Iaies, un espíritu jazzero enamorado del tango
Llega a Neuquén y Bariloche uno de los pianistas más sólidos, sensibles y expresivos del jazz argentino: Adrián Iaies.
Eduardo Rouillet
En trío, con Ezequiel Dutil en contrabajo y el baterista Pepi Taveira, Adrián Iaies recorrerá su extensa discografía, con centro en su más reciente y elogiado CD “Melancolía” en la región. Las citas son mañana a las 21:30 en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén, y el viernes a las 22 en el Hotel Edelweiss de Bariloche. En su encuentro con “Río Negro”, Iaies acababa de regresar de correr. Salió tarde porque el sábado trasnochó presentando su último trabajo. Nacido en Buenos Aires el 4 de noviembre del 60, Iaies es además un docente, compositor, arreglador y productor que combina su prolífica tarea con un original acercamiento al tango y otras formas de música popular argentina, desde una clara estética jazzística, y lo reconoce: “El jazz es la única música que sé tocar o al menos, que puedo ejecutar decentemente y es la que deseo interpretar. Yo soy eso, músico de jazz, y comparto todo el dogma, la filosofía jazzera. Ahora, la idea de hacer música que se relaciona con el paisaje sonoro del lugar donde nací, crecí y vivo, obedece también, o mejor dicho, está en concordancia con el más puro fundamento jazzístico. Cuando escuchás un músico estadounidense tocando sobre lo que llaman estándares, sobre George Gershwin, Cole Porter, Irving Berlin, o Charlie Parker, Thelonious Monk, lo hace sobre una música que tiene que ver con su horizonte sonoro, la banda de sonido del lugar donde los tipos vivían. Un músico no norteamericano, que no vive allí, de algún modo obligado a pintar su propia aldea, que no es igual a la de ellos, cuando se mete a hacer jazz sobre repertorio no tradicional, necesariamente debe hacer una operación de dos pasos. Porque no está tocando algo que originalmente se asocia al jazz, no está –como si fuese un sujeto activo– habituado a que se lo lleve a ese territorio. Un jazzero utiliza lo que toca para mostrar su propia identidad. Y a mí me parece un vehículo más apto para exponer mi identidad como músico, tocar una música de la cual no me quedó más remedio que enamorarme. En principio, los tangos, que son buena parte o un componente importante del repertorio habitual de mis conciertos y mis discos”. –¿Cómo llegás al tango? –Yo me meto con el tango, en principio, porque me enamoré de él. Y ese amor lo puede todo. Más allá de que no comulgo con la ideología, el ambiente tanguero… El tango es el género popular que tiene más analogía con el jazz, de todos los que conozco. Por eso me meto con él. No es lo mismo con un tema de Charly García o de Luis Alberto Spinetta, o en un punto, con el folclore. Éste no se escuchaba en mi casa, en mi barrio, lo conocí más de grande. Aun habiendo estudiado con Manolo Juárez, tantos años, me agarra el berretín de tocar al Cuchi Leguizamón, laburando con Liliana Herrero. No estaba en mi vida desde joven, sí el rock. Yo me puedo sentar al piano ahora y tocar cualquier tema de Charly que me pidas. Es un tipo al que admiro, una música con la que crecí, que me ha acompañado, ha ambientado momentos importantísimos de mi crecimiento. Pero con ella, además, hay que hacer una operación para llevarla al territorio jazzístico. A diferencia del tango, no posee –desde un punto de vista ya más técnico– las coincidencias, las analogías que éste tiene con el jazz. “Me ha pasado de analizar con alumnos secuencias jazzísticas enteras y de tango, donde los acordes son los mismos, por ejemplo. Es algo también común a los boleros, a la bossa nova… Quiero decir, hay en las canciones un dato fundamental a la hora de improvisar: la secuencia de acordes coincide. No ocurre lo mismo con el rock, usualmente tiene más partes, está compuesto desde un lugar más intuitivo, es más intrincado. Lo cual no quiere decir nada… Yo me cuido de hacer un tango como si fuese música de Count Basie, debo improvisarlo desde otro sitio, construir una historia sobre él, sin que suene a jazz. Se trata de tener una reflexión personal, musical, alrededor de lo que toco, sea García, Mariano Mores, Astor Piazzolla o Duke Ellington. –Cuando mi hijo tenía 13 años yo no sintonizaba muy bien a Charly hasta que, él me hizo escuchar “Viernes 3 AM –tema que Iaies incluyó en su disco “Cinemateca finlandesa”–. Ahí me di cuenta cuánto me estaba perdiendo… –Es una de las canciones fundamentales de lo que se llama rock nacional. Yo estaba en el teatro cuando Serú Girán lo estrenó. Me acuerdo de ese momento… Es una obra que ilustra un momento especial del país, de oscuridad. ¡García es un genio! Luego le ha pasado lo que le pasó y acá tenemos como una tendencia a comernos a nuestros ídolos. Ni me quiero meter con su vida privada, lo que interesa es su obra. De hecho no lo conozco personalmente, ni tengo la fantasía, la ilusión de conocerlo… Sé de él lo que me interesa, su creación. Si hurgás en la vida personal de tantos músicos de jazz a los cuales nadie cuestiona, vas a encontrar excesos. A mí me interesa la obra del tipo, y la Charly es íntegra. Obviamente, desde el amor que le tengo, es una música que necesariamente puedo tocar, tributarle a García como un homenaje, pero me permite decir algo más personal que si intentase hacer lo mismo sobre un tema de Gershwin o Porter. Más allá de que me encante tocarlos, estudiarlos, enseñarlos… Yo amo ese repertorio, me ha servido y siento que me ha hecho mejor músico, pero desde el punto de vista de lo que significa crecimiento artístico, la idea de subirme a un escenario o meterme en un estudio a hablar de mi propia vida, la música argentina es un mejor vehículo. Con ella, yo he convivido desde chico y me gusta. Además, hay un elemento lúdico importante, me fascina la sensación de hacerle escuchar a alguien una canción que escuchó mil veces, con una visión, una mirada diferente. Eso habla, en parte, de mi capacidad, pero sobre todo de la generosidad de esa música. No necesita de un discurso único. –Es ella la que te permite expresarte. –Totalmente. O sea, tiene tanta generosidad que posibilita que un montón de intérpretes de distintos géneros y procedencia, puedan decir algo personal sobre ella. El tema se deja, es un vehículo. –Conociste al Cuchi Leguizamón, a través de Liliana Herrero… –Yo había escuchado al Cuchi, etcétera, etcétera, pero necesité tocar su música para saber de lo que estaba hablando. Cuando tuve el dúo con Liliana, empezó el conocimiento. Ella me mostró, me hizo enamorarme de su obra, lo había conocido personalmente, me contó anécdotas, cuando el Cuchi le comentaba cómo había hecho sus letras, en qué se había inspirado. Ha sido una gran guía para mí. Lamentablemente no dejamos un disco grabado porque no se dieron las circunstancias.