Incidentes por los 5 años de cárcel a Hermosilla
Familiares de las víctimas reaccionaron indignados.
Gabriel Oyarzo
JUICIO POR LAS MUERTES DE BELéN Y FRANCO
NEUQUÉN (AN)- Con un fallo que generó incidentes en el edificio de tribunales, la Justicia condenó ayer a cinco años de prisión a Juan Hermosilla Soto, el hombre que atropelló y mató a dos adolescentes el 21 de setiembre de 2008. Le aplicaron el máximo de la pena prevista para el delito de “doble homicidio culposo agravado” ya que conducía alcoholizado y con exceso de velocidad.
El monto de la pena está muy lejos de los 25 años de cárcel que esperaban los padres, familiares y amigos de las víctimas. Por eso repudiaron la sentencia, primero con gritos y empujones dentro de la sala de audiencias, y luego arrojando piedras desde la calle, destrozando casi todos los vidrios del primer piso del edificio.
“Hermosilla, nos cagaste la vida”, gritó Victoria, la mamá de Franco Castro (16). Su marido sufrió una descompensación y debió recibir atención médica. Lo mismo le sucedió a Sonia, la madre de Belén Araya (19), la otra víctima (ver aparte).
La lectura de la sentencia fue interrumpida para desalojar la sala. Hermosilla Soto, quien no asistió a la audiencia, está preso desde el día del hecho y debería cumplir dos años más para obtener la libertad condicional.
El fallo es unánime, y en buena parte de sus 29 carillas los jueces Alejandro Cabral, Luis Fernández y Mario Rodríguez Gómez critican con dureza el desempeño de la fiscalía y de la querella.
Sobre el fiscal Pablo Vignaroli dice que “erró su estrategia y demostró la falta de solidez de su posición”. A los cuatro abogados de la querella (Roberto Berenguer, Javier Ottaviano, Juan Kohon y Martín Marcovesky) les reprocha que los 25 años de pena que pidieron para Hermosilla Soto “agravian el sentido común” y “alimentan expectativas en las víctimas que no se compadecen con la teoría de la pena” (ver aparte).
Los cuatro abogados estaban escuchando en la sala. Cuando comenzaron los incidentes protagonizados por sus representados no hicieron ni un mínimo gesto para contenerlos. Después declararon a la prensa que el fallo era “agraviante” y que apelarán ante el Tribunal Superior de Justicia.
Los familiares comenzaron a prever que el fallo no tendría el resultado que esperaban al promediar la lectura, cuando se supo que los jueces no consideraban probado el doble homicidio con dolo eventual. Se desvanecían así sus expectativas de la aplicación de una alta pena. El estallido llegó cuando escucharon que la condena para el imputado sumaba cinco años.
En la reducida sala de audiencias se produjeron los primeros incidentes, y algunos arrojaron objetos contra los magistrados.
Como pudieron, los policías y los penitenciarios encargados de la seguridad desalojaron el edificio judicial que una vez más demostró lo incómodo que resulta para una rápida evacuación.
Casi al mismo tiempo empezaron a entrar piedras y baldosas por las ventanas que arrojaban familiares y amigos de las víctimas desde la calle Yrigoyen. Impactaron contra las oficinas ubicadas en el entre piso y en el primer piso.
A las órdenes de los comisarios inspectores Nicolás Nievas y Libio Alveal, los policías intentaron llevar calma mientras en la esquina de Yrigoyen y Juan B. Justo se apostaron efectivos de la Policía Metropolitana cuya intervención no fue necesaria.
Los incidentes duraron varios minutos hasta que los indignados manifestantes se fueron retirando, agotados y llenos de dolor.
El juicio había terminado y empezaba un debate que tardará mucho tiempo en cerrarse.
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