Irak: ¿un 2009 de grandes cambios?



En Irak, la situación política y militar puede cambiar significativamente el año próximo. Para finales de enero están programadas elecciones provinciales. Antes de fines de junio deberán haberse retirado las tropas estadounidenses de todas las ciudades y pueblos iraquíes. Un mes después, los ciudadanos serán convocados nuevamente a acudir a las urnas para que decidan, en referéndum, si las tropas norteamericanas efectivamente deben permanecer en el país hasta finales del 2011, tal como prevé el acuerdo sobre la futura presencia militar de Estados Unidos en Irak, que fue aprobado en noviembre.

Es cierto que prácticamente no pasa ninguna semana sin que en algún lugar de Irak se haga volar por los aires un terrorista suicida. No obstante, en algunas regiones del país la situación se ha ido apaciguando hasta tal punto, gracias a la ofensiva de seguridad iniciada a principios del 2007, que los iraquíes, cuando se reúnen en familia durante la tarde, hablan más del mal servicio de suministro de electricidad y de la corrupción en las instituciones públicas que del terrorismo y las milicias.

“Creo que el próximo año la cuestión de la seguridad no va a ser una de las prioridades del gobierno, sino que éste dedicará su atención sobre todo a la mejora de los servicios estatales, a la reconstrucción y a determinar cuáles son las inversiones que se necesitan”, dice el diputado Abbas al Bayati, miembro de la alianza chiíta del primer ministro Nuri al Maliki.

Sin embargo, no todos los observadores políticos comparten el optimismo que en Bagdad difunden sobre todo los partidos chiítas Dawa y el Consejo Superior de la Revolución Islámica, así como los dos grandes partidos kurdos. Y es que en las provincias de Diyala, Nínive, Tamim y Salaheddin, situadas al norte de Bagdad y adonde huyeron los terroristas de Al Qaeda después de haber sido expulsados de la capital, la situación sigue siendo difícil.

Diyala se hizo tristemente célebre este año, porque en ninguna otra región del mundo los grupos terroristas reclutan a tantas mujeres para que lleven a cabo atentados suicidas. De Mosul, la capital de la provincia de Nínive, huyeron hace pocos meses más de 1.000 familias cristianas, después de que varios clérigos y otros cristianos fueran asesinados por extremistas.

Además, es perfectamente posible que el movimiento que dirige el predicador radical chiíta Muqtada al Sader lleve a la práctica en el 2009 su amenaza de reanudar la lucha armada contra “los ocupantes estadounidenses”. Sin embargo, es posible que sus seguidores, que fracasaron con su oposición al acuerdo sobre la futura presencia militar de Estados Unidos en Irak, esperen hasta después de las elecciones provinciales para alzarse en armas nuevamente.

En las tres provincias autónomas kurdas del norte de Irak, que en los últimos años ya se han ido alejando mucho del gobierno central en el plano político y administrativo, no habrá elecciones a finales de enero.

En Ebril, la capital de la región autónoma, los tiempos son bien diferentes de los de Bagdad. Apenas hay atentados terroristas. Se están buscando nuevos yacimientos petrolíferos en ese territorio kurdo y, en opinión de los iraquíes, ni siquiera la breve ofensiva terrestre del Ejército turco contra los combatientes del partido radical kurdo PKK en febrero pasado causó grandes daños. En julio, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, incluso se convirtió en el primer jefe de gobierno turco en visitar a Irak en 18 años.

Aun nadie sabe cuándo se elegirá una nueva asamblea provincial en Tamim, que la mayoría de los iraquíes llama Kirkuk, que es también el nombre de la capital de la provincia. Desde hace varios años, esta zona, donde kurdos, árabes y turcomanos luchan entre ellos para conquistar poder e influencia, es un polvorín.

Los partidos kurdos exigen un referéndum en el que los habitantes de Kirkuk y de algunas otras localidades “en disputa” decidan si quieren formar parte de la región autónoma kurda. Los árabes y los turcomanos se oponen con todas sus fuerzas a que se celebre tal plebiscito.

Sin embargo, hay otros dos factores importantes que determinarán la evolución de los acontecimientos en Irak el año próximo: el precio del petróleo y un posible cambio de estrategia tras la asunción del presidente Barack Obama.

Y es que el gobierno iraquí ya se vio obligado a revisar sus planes presupuestarios para el 2009 después de que el precio del petróleo cayera en pocas semanas de 147 dólares el barril (159 litros), a unos 47 dólares.

Lo que Obama y su equipo decidan hacer con los aproximadamente 150.000 soldados estadounidenses que están desplegados en la actualidad en Irak es igual de decisivo para el futuro de la población del país mesopotámico. Ello es así, porque aún no se puede dar una respuesta definitiva a la pregunta de si va a haber una guerra civil cuando las tropas de combate extranjeras hayan abandonado el país, a pesar de que han disminuido los atentados terroristas de Al Qaeda y el terrorismo de las milicias.

 

ANNE-BEATRICE CLASMANN

DPA

ANNE-BEATRICE CLASMANN


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