Idoneidad y periodicidad

El Poder Ejecutivo rionegrino registra algo más de 320 funcionarios. Muchos de ellos labraron o consolidaron su formación técnica y profesional en funciones estatales a las que llegaron por su original pertenencia política.

A esto es necesario sumar que la crisis del Estado derivó en una devaluación de los cuadros técnicos de la Administración: las restricciones a los ingresos normales por concurso, las masivas incorporaciones a planta permanente de personal temporario poco calificado, los retiros previsionales de los cuadros profesionales y algunas desvinculaciones fueron las razones centrales.

Muchos funcionarios políticos se formaron técnicamente, y actualmente se da una situación paradójica: como políticos, es innegable su influencia sobre la Administración en su conjunto. Como técnicos, son producto de una fuerte inversión del Estado en ellos, mayor a la que suele realizarse en los profesionales de planta. El crecimiento técnico del equipo de Hacienda y Rentas es muestra evidente.

Lamentablemente estos casos no son mayoría en el Estado provincial. Hay ejemplos de funcionarios que no han aportado para el mejoramiento del Estado o de sus fines, es decir, para un mejor servicio a los contribuyentes. Esto, cuando no constituyen un vergonzoso error político.

Este relevamiento no incluye a quienes continúan en el Estado por un cargo electivo provincial o municipal. Esto responde a una elección de la ciudadanía, que -en todo caso- merece un análisis especial.

La Constitución señala que la idoneidad y la eficiencia son condiciones para el ingreso y permanencia de los empleados públicos. Si bien no obliga para la designación de los funcionarios públicos, se afirma a nivel doctrinario que igual requisito debe regir para quienes son designados por el poder discrecional de quien ocupa un cargo electivo o una función delegada por éste.

Este criterio llega incluso a que la «idoneidad moral» haya sido invocada recientemente -en forma por cierto discutible- para evitar el ingreso al Parlamento de un dirigente elegido por el voto popular.

Y el tema es inseparable de una aseveración: la periodicidad de los mandatos es uno de los requisitos esenciales para la organización de una república, y esto implica no sólo a los cargos electivos. La permanencia durante muchos años en una misma función tiende a confundir la función con una propiedad personal, acentúa las rutinas y tiende a relajar los controles.

En definitiva, muchos de los que -beneficiados por la sucesión de gobiernos radicales- ocupan desde hace diez, quince o más de 20 años un cargo en el Estado no pueden invocar ser irreemplazables. Ni tampoco ser los mejores. Sólo quedan.


El Poder Ejecutivo rionegrino registra algo más de 320 funcionarios. Muchos de ellos labraron o consolidaron su formación técnica y profesional en funciones estatales a las que llegaron por su original pertenencia política.

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