Hugo Chávez, un duro acreedor
A lo largo de los últimos seis años, la República Argentina acumuló una muy importante deuda que tiene a Venezuela como acreedora. Ese pasivo fue concertado para (por razones políticas y populistas) evitar operar -dentro de la normalidad- con el Fondo Monetario Internacional. Ese endeudamiento parece haber perjudicado gravemente a la Nación, desde que se convino con tasas de interés cercanas al 15%; esto es, mucho más elevadas que aquellas con las que opera el Fondo. En rigor, pese a la opacidad que cubre las operaciones y el circuito seguido por la circulación de los respectivos documentos de deuda, las tasas lucen ser algo así como seis veces más altas que las del organismo financiero multilateral. Alguna vez, todo esto deberá ser objeto de cuidadoso examen.
Paraguay -también deudora de la Venezuela de Chávez- está hoy tratando de renegociar (no condonar) un pasivo acumulado como consecuencia de compras de combustibles al país caribeño. Hablamos de casi trescientos millones de dólares de deuda. Lo que sucede en esas negociaciones debiera tenerse en cuenta, porque es realmente serio. Esas negociaciones bilaterales en curso, de pronto se interrumpieron abruptamente. Por falta de acuerdo, el viernes pasado.
Ocurre que Venezuela exige que los atrasos paraguayos se liquiden con una tasa de interés absolutamente exorbitante, del 18% anual en dólares. Lo que supone una dura penalidad. Para el ministro de Industria y Comercio del Paraguay la tasa es «usuraria», a lo que agregó, no sin un dejo de amarga sorna: «Si somos amigos y hermanos, tenemos que ser hermanos en todo».
La pretensión venezolana se puso sobre la mesa a pesar de que los contratos de provisión de combustible establecían expresamente que correspondía una tasa de interés anual del 2% (parecida a la de mercado, entonces).
Esto pese a que la balanza comercial bilateral es fuertemente favorable a Venezuela. Y pese a que Paraguay ha ofrecido compensar -al menos parte de la deuda- con ventas de alimentos; propuesta que Venezuela (quien, increíblemente, importa la mayor parte de los alimentos que su población requiere) ha ignorado olímpicamente.
Queda claro que del dicho al hecho hay mucho trecho y es bueno que lo que sucede en Paraguay se tenga en cuenta. No es impensable que alguna vez debamos también nosotros renegociar la deuda acumulada por la gestión de los Kirchner con Venezuela. Veremos entonces si el trato recibido es, o no, parecido al que hoy sufre Paraguay.
EMILIO J. CÁRDENAS (*) Especial para «Río Negro»
(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS
A lo largo de los últimos seis años, la República Argentina acumuló una muy importante deuda que tiene a Venezuela como acreedora. Ese pasivo fue concertado para (por razones políticas y populistas) evitar operar -dentro de la normalidad- con el Fondo Monetario Internacional. Ese endeudamiento parece haber perjudicado gravemente a la Nación, desde que se convino con tasas de interés cercanas al 15%; esto es, mucho más elevadas que aquellas con las que opera el Fondo. En rigor, pese a la opacidad que cubre las operaciones y el circuito seguido por la circulación de los respectivos documentos de deuda, las tasas lucen ser algo así como seis veces más altas que las del organismo financiero multilateral. Alguna vez, todo esto deberá ser objeto de cuidadoso examen.
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