Huesos que enseñan



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El médico Josef Mengele no habría de imaginar que sus huesos servirían, a casi cuatro décadas de su muerte, durante las clases de medicina forense de la Universidad de San Pablo. Acaso sea una paradoja que los huesos de quien realizara experimentos atroces con miles de judíos en el campo de concentración de Auschwitz sirvan ahora para construir conocimiento.

Los huesos del “ángel de la muerte” permanecieron durante años en una bolsa de plástico azul en el Instituto de Medicina Legal de esa universidad. Sin embargo, el doctor Daniel Romero Muñoz, quien encabezó el equipo que identificó los restos en 1985, consiguió autorización para usarlos en las clases de medicina forense.

Mengele murió ahogado en 1975 mientras nadaba frente a las costas del Estado de San Pablo. Había estado prófugo por años, buscado por realizar experimentos entre los detenidos y por enviar a miles de ellos a las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial.

Después de la guerra huyó a la Argentina y vivió en Buenos Aires durante una década. Se trasladó a Paraguay luego de que agentes del Mossad israelí capturaran a Adolf Eichmann, quien también vivía en Buenos Aires. En 1960 llegó a Brasil, donde recibió refugio de una pareja alemana y una familia de inmigrantes húngaros.

Tras su muerte fue enterrado bajo el falso nombre de Wolfgang Gerhard. Años más tarde, las autoridades alemanas interceptaron una carta enviada por la pareja a la familia de Mengele dando noticias de su muerte.

En 1985 su cuerpo fue exhumado. Equipos de Alemania, Israel, Estados Unidos y Brasil confirmaron su identidad, usando métodos como el chequeo de cuentas personales de personas que lo conocían en Brasil, comparando la escritura manuscrita en cartas aprehendidas y analizando el cráneo recuperado para ver si coincidía con viejas fotografías personales del médico.

Según la profesora María Luiza Tucci Carneiro, historiadora que coordina el Laboratorio de Estudios de Etnicidad, Racismo y Discriminación de la Universidad de San Pablo, el análisis de los huesos de Mengele puede alentar a los estudiantes a ir más allá de la ciencia y a interesarse en cuestiones históricas y éticas.

Considera que los estudiantes deberían aprender, asimismo, “cómo físicos, psiquiatras y otros científicos importantes trabajaron para el Reich, aportando sus conocimientos para la exclusión de grupos étnicos que fueron clasificados como una raza inferior (...) Una exclusión que dio paso a un genocidio”.

Esos huesos también permitirán recordar que el odio racial y la voluntad de exterminio de los nazis no se concentró solamente sobre los judíos. Si éstos fueron eliminados bajo el pretexto de perversidad y de impureza de sangre, los gitanos lo fueron como “desechos” que había que eliminar y los “débiles mentales” como indignos de pertenecer a la raza aria.

De modo que a través de las víctimas del nazismo, pero también mediante la esclavitud de las poblaciones originarias y la opresión colonial, lo que asciende a la conciencia es la barbarie de Europa Occidental, manifestada por la esclavización y el sometimiento de los pueblos colonizados.

El nazismo que combatía las razas que declaraba inferiores, corruptas e impuras, no fue más que el estadio último de ese proceso de racionalización cerrada sobre sí misma.

En todo caso, a lo que deben conducir las trágicas experiencias del siglo XX es a una nueva reivindicación humanista: que la barbarie sea reconocida como tal, sin simplificación ni falsificación de ningún tipo.

Lo que importa, entonces, es un reconocimiento que transcurra por el conocimiento y la conciencia. Una que saque a la luz las condiciones que predisponen a los sometimientos y los exclusivismos. Acaso los huesos del asesino del Reich colaboren ahora con esa finalidad.

*Profesor titular de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN)

Las trágicas experiencias del siglo XX deben conducir a una nueva reivindicación humanista: que la barbarie sea reconocida como tal.

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Las trágicas experiencias del siglo XX deben conducir a una nueva reivindicación humanista: que la barbarie sea reconocida como tal.

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