Humor en la mira
El humor ha sido un camino utilizado por el hombre para criticar a los políticos y marcar equivocaciones o disidencias. Sus errores y tics fueron remarcados desde las viñetas de los primeros diarios hasta las imitaciones, primero en el teatro y luego en la televisión. La masividad de los medios electrónicos los fascina y bien o mal aconsejados muchos participan de los mismos programas que los ridiculizan. Así fueron protagonistas de nuevos gags que quedaron en la historia, como los equívocos de Fernando de la Rúa en “ShowMatch” o la aparición de la candidata republicana a la vicepresidencia de los Estados Unidos Sarah Palin en “Saturday Night Live”. La sátira se extiende también a la ficción y crece en las comedias que en los EE. UU. ganan el favor del público riéndose de distintos organismos o representantes del Estado, como “Spin City”, “Veep”, “Parks and Recreation” y la todavía no estrenada “1600 PENN”, que con Bill Pullman como presidente, adelantan, relatará el día a día de su familia en la Casa Blanca. “Spin City” será recordada por el humor de sus diálogos y por ser la última serie, hasta ahora, protagonizada por Michael J. Fox. Él interpretaba al secretario del alcalde Mike Flaherty, quien todo el tiempo intentaba protegerlo de los que querían arruinar su carrera y de él mismo. Era un “bombero” tratando de apagar incendios constantemente y, sobretodo, de salvarlo del ridículo al que él mismo alcalde se exponía. La serie fue el desembarco de DreamWorks en la televisión en 1996. Parecía que podría eternizarse en la pantalla, pero en 2000 Fox confesó que padecía Parkinson y abandonó la producción, ya que más allá de la buena voluntad de todos sus compañeros de elenco y técnicos, grabar el programa le era cada vez más difícil. Su chispa era el alma del show, que duró dos años más en pantalla con Martin Sheen ocupando su lugar y comenzado a crear el personaje de un mujeriego empedernido que repitió luego en “Two and a Half Men”. “Parks and Recreation”, que en la Argentina emite Sony y acaba de estrenar en los Estados Unidos su quinta temporada, pone el ojo sobre la política más cercana. Sigue a Leslie Knopes (Amy Poehler) la encargada del departamento de Parques y Recreación de Pawnee, un localidad pequeña. Con eficacia apela a todos los elementos del género, de los diálogos veloces a la comedia física, para mostrar las trabas municipales que deben soportar los vecinos para lograr algún cambio u obtener un beneficio y los esfuerzos y desidia de los funcionarios. “Veep” (HBO) es una de las novedades del año y ya le dio un Emmy más a su protagonista Julia Louis Dreyfus y el contrato para una segunda temporada. Ella interpreta a la vicepresidenta estadounidense Selina Meyer, quien -con muchos tics de su antigua Elaine de “Seinfeld”- quiere diferenciarse de quienes estuvieron antes en su cargo, pero no tiene tacto. Quiere imponer una agenda ecológica que no le importa ni al presidente, ni a la Cámara de Representantes, ni a su partido y constantemente se ve frustrada, como en el episodio en el que por unos pocos minutos se hace cargo de la oficina oval ante una indisposición del “Número Uno”. Repetitivamente, diálogo a diálogo, gag a gag muestra su torpeza, compartida por sus colaboradores.
El humor ha sido un camino utilizado por el hombre para criticar a los políticos y marcar equivocaciones o disidencias. Sus errores y tics fueron remarcados desde las viñetas de los primeros diarios hasta las imitaciones, primero en el teatro y luego en la televisión. La masividad de los medios electrónicos los fascina y bien o mal aconsejados muchos participan de los mismos programas que los ridiculizan. Así fueron protagonistas de nuevos gags que quedaron en la historia, como los equívocos de Fernando de la Rúa en “ShowMatch” o la aparición de la candidata republicana a la vicepresidencia de los Estados Unidos Sarah Palin en “Saturday Night Live”. La sátira se extiende también a la ficción y crece en las comedias que en los EE. UU. ganan el favor del público riéndose de distintos organismos o representantes del Estado, como “Spin City”, “Veep”, “Parks and Recreation” y la todavía no estrenada “1600 PENN”, que con Bill Pullman como presidente, adelantan, relatará el día a día de su familia en la Casa Blanca. “Spin City” será recordada por el humor de sus diálogos y por ser la última serie, hasta ahora, protagonizada por Michael J. Fox. Él interpretaba al secretario del alcalde Mike Flaherty, quien todo el tiempo intentaba protegerlo de los que querían arruinar su carrera y de él mismo. Era un “bombero” tratando de apagar incendios constantemente y, sobretodo, de salvarlo del ridículo al que él mismo alcalde se exponía. La serie fue el desembarco de DreamWorks en la televisión en 1996. Parecía que podría eternizarse en la pantalla, pero en 2000 Fox confesó que padecía Parkinson y abandonó la producción, ya que más allá de la buena voluntad de todos sus compañeros de elenco y técnicos, grabar el programa le era cada vez más difícil. Su chispa era el alma del show, que duró dos años más en pantalla con Martin Sheen ocupando su lugar y comenzado a crear el personaje de un mujeriego empedernido que repitió luego en “Two and a Half Men”. “Parks and Recreation”, que en la Argentina emite Sony y acaba de estrenar en los Estados Unidos su quinta temporada, pone el ojo sobre la política más cercana. Sigue a Leslie Knopes (Amy Poehler) la encargada del departamento de Parques y Recreación de Pawnee, un localidad pequeña. Con eficacia apela a todos los elementos del género, de los diálogos veloces a la comedia física, para mostrar las trabas municipales que deben soportar los vecinos para lograr algún cambio u obtener un beneficio y los esfuerzos y desidia de los funcionarios. “Veep” (HBO) es una de las novedades del año y ya le dio un Emmy más a su protagonista Julia Louis Dreyfus y el contrato para una segunda temporada. Ella interpreta a la vicepresidenta estadounidense Selina Meyer, quien -con muchos tics de su antigua Elaine de “Seinfeld”- quiere diferenciarse de quienes estuvieron antes en su cargo, pero no tiene tacto. Quiere imponer una agenda ecológica que no le importa ni al presidente, ni a la Cámara de Representantes, ni a su partido y constantemente se ve frustrada, como en el episodio en el que por unos pocos minutos se hace cargo de la oficina oval ante una indisposición del “Número Uno”. Repetitivamente, diálogo a diálogo, gag a gag muestra su torpeza, compartida por sus colaboradores.
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