", pues en el mismo anida "un enorme rencor". El historiador señaló que este sentimiento entraña que "algo estaba mal"en esos turbulentos años. Criticó la tendencia de los gobernantes de hacer promesas con la varita mágica, mientras el Estado se convertía en campo de batalla y botín para los distintos sectores en conflicto.

Exiliado tras "la noche de los bastones largos" del general Juan Carlos Onganía, Halperín Donghi reconoce que la brusquedad de Kirchner produce irritación y que sus mayores problemas podrían sobrevenir tras haber despedido a Roberto Lavagna, en medio de una tendencia de crecimiento sin inversiones.

"Lavagna se fue y hacemos acuerdos", se ufanó en cambio Kirchner tras la carta firmada con los dueños de los grandes supermercados, que posibilitará una rebaja del orden del 15 por ciento en unos 250 productos. Antes hubo un juego de presiones que terminó con la constitución de una liga de intendentes y consumidores para vigilar la evolución de los precios y no permitir una escalada inflacionaria.

Kirchner se despojó de la tutela de Duhalde y Lavagna, e instruyó a la flamante ministra Felisa Miceli, para que vigile los precios y las reservas del Banco Central y se prepare tranquila para discutir con el Fondo Monetario Internacional las condiciones de un refinanciamiento.

En un acto, se reconcilió con el embajador de Francia, Francis Lott, quien dio por superada la traumática salida de Suez, y dijo que el gobierno de Jacques Chirac le encomendó la tarea de convencer a los inversores de su país sobre las bondades de invertir a largo plazo en la Argentina.

El líder de la CGT, Hugo Moyano, luego que rodó la cabeza de Lavagna, pensó que sería recibido con todos los honores en la Rosada Se equivocó. Apenas saludó a Kirchner, y el jefe de gabinete le advirtió que debía parar la mano con los métodos salvajes. Le anticipó que no habrá nuevos aumentos salariales y que no se elevará por un tiempo el mínimo no imponible para el pago del Impuesto a las Ganancias. El sector más duro de la CGT festejó el fracaso de Moyano y José Luis Lingeri. Luis Barrionuevo le calentó la oreja al camionero: "Viste, el problema no era Lavagna, es Kirchner". El gastronómico sostiene que "si no vamos contra él, él va a venir en contra nuestra... tenemos que adelantarnos".

Kirchner recompensa con creces a los aliados y castiga sin piedad a los que no le responden verticalmente. Hasta el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, lamentó los embates del pingüino. "Cuando Kirchner fue contra Barrionuevo hace dos años –rememoró– pensé que estaba bien porque era sindicalista. Después persiguió por todos lados a Menem, y también pensé que era correcto, por ser el enemigo y representante de la vieja política. Me sorprendí cuando se metió con Duhalde, pero luego reflexioné: es porque lo puso a él y no quiere quedar como un chirolita... ¡pero fui ingenuo! Ahora vinieron por mí".

Nada más oportuno que acudir a una cita de la Biblia, para colegir que no hay nada nuevo bajo el sol: "Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará".


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