Impresiones de una ciudad museo

ESTAMBUL (especial).- Se sacudió la solapa y entró en su terreno, manso. Hizo señas a Hamed, el empleado que dormitaba del otro lado del mostrador, para que sacara de una vez por todas las mesas a la vereda. Eran las nueve y el cielo ya había despertado, y con él, todos los hombres que por allí pasaban, reclamando un café fuerte para arrancar la mañana…

Los hombres de Estambul, los turcos, saben de dónde vienen. Cargan en sus zapatos gastados, tiempos de guerras, de reinados diferentes, de dependencias e independencias. Ellos mismos cuentan historias fantásticas, de barcos y piratas, de decapitados, de tesoros que aún yacen bajo los locales del «Gran Bazar».

En los cafés, mientras fuman su narguile (las pipas de agua), hacen negocios: venden y compran autos; se ofrecen lotes de alfombras traídas desde Ankara; fardos de ropa de segunda mano, que llegan desde algún país asiático; especias de la India; oro de Egipto. Revuelven el té con aroma a rosas y a manzana, y llaman al muchacho para que les cambie las brazas del narguile. Para los que prefieren fumar opio, la conversación puede llevar toda la tarde. Se quedan allí durante horas, viendo pasar por la ronda, las caras de diferentes amigos.

Estambul es indiscutiblemente enigmática. Su desarrollo tiene que ver con la privilegiada situación geográfica que tiene: se encuentra en la coincidencia del paralelo 48 y del meridiano 28 y es la única ciudad en el mundo que esta ubicada entre dos continentes. Se divide en tres partes: en la europea, la península histórica situada al sur del Cuerno de Oro, el barrio de Galata al norte y la ciudad nueva, situada en la parte asiática. En lo que sería Europa, residen las oficinas y los centros comerciales, mientras que en la parte asiática se encuentran las zonas residenciales.

Estambul esta situada a lo largo del estrecho del Bósforo, que une el mar de Mármara y el mar Negro y que separa la parte asiática de la europea. Además, un pequeño río estrecho de unos siete kilómetros de largo llamado Cuerno de Oro, es el que divide en dos partes el sector europeo de la ciudad.

Por estar ubicada estratégicamente entre ambos continentes, la ciudad tuvo a lo largo de la historia una gran importancia geopolítica y sufrió en más de una ocasión el dominio de otros estados que querían ejercer su influencia. Hoy en día, Estambul, esta considerada entre las grandes ciudades del mundo, tanto por su desarrollo comercial como político. Es el centro para numerosas repúblicas ex-soviéticas, los países balcánicos y los de Medio Oriente.

Cuentan los historiadores que al principio de su fundación, la ciudad fue conocida como Bizancio, en honor a su fundador, después de varios monumentos importantes construidos durante el reinado del emperador Constantino el Grande, la ciudad pasó a llamarse Constantinopla: la ciudad de Constantino.

Tras la conquista por parte de los otomanos, se convirtió en Estambul, llegando a ser una de las ciudades más grandes y pobladas de Europa. Comprende un área de 7500 Km2, con una longitud aproximada de150 kilómetros por 50 de ancho.

El último censo realizado daba cuenta que la población de la ciudad asciende a unos 99 millones de personas.

Se estima que esta población aumenta cada año aproximadamente en unas 500.000 personas debido a la inmigración de familias enteras procedentes de las zonas rurales de Turquía. En la ciudad se crean al año casi 1.000 calles, apareciendo constantemente nuevas zonas urbanísticas. La población de Estambul aumenta aproximadamente un 5% cada año y sus habitantes se duplican cada doce años. Una de cada cinco personas que viven en Turquía, una habita en Estambul.

El millón y medio de turistas que visitan al año la ciudad quedan maravillados con este lugar que se despertó tarde en cuanto a la explotación de sus bellezas naturales e históricas, si se lo compara con el resto de los países del Mediterráneo.

A partir de 1980, Turquía comenzó a desarrollar su turismo de manera vertiginosa. El millón y medio de turistas que arriban por año, dejan unos 300 millones de dólares. Existen cerca de un millón de camas para recibir esta avalancha, en su mayoría, de asiáticos y europeos.

El turismo representa el 26 % de la recaudación anual del país; una de las tasas más elevadas del mundo en lo que se refiere a materia turística. Según la Turob, la Asociación Hotelera Turca, el turismo genera unos 500.000 empleos directos y unos diez millones de empleos indirectos.

Los palacios – museos, una constante

El Museo Arqueológico de Estambul, junto con el del Antiguo Oriente, el Cinili KösK o Kiosko de Azulejos, forman el complejo de museos con que cuenta la ciudad. El museo del Antiguo Oriente posee una importante colección de antigüedades traídas de Anatolia, de Egipto, de Mesopotamia y de Oriente Próximo.

El Cinili Kösk, uno de los edificios más antiguos y originales del Palacio de Topkapi, fue construido por el sultán Mehmet II en 1466, época otomana, como un lugar de diversiones. Por una cuestión de necesidad, en demanda de la cantidad de sarcófagos, monumentos funerarios hallados en la antigua Sidon, en Siria y Sidamara, en la región de Konia, y muchos otros restos arqueológicos que llegaban a Estambul, es que en 1967 se convirtió en el Museo de Azulejos y Cerámica Turca e Islámica.

Según narran las páginas de «Estambul, cuna de civilizaciones», publicación de la editorial turca, Revak, el museo actual fue construido en 1891 por el arquitecto Alexandre Valuary por encargo de Hamdi Bey, primer arqueólogo turco. En 1991, los edificios anexos empezaron a ser también utilizados. La mayoría de las piezas que contiene la exposición son de la época griega y romana. Junto con los sarcófagos expuestos en el jardín y en el interior del museo, también se pueden apreciar numerosas estatuas y relieves. Algo para no perderse: existen mas de 500.000 monedas antiguas de la época griega, romana, bizantina e islámica.

A parte de todo esto, se pueden encontrar piezas que tenían que ver con la vida cotidiana de los habitantes en los siglos pasados, tales como lámparas de aceite, bustos, alhajas y objetos traídos a Estambul procedentes de los países que pertenecían al Imperio Otomano. Todo esta prolijamente expuesto por orden cronológico y temático. La abundancia y la variedad de los objetos, sumada la calidad museográfica del ala moderna, contribuyen a hacer de este espacio para el arte de Oriente, uno de los más interesantes del mundo.

Otro de los museos que no deben faltar en el recorrido de la ciudad, es el de Kariye, también llamado Iglesia de Chora. Sus mosaicos son ricos en sus temas variados, en sus colores y en la cantidad de detalles que poseen. Para muchas personas, son los preferidos entre los que poseen otras iglesias bizantinas. Sus escenas están tomadas de la Biblia, y otros temas, como el nacimiento y la infancia de la Virgen María, fueron extraídos de los Evangelios. La razón principal de representar escenas bíblicas en frescos y mosaicos era para que el público analfabeto y los que no podían tener la Biblia, pudieran tener un conocimiento cercano sobre Jesús y su familia. Los guijarros de varios colores que fueron encontrados a orillas del mar de Mármara se emplearon en estos mosaicos que contienen escenas vivas, realistas y dinámicas. Las personas importantes están representadas de frente, mientras que las otras se las puede ver de perfil.

Un tercer museo para no perderse es el del Palacio de Dolmabahçe, que comenzó a ser construido en 1843 y finalizado en 1856, por órdenes del sultán Abdülmecit I, quien vivió allí a lo largo de quince años.

Luego de la proclamación de la República Turca, el palacio fue asignado al servicio de su presidente, Mustafá Atatürk, quien aún, sesenta y dos años después de su muerte, sigue estando presente en el pueblo, por haber liberado a su país de la dependencia económica y social en la que había estado desde siempre. El palacio fue restaurado íntegramente, e inaugurado como museo, tras la muerte de Atatürk, el 10 de noviembre de 1938.

Según narra el guía del lugar, el palacio se construyó imitando el estilo de los palacios de Buckingham, en Londres y del Louvre de París, para parecer más europeos a los embajadores extranjeros y a los invitados que llegaban de visita. Es de un estilo llamado «renacentista otomano». Los mármoles utilizados en su construcción fueron traídos del mar de Mármara, el alabastro es de Egipto, las columnas de pórfido proceden de la antigua ciudad de Pérgamo.

Como decoración en los pasillos y en los techos, hay pinturas de artistas italianos y franceses. Varios cuadros del pintor ruso Ayvazowsky, se suman a la riqueza pictórica del palacio.

Se dice que se emplearon catorce toneladas de oro y cuarenta toneladas de plata para su decoración interior. Los muebles fueron traídos especialmente de París; los jarrones de Sevres; la tapicería de seda de Hereke y Lyon; los cristales de Baccarat y Bohemia; los candelabros de Inglaterra.

Las 130 alfombras grandes y las 99 pequeñas, casi todas de seda, le dan aún más valor, ya que fueron tejidas en las fábricas imperiales de Hereke. Las alfombras suman unos 4.500 m2.

Oscar Sarhan


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