Humor argentino en tiempos duros

Analiza los cambios en la contratapa de “Clarín”.



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Landrú, un humorista “neutro” que se manifestó políticamente.

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El riguroso ensayo de Levín pone la lupa en el humor gráfico.

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Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Viene de página 39

Continúa en página 40

Buceando en procura de reflexionar la discursividad de los argentinos en los años 70-80, es decir como asumían la agitada historia que sacudía al país en aquel tiempo, Florencia Levín rastrilló diarios y más diarios nacionales hasta que un día se topó con el humor en el marco de mudanzas concretadas sorpresivamente en la contratapa de “Clarín”. Ahí nació “Humor político en tiempos de represión”, un libro de rigurosa excelencia para comprender el país de aquellos apasionantes y tensos días.

–¿Cómo le ocurrió historiar el humor de un arco de tiempo tan intenso en el país como los 70-80?

–Yo no busqué el humor como vía para investigar un tramo de la vida del país. No tenía ni siquiera inclinación por el género, fue un encuentro sorpresivo más que el resultado de una búsqueda con conocimiento de causa. Ni tenía, como mucha gente, fascinación por el humor gráfico. Yo buscaba, en la prensa escrita, eso sí, otras cuestiones. Buscaba discursos políticos acicateada por un interrogante: cómo se piensa la sociedad civil, sus imaginarios; cómo aparecía la violencia política de aquellos años, cómo aparecía esa idea de un país en guerra que alentaban algunos sectores cuando se intensificó la lucha armada. Intentaba encontrar respuestas a cómo pensaban los argentinos su propio momento, su presente. Coincido en que era un arco de tiempo amplio, intenso. Incluso yo ya tenía algunos borradores en los que no contaba el humor. Era una exploración. Y bueno, revisando y revisando la prensa, encontré el humor…

–Desde el humor y teniendo organizadas las ideas de cómo investigar, ¿qué impresión le comenzó a generar el tratamiento del tema?

–Toda memoria tiene sus deformaciones, sus inventos, por supuesto. Pero recuerdo que una cosa que me impactó muy fuertemente, sorpresa mediante, fue encontrarme con las viñetas de Landrú en que se hacía humor con la picana, con su aplicación. Estamos hablando de comienzo de marzo del 73 y ahí, planeando en la lectura de esas semanas, me topé con que el 7 de ese mes, a cuatro días de las elecciones que llevaron a Cámpora a presidente, “Clarín” cambiaba su contratapa, que en su mayor espacio pasó a ser todas tiras, viñetas de humor. Está claro que mi libro se centra en el humor en “Clarín”…

–Usted sostiene que esa mudanza tuvo como eje el “nacionalizar” el humor. De golpe –como se afirma que deben ser los cambios en los diarios– corre las tiras importadas “Los Picapiedras”, “Mutt y Jeff”…

–Que eran fundamentalmente norteamericanas, distribuidas en todo el mundo por agencias…

–¿Ésa es la única razón por la cual define la mudanza como “nacionalización”?

–La definición no tiene otro alcance que marcar la revalorización del humor gráfico argentino al colocarlo en contratapa de un diario de tirada masiva, de fuerte inserción en la vida del país. Si uno sigue la prensa escrita en el género diarios, percibe claramente que el humor gráfico estaba muy relegado a páginas donde se mezclaba de todo: crucigramas, horóscopos, servicios, etc.

–¿El humor importado era también muy ajeno al argentino?

–Eran muy estandarizados, descontextualizados en relación a una Argentina en movimiento en muchas direcciones. El lector de “Clarín” estableció muy rápidamente, de cara al cambio en la contratapa, un vínculo muy fuerte con los humoristas que publicaban… Imagínese que ahí estaban Caloi, Fontanarrosa, Crist, Bróccoli. En las páginas interiores estaba Landrú. Caloi fue muy decisivo en el diseño de la nueva contratapa y fue él quien sugirió el nombre de los humoristas que estarían ahí.

–“La Patota”…

–Así definía él al grupo. Con los años se sumaron otros.

–Flota en su libro que “Clarín” sabe leer, tiene reflejos bien entrenados para interpretar la mudanza que desde finales de los 50 se daba en la sociedad argentina en materia cultural, educacional. ¿Es así?

–Bueno, si usted me dice que flota, me inquieta porque evidentemente no he sido muy precisa en el manejo de ese tema… No, lo dejo en claro. “Clarín” define desde varias realidades. La que usted señala, percibe y comprueba que el mercado humorístico está en expansión debido incluso a la renovación o expansión de la cultura, que había además ayudado a ironizar al dictador Juan Carlos Onganía. También asume que había, para el momento de reformar la contratapa, manifestaciones humorísticas muy exitosas: “Hortensia”, surgida en el 71, y “Satiricón”, en el 72… La sociedad estaba ávida de un humor con dosis de ironía, audacia… insolente. Ya para ese 73, el diario apuntaba a ser el de mayor tirada, que era “La Razón”, con sus ediciones.

–Volvamos a Landrú, hoy con más de 90 años. ¿Lo entrevistó?

–Sí, pero precisamente por su edad no pude obtener mucho.

–Landrú forma parte del discurso que acompaña el deterioro del poder de Isabel Perón. No es neutro en ese marco, ¿no?

–Por definición, la neutralidad no existe. La particularidad de Landrú está en que sostenían que su humor era neutral, pero asumiéndose así siempre se pronunció políticamente. Decía que él hacía “humor sobre”, no en contra de esto o aquello. De una manera u otra, más o menos explícita…

–¿Cómo jugaba en relación a esa “neutralidad” esa cierta inocencia de los dibujos que daban forma a sus viñetas?

–A favor.

–¿Cómo se explica que metiera la picana en sus viñetas?

–Ese tema formó parte de mis propias reflexiones. No fue el único que colocó la picana en la discursividad de su humor. Crist también la nombró aunque no la dibujó, pero dibujó una escena de tortura en una sala donde al lado conversan dos personajes. Es del año 74 y realmente a mi esa viñeta me desagradó…

–Sí, pero ya en el 73 y siempre siguiendo su libro, Landrú es muy explícito. Pone gente atada sobre una mesa, el torturador picana en mano, que se queja de las bajas de tensión. Atrás un cartel que dice “Cámara del terror”… En otra, con el mismo cartel, un jefe con la boleta de la luz en mano, que se queja de lo que están pagando y les ordena “un poco menos de picana”…

–Lo de “Cámara del terror” era por la Cámara Federal, el “Camarón” que en tiempos de Lanusse juzgaba a “subversivos”.

–Y llegó el 76, con toda su carga…

–Que obligó a mantener el humor, claro. Pero a tomar nota de que se instalaba un poder sanguinario, terrorismo de Estado. Sin embargo, lentamente “La Patota” ,y éste es uno de los temas que me costó mucho ir enhebrando, fue diciendo cosas. Sucede también que estar en “Clarín”, bueno, permitía sentirse acompañado de ciertos márgenes de seguridad.


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