John Roberts, un hombre de Bush al frente de la Casa Blanca



La decisión fue forzada en parte por las circunstancias, pero de todas formas puede ser considerada una de las más inteligentes del presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

En el medio de una catástrofe natural de enormes proporciones y duras críticas a la lenta reacción de Washington, al mandatario se le presenta la oportunidad de fijar la dirección futura de la Corte Suprema de su país y, con ella, las decisiones a largo plazo en muchas cuestiones sociales de importancia. Presionado, con poco tiempo para decidir, Bush no dudó mucho en elegir al sucesor del presidente del alto tribunal William Rehnquist, quien falleció el pasado sábado a los 80 años.

El nominado es John Roberts, un hombre tan conservador como desea Bush y que a la vez casi no puede tener resistencias de la oposición liberal. Precisamente los liberales evaluaron a conciencia a Roberts hace poco y lo habían considerado, si bien no bueno, sí aceptable. Algo que ahora es difícil de cambiar.

Una jugada muy hábil, como incluso reconocieron hoy los demócratas. Además, Bush podrá nombrar a un nuevo candidato a la Corte Suprema en reemplazo de la renunciante Sandra Day O'Connor, en un puesto para el que Roberts había sido inicialmente nominado. Se trata de un escenario de ensueño para el mandatario y le ofrece la posibilidad de influir en el tribunal durante décadas.

Los jueces de la Corte Suprema son elegidos de por vida y a sus 50 años Roberts va a ser prácticamente un joven entre sus pares. Así, en paralelo a la gran crisis actual desatada por el huracán “Ka

trina”, Bush puede esperar que su conservadurismo se refleje en decisiones judiciales hasta que sea muy, muy viejo. “Con todo el respeto que merece, la muerte de William Rehnquist es un regalo del cielo para Bush”, señaló un experto judicial de la emisora NPR. Pero puede ser que el puesto de la mode

rada O'Connor tenga mayor importancia en cuestión de números en el tribunal de nueve miembros: hasta ahora, con cuatro conservadores y cuatro liberales, ella era el elemento de desempate, con un peso especial.

Mientras que el conservador Rehnquist es simplemente reemplazado por otro conservador, con su decisión respecto del sucesor de O'Connor Bush tiene la oportunidad de mover a la derecha el equilibrio de poder en la Corte Suprema, en números. Sin embargo, el juez presidente tiene enorme influencia en otros respectos: puede intentar plasmar una dirección filosófica en muchos temas sociales, no sólo en el alto tribunal sino en el conjunto del sistema federal de justicia estadounidense.

Con Roberts llega a la cumbre un hombre con la plena confianza de Bush. Se trata de un multimillonario casado con una abogada y padre de dos niños adoptivos, considerado una mente brillante. De sus declaraciones pasadas se desprende que es por lo menos muy escéptico respecto del derecho al aborto y que considera que se debería permitir rezar en las escuelas. No cree que haya un derecho fundamental a no ser discriminado. Graduado en la Universidad de Harvard y ex asistente de Rehnquist, Roberts es un orador talentoso y un miembro consagrado del “establishment” de Washington. Se lo considera simpático y se dice que tiene mucho sentido del humor.

La importancia de la ocupación de la Corte Suprema queda clara teniendo en cuenta que la influencia del órgano en la política del país es inmensa; en casi ningún otro lugar los jueces tienen un papel tan activo como en Estados Unidos, donde abundan los pleitos.

La Corte Suprema del país norteamericano debe pronunciarse tan a menudo sobre cuestiones políticas polémicas -desde temas religiosos hasta la pena de muerte y los derechos de las minorías- que asume prácticamente una función legislativa. Por eso está tan feliz la derecha estadounidense: tras la Casa Blanca y el Congreso, está a las puertas de controlar el último bastión que se le resistía. (DPA)

GABRIELE CHWALLEK

Especial para “Río Negro”


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