Ingrid anda con sus “heridas aún por sanar”

Dos años después de su liberación, Betancourt confiesa que le sigue abrumando el dolor de haber pasado seis años en la selva secuestrada por las FARC. Por Colombia, “amor pasional”.

La ayuda de un psicólogo y la escritura permiten a Ingrid “reconstruirse como la persona que siempre fui”, dijo ayer en Colombia.

BOGOTÁ (AFP).- Fue su segunda visita relámpago a Colombia. Unas horas en la embajada de Francia. Una ceremonia en homenaje a los “héroes” que la rescataron. Entre sus compromisos, Ingrid Betancourt confiesa que aún la abruma el dolor de pasar seis años en la selva, secuestrada por las FARC. “Siempre tengo la impresión de sentirme bien, de que estoy tranquila, feliz y de repente hablo de algo y vuelve una ola de tristeza y de angustia y me vienen las lágrimas”, declara en una entrevista con AFP, pocas horas tras su llegada a Bogotá, para participar en un acto conmemorativo de los dos años de su rescate junto con otros 14 rehenes, en la operación militar Jaque. Desde hace un año, sus apariciones en los medios se han enrarecido. Y por ahora descarta volver a la vida pública, aunque conoce bien al próximo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos: no sólo el político dio la luz verde a la operación Jaque como ministro de Defensa, sino que la escogió como colaboradora tiempo atrás, cuando era ministro de Comercio exterior, a principios de los años 1990. Ingrid Betancourt quiere dedicarse a la “vida de familia” y a su “reconstrucción”, apoyándose también en un psicólogo y en la escritura. “Aún no consigo dominar mis emociones…. aún no he recuperado totalmente el control de mí misma como querría. Sé que me tengo que dejar tiempo para ser fuerte”, confiesa la ex candidata a la presidencial colombiana, secuestrada en plena campaña, en febrero de 2002 por la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Desde su liberación el 2 de julio de 2008, Ingrid Betancourt ha sido alabada e incluso propuesta para el premio Nobel de la Paz, antes de ser objeto de críticas, por antiguos compañeros de cautiverio o su ex marido, que en sus libros describieron una mujer a ratos “egoísta” o fría. Pero la franco-colombiana, que también contara su verdad en un libro publicado en septiembre en Francia por la editorial Gallimard, asegura que mantiene “la distancia”. “Creo que hay que tener mucha humildad. Uno tiene que saber que la gente le puede poner a uno muy arriba… pero uno sigue siendo lo que uno es. Uno no puede vivir en función de todo eso, uno tiene que tener la tranquilidad de saber lo que uno es y saber que uno tiene que mejorar”, admite. Betancourt expuso claramente sus reglas antes de la entrevista: no hablaría de su vida privada sino de los rehenes que aún permanecen secuestrados, que espera ayudar a través de su libro y de una película en preparación. Con parte de los derechos –millonarios según la prensa colombiana– asegura que su fundación tratará entre otras cosas de ayudar a sus familias y a sus hijos a seguir con sus vidas y a estudiar. ¿Pero dónde vive? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa?: Betancourt no contesta. Aunque si acepta hablar extensamente de sus hijos Melanie y Lorenzo que, según un periódico francés, viven respectivamente en Nueva York y en París. “Es un maravilloso espectáculo ver lo que son hoy. Eso es todo. Es el pilar, es lo que me da seguridad. Pienso: ya hago parte de algo… porque a veces uno tiene la sensación de no ser nada y yo me reconstruyo con todo esto”, asegura. Ingrid Betancourt dice que aún tiene muchas “cicatrices” y “heridas” por sanar y volver a vivir en Colombia es un sueño lejano. “Mi relación con Colombia es pasional. Sueño con volver pero lo haré cuando me sienta libre de muchos sentimientos que todavía me agobian”, concluye evitando polémicas con otras ex rehenes. “La vida es muy dura, a veces”, admite.


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