Internos de la alcaidía de Viedma, solidarios con una escuela especial



Los chicos de la escuela especial recibieron los elementos hechos por los internos.

VIEDMA (AV).- El encierro tomó una profunda bocanada de oxígeno. A pesar de las limitaciones en elementos y la precariedad de funcionamiento los internos de la alcaidía de Viedma que cursan el primario en el penal apostaron a la solidaridad y trabajaron por la educación de los alumnos de la escuela especial 22 que también están bastante lejos de la comodidad y los materiales necesarios. Además ambos, con libertad y sin ella, sufren la dolorosa mirada que implica la discriminación de la sociedad.

Los internos les entregaron material didáctico en el acto de cierre del proyecto “Construyendo Redes” que se cerró ayer. Todo el material fue construido por los internos que concurren a la primaria. El proyecto surgió de la escuela especial 22 ante la necesidad de la utilización de material didáctico que no poseían. Sólo bastó el planteo y la respuesta fue el trabajo compartido.

La docente de la primaria 6 de la Alcaidía, Mónica Pamer, destacó que tanto con los internos como con los chicos de la especial se trabaja en el mismo tema de la revalorización de la persona. “La discriminación es común en ambos ámbitos y a través del trabajo con valores se logran cosas como éstas”, dijo.

Admitió que los resultados no son los mismos en todos los alumnos por ser una matrícula que fluctúa constantemente “pero se rescatan cosas como en este caso que los pabellones trabajen en forma conjunta, situación que antes no era posible por razones vinculadas a códigos muy fuertes”.

Treinta internos empezaron la primaria, algunos se fueron en libertad y otros fueron trasladados a la nueva cárcel. Hoy suman 16 entre los tres pabellones, un porcentaje muy alto de internos que no han completado la primaria si se tiene en cuenta que la Alcaidía tiene una capacidad para unas 50 personas. El año pasado egresaron seis alumnos y este año se espera superar esa cantidad. Mónica Pamer es la docente que atiende esta única sección en la que algunos alumnos recién se encuentran en la etapa presilábica. Tienen entre 19 y 43 años, pero la mayoría son jóvenes.

Claudio es uno de ellos. Tiene 28 años y una condena de siete por cumplir. En el acto de ayer pidió a la sociedad que no discrimine al que sale en libertad “porque muchas veces por esa razón se repiten los errores y se vuelve a la cárcel. Queremos tener un trabajo digno como cualquier ser humano. La educación aquí adentro es la base principal porque te ayuda a mirar otras cosas y tratar de modificar lo que produce el encierro”.


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