Influencias de gremios y acreedores



Llegó otra moldura gremial al Estado rionegrino. Se erigió la influencia de ATE y finiquitó el pleno dominio de UPCN, a través de Juan Scalesi.

Habrá –según la ley– injerencia equitativa. Pero Weretilneck ya traspasó el predominio en favor de Rodolfo Aguiar, hace varias semanas.

Pocos antecedentes deben existir de tal mutación. El miércoles, ATE fue partícipe único de la sesión legislativa donde unánimemente se concretó su ingreso al influjo estatal, alentada por Weretilneck. Un año atrás, Aguiar y los suyos estaban afuera del edificio, protestando contra el plan Castello, que derivó en violencia y el gobernador replicó con denuncia y ascendencia judicial para la detención de sus dirigentes.

¿Qué ocurrió para semejante evolución? Weretilneck detectó la quietud en la base de UPCN mientras ATE lo laceraba con sus activos conflictos. Se planteó neutralizarlo con inclusión, y para eso habilitó al secretario de Trabajo, Lucas Picas. Hubo avances y, como siempre, el cierre lo acaparó el gobernador. Allí se generó la cumbre reservada de febrero en Roca entre Weretilneck y Aguiar, éste con igual necesidad de nuevos tiempos. Transformó y expandió a ATE, con acciones confrontativas –en instancias, violentas– y un pertinaz método comunicacional. Pero el conflicto fatigaba al gremio y, en lo personal, acumulaba una veintena de causas –provinciales y nacionales– por protestas.

Esas aflicciones mutuas mudaron ese informal encuentro en fundacional. Quedó delineado el trayecto de los meses posteriores, desde el acuerdo salarial a la integración en la Función Pública y otras áreas. El resto fue monitoreo, revisión y confirmación.

Scalesi colaboró en esa renovación, con un diseño gremial vetusto y sin facilitar ninguna apertura estatal. Weretilneck tampoco se la propuso y, al final, se la impuso. No lo quería afuera, pero su plan tuvo un desajuste cuando el líder upeceísta, único actor sindical en el Estado por dos décadas, ya no toleró el desplante y recurrió a la fórmula letal para dinamitar cualquier relación con el gobernador: críticas personales y favorable evocación de Martín Soria. Después de eso el gremialista no tuvo respuestas, y cuando las hubo sus textos eran lapidarios.

El gremialista no entiende qué ocurrió y especula con que fue víctima de una “trampa”. Promete secretos de poder y denuncias por retención de fondos, a pesar de que –por ahora– los golpes sólo partieron de las trincheras oficiales. La filtración documental de la jubilación y doble percepción de Scalesi fue la última muestra. Un simbolismo de cómo se lo pretende jubilar en su andar sindical.

El engendrado marco gremial genera incógnitas. Weretilneck no es Verani, que dispuso de ocho años para edificar su ligazón con UPCN mientras al cipoleño le queda año y medio. Tampoco Aguiar es Scalesi. Aquel ya quiere migrar al campo nacional. Igual, es innegable que surgió una correspondencia política y personal entre el gobernador y el líder de ATE. Llamativamente, el control hoy está en el gremio, otrora combativo, y Weretilneck atentó a su reciprocidad. La primera prueba estará en la rediscusión salarial.

Otro país habrá en septiembre. El impacto de la devaluación no es menor en Río Negro, a pesar del público desdeño oficial. En semejante volatilidad se postergará –como mínimo– la segunda emisión del Castello, y se encarecerá aquella financiación todavía necesaria para el déficit anual. El vestigio estadounidense llegó a la humanidad rionegrina. Un dólar próximo a los 24 pesos pone a la participación de las obligaciones en esa moneda en la mitad de la deuda total. Gran debilidad en este contexto. El oficialismo reacciona con la buena relación de los pasivos con los ingresos. También es cierto que pasó del 31% del 2015 al doble en el presente. Otro fundamento incompleto: el alza del dólar favorece por las regalías por cobrar. Esa partida es ínfima –un 8%– en los ingresos.

Siempre es más simple construir la propia realidad y sobrevivir en ese confort.

Weretilneck y Aguiar alcanzaron la cúspide del acuerdo, con ATE integrado al Estado. Su fortaleza se pondrá a prueba con la rediscusión salarial.

La devaluación –aún el desdén oficial– engrosó la deuda rionegrina, cuya mitad ya es en dólares y transmite un riesgo especial.


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Weretilneck y Aguiar alcanzaron la cúspide del acuerdo, con ATE integrado al Estado. Su fortaleza se pondrá a prueba con la rediscusión salarial.

La devaluación –aún el desdén oficial– engrosó la deuda rionegrina, cuya mitad ya es en dólares y transmite un riesgo especial.



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