Independiente alimenta su ilusión copera

El equipo de Pastoriza se impuso con justicia pero sin jugar bien. Quinteros, de penal y de rebote, marcó los goles.





Es cierto, no brilló como contra Cienciano, pero sirvió para alimentar la ilusión que genera su gran amor, la Copa. Independiente derrotó a El Nacional 2 a 0 y marcha primero en el grupo 5 de la Libertadores.

El local tuvo ilusión en el inicio, porque volvió a arrancar encendido Damián Manso, con todo lo que ello implica. Da la sensación de que si el diminuto volante surgido en Newell's logra hacer prevalecer su habilidad en los primeros minutos, su equipo podrá generar algún peligro.

Pero la llama de Manso se fue apagando, o, mejor dicho, no iluminó como lo había hecho ante Cienciano quince días antes. Para colmo, sus secuaces -Giménez, GArcía, Hugo Morales- no supieron acompañarlo, lo que derivó que no sólo Independiente no pudiera generarle peligro a El Nacional, que lograba controlarlo, sino que el partido sufriera largos períodos de chatura, dominado por el juego intenso pero rudo, casi nunca bien jugado y al borde la agresión. Era, al cabo, un partido bien copero, pero sin la cuota de pasión y mística que había tenido el debut del gran campeón de la Libertadores.

El equipo visitante apelaba con demasiada asiduidad a la infracción -cuatro amonestados en 35 minutos- y a tratar de conectar alguna llegada con pelota parada. En una de ellas, Navarro Montoya protagonizó, tal vez, una de las mejores atajadas que se vieron en los últimos tiempos, un cabezazo de pique al suelo cuyo destino de red parecía inexorable. El veterano arquero se arqueó y estiró en el aire para desviar la pelota al corner.

Ya en el segundo, el atrevido Losada le dio a Independiente otro ímpetu. A los cuatro minutos, una jugada suya por la derecha derivó en un penal, leve pero penal al fin, que Quinteros, fuerte y de derecha, convirtió en gol.

Avellaneda, como era de esperar, estalló de alegría. In

dependiente estaba en ventaja e iba por más. Para colmo, los ecuatorianos, de un plomazo, de quedaron con dos jugadores menos tras la expulsión de su arquero Ibarra, por protestar, y de Guagua por doble amonestación, luego de un foul al juvenil y escurridizo Lozada. Pero el equipo local, en lugar de hacerse más fuerte, no pudo doblegar a su rival. El Nacional, en cambio, reflotó con mucho amor propio, con gran despliegue e incluso llegando a provocar algún revolcón de Navarro Montoya.

El partido volvió a caer en largos espacios de juego ordinario, sin brillo ni emociones. El visitante apelaba a su amor propio y el local tocaba y tocaba, pero no podía generar llegadas claras.

Ya cuando el encuentro se apagaba, otro penal cobrado por el controvertido Torres -muy rápido para sacar tarjetas- terminó con Quinteros otra vez gritando.

Independiente marcha primero en su grupo y sigue invicto en su Copa. Ayer no evocó al gran equipo de antaño, pero ganó y alimenta la ilusión de su torneo más entrañable. (AR)

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