"Jamás pensé encontrar tantas balsas, tanta gente"

El emotivo relato del capitán del buque Magritte. Ayudó a rescatar a los náufragos del buque "Irízar".



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Pablo Linaro tiene 37 años, 20 de ellos navegando. El es capitán del buque que participó en el complicado rescate de los náufragos del buque Irízar, en la madrugada del miércoles.

SAN ANTONIO OESTE (ASA)- Como después de cada "marea" los pescadores del buque Magritte recorren las calles de la ciudad, completan trámites, charlan con amigos y realizan todo aquello que deben hacer en las pocas horas que tienen en tierra, antes de volver a zarpar hacia algún punto lejano del mar Argentino. Pero esta vez todos tienen una historia inolvidable que contar. Arribaron al puerto del Este ayer con las primeras luces del día y hoy por la tarde volverán a partir.

"Río Negro" habló ayer con el capitán de pesca del Magritte, quien es de hecho una de las máximas autoridades a bordo del buque. Pablo Linaro tiene 37 años, 20 de ellos navegando. Pero nunca vivió una experiencia ni siquiera parecida a la que le tocó enfrentar desde el pasado martes por la noche hasta el jueves a la madrugada. Haber asistido a 128 pasajeros del emblemático rompehielos "Almirante Irízar" será una anécdota imposible de borrar de su memoria.

"Habíamos terminado nuestra faena de pesca y regresábamos a San Antonio cuando Lima Tres Alfa, la prefectura de Comodoro, nos avisa que el Irízar necesitaba ayuda porque había fuego a bordo", cuenta. Todos conocían la importancia del barco que estaba en emergencia, pero nadie se imaginó que el problema podía ser lo serio que fue. "Fuimos en realidad para hacer como buque de apoyo por si necesitaban algo, esperando que hubiera en el lugar buques de la Armada o algo de eso, pero no que habían abandonado el barco y que teníamos que recogerlos", relata.

El capitán de pesca explica cronológicamente los pasos dados, informa la velocidad a la que navegaban, la intensidad del viento y otros datos. Así va reconstruyendo aquellas primeras sensaciones. "En un momento el petrolero nos informa que había casi 250 personas a bordo y que habían evacuado a todos en balsas. Nunca me lo hubiera imaginado: uno sabe que puede ocurrir que tengamos que asistir a algún colega, algún pesquero con 20 personas, pero jamás se me cruzó tener que encontrarme con todas esas balsas y tanta cantidad de gente", recuerda.

Sin olvidar un mínimo detalle va hilando una historia increíble de supervivencia y solidaridad en el mar. Cuenta cómo se van acercando a cada una de las 6 o 7 balsas que se encontraron en su camino y cómo subieron a los 128 tripulantes del Irízar que iban en ellas. Otros habían sido rescatados por el petrolero panameño y por el pesquero marplatense Don Cayetano.

"Si no hubieran sido tan organizados tal vez podría haber habido algún pérdida, pero desde cada balsa fueron subiendo sin prisa pero sin pausa".

Hubo momentos de mucha tensión. Por caso cuando, el comandante Losada, que se había quedado casi hasta último momento con el capitán Tarapow en el Irízar intentó trepar pero su balsa se había alejado un poco de la escala de gato y decidió hacerlo a través de un red que los pescadores, con buen tino, habían colocado sobre la banda para esos efectos. "Pero al saltar se ve que se impulsó en su balsa, que se corrió y cayó muy abajo con la cintura en el agua helada y las manos tomando la red", recuerda Linaro.

Fue un instante. Un segundo que requería decisión y firmeza. Marcelo "Chelo" Navarrete, integrante de una conocida familia pescadora de San Antonio y Miguel Vera un marinero uruguayo, saltaron a la red, bajaron como gatos y lo tomaron de los brazos. "Le pasaron un cabo alrededor y lo trepamos. Si se hubiera zafado se lo llevaba el mar. Los muchachos tuvieron la decisión y la valentía para rescatarlo a tiempo", relata el capitán del pesquero.

Intenta escribir algunas líneas en una notebook para dejar registrados sus recuerdos de estas casi 30 horas inolvidables. Durante la travesía los 128 tripulantes se acomodaron en cada resquicio del Magritte para intentar descansar. "Había gente en todos lados, en los pañoles, hasta en la caseta del guinche, en el puente, en los pasillos. El buque es apenas cómodo para nosotros 20 y éramos 140", afirma. "La llegada a Madryn fue emocionante. Además antes de bajar todos se formaron y nos saludaron con signos de agradecimiento. Es inolvidable", finaliza.


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