José Natanson: “Los musulmanes en Francia no están representados”
Para el periodista y politólogo, director de “Le Monde Diplomatique”, debe ser absoluto el derecho a expresarse. No puede haber limitaciones con Mahoma, el papa ni con ningún otro.
ENTREVISTA | CHARLIE HEBDO
-¿Por qué una expresión cultural como la revista francesa “Charlie Hebdo” puede provocar tanta irritación al punto de llegar a un atentado como el que se produjo recientemente en París? -No se me ocurren más que obviedades. Lo que veo es que hay núcleos fundamentalistas en algunas religiones que se sienten agraviados. Estamos hablando de una barbaridad, de un grupo que va y mata a todo el mundo. Lo que tengo muy claro es el asunto que se empezó a debatir sobre si la revista no tendría que haber sido más cautelosa con las caricaturas. Y a mí me parece que no. Más allá de que el costo fue la vida de ellos. No veo cómo se puede establecer un límite que diga que no se puede hacer nada que ofenda a Mahoma. Y que ofenda al papa, tampoco. Si sos hincha de Boca y te sentís ofendido porque se burlan de Riquelme, tampoco. En ese sentido me parece que tiene que ser absoluto el derecho a expresarse. En todo caso, si después hay un daño probado se puede acudir a los Tribunales y habrá un resarcimiento. -¿Qué consecuencias cree que puede provocar este atentado? ¿Autocensura? -Se dice que el objetivo es ése, pero ni siquiera creo que sea ése. Es un objetivo demasiado lejano, me parece, para este tipo de organizaciones. Por ahí sí, generar terror. Pero más que en eso, el impacto lo veo en términos de convivencia en Europa occidental entre las minorías musulmanas, que son muy importantes. En Francia hay un 7% de la población que profesa la fe musulmana. La mayoría es de Magreb, del norte del África. Son como cinco millones de personas. Y del otro lado hay una ultraderecha que está en ascenso, digamos. Marine Le Pen sacó el 26% en las últimas elecciones, fue la candidata más votada en el Parlamento europeo. Ahí tenés un mix complicado. Una minoría musulmana muy importante, que vive pacíficamente, en condiciones socioeconómicas obviamente peores que las de la mayoría “blanca”, por decirlo así. Al mismo tiempo, hay una tendencia islamofóbica en ascenso. -¿El ascenso de la derecha francesa es para preocuparse? -Sí, sí, para mí es preocupante. Acá uno habla de derecha y piensa en neoliberalismo. La derecha francesa no es exactamente eso. Primero, es una derecha antieuropeísta, digamos, que dice que a Francia le fue peor desde que está en la Unión Europea (UE) y que tiene que salir de la UE o flexibilizar sus compromisos con Europa. Lo otro es la antiinmigración. Las principales corrientes migratorias hoy en Francia vienen del norte del África y son musulmanes. Todo esto alimenta el discurso de la derecha, claramente. Marine Le Pen es muy hábil en esto, porque lo que hizo es sacudirse el componente fascista y medio nazi de su padre, que fue el Fundador del Frente Nacional (FN), y desplazar el odio, que ya no tiene nada que ver con los judíos y va hacia los musulmanes. Va por ahí la cosa. -La comunidad musulmana es muy importante en Francia pero, como remarca el escritor Michel Houellebecq, no encuentra representación política. -Totalmente, están a-representados. Un poco como los negros en Estados Unidos. La derecha los combate, los quiere excluir, los quiere expulsar. La socialdemocracia clásica no ha encontrado tampoco una forma de integrarlos. El chico que nació en un suburbio francés tiene una escuela horrible, le cuesta conseguir trabajo, trabaja por el salario mínimo… El Partido Socialista francés es un partido de profesionales, de clase media, docentes, empleados estatales… Es casi de elite ahora. Esto tiene que ver con la precarización del mercado laboral y con un montón de cosas que exceden largamente al gobierno francés. Pero por esos motivos, la izquierda francesa está muy lejos de ser un vehículo de representación musulmana. No están representados. Y cuando no hay representación política, estalla por otro lado. Más allá del fenómeno terrorista, ahí ves la quema de autos (en los últimos años en París). -Houellebecq plantea en su última novela que un partido musulmán vence en las presidenciales en el 2022 y Francia se convierte al islam ¿Qué piensa sobre esta hipótesis que tanta polémica generó? -Él dice que acelera algo que va a llegar. Habría que ver la proyección demográfica. Así como sabemos que en algún momento los latinos van a ser la mitad de la población de Estados Unidos por una cuestión de crecimiento demográfico, la inmigración y la cantidad de hijos que tienen. No sé cómo pasa con los musulmanes en Francia. Todavía son el 7%, no es tanto. La verdad es que no sé si resulta posible. En el corto plazo, obvio que no. Lo cierto es que si caminás por París… A ver, el turista de clase media argentina que fue a París alguna vez camina por el París histórico, que es como si fuera Palermo. Es muy chiquito. Alejate de ahí 20 cuadras y empiezan los monoblocks. Ves eso y son todos pibes tomando cerveza en la calle. No te digo que es como ir a La Matanza, porque no es correcto eso. Hay un Estado de bienestar, un nivel de ingreso, de salarios mínimos, un seguro de desempleo y un montón de cosas de las que acá estamos lejos todavía. Pero se parecen más a eso los suburbios. -En la lista de las nueve personas más buscadas por Al Qaeda, además del asesinado director de “Charlie Hebdo”, figuran dos dibujantes, dos editores y el escritor Salman Rushdie, que tuvo que pasar a la clandestinidad. ¿Cómo se explica que la mayoría de esa lista pertenezca al ámbito cultural? -Al Qaeda ya no significa nada, ¿no? Es como una franquicia. Vos y yo nos juntamos, nos hacemos militantes islámicos fundamentalistas, decimos que somos de Al Qaeda y punto. No es que hay un sello de autenticidad de Al Qaeda. Más allá de eso, hay un fenómeno de dos cosas. Por un lado, de oscurantismo: critican a Mahoma, hay que matarlos. Y por otro lado, hay una dimensión propagandística muy fuerte. En Estado Islámico también. Saben el impacto que van a generar en la opinión pública. No es lo mismo matar a un policía que a un escritor conocido o al líder de una revista. Hay una dimensión simbólica a la que ellos apelan, que manejan muy bien. De hecho, si vos te fijás en los decapitados por Estado Islámico, los tipos los vestían con el mameluco naranja que es el que usan los presos que están en Guantánamo. Ahí hay un manejo de lo simbólico. Saben perfectamente cómo funciona Twitter, Facebook, las redes sociales, la televisión. -A su vez, apuntan a blancos, de alguna manera, “accesibles”. No se enfocan en un Barack Obama, por ejemplo, o algún otro líder político a nivel mundial. -Claro, son blancos a los que puedan llegar y que, además, les den mayor visibilidad. Porque, si no, tienen que matar al policía de la esquina, cosa que hacen también, pero eso tiene menos impacto. En cambio, un periodista o un escritor, no es un blanco militar, no es un político, pero saben que es algo que les va a dar mucha repercusión. -Que el atentado haya ocurrido en Francia, cuna de pensadores y centro cultural a nivel mundial, ¿tiene algún significado particular? -Sí, es Europa occidental y Estados Unidos. Eso cuesta verlo desde la Argentina, pero la realidad de Europa occidental y la de Medio Oriente están muy intrincadas. No sólo porque Oriente fue colonia europea tantos años. En este momento Francia está interviniendo en Mali, en algunos lugares de Siria, intervino en Libia. Las potencias europeas están todo el tiempo metiéndose en Medio Oriente. Además, están geográficamente cerca, a un mar de distancia. Entonces, son realidades muy cercanas. Eso desde acá cuesta mirarlo. -Y que el ataque a “Charlie Hebdo” se haya producido en el corazón de la quinta potencia mundial ¿qué representa? -Tiene otro impacto. Fue como el 11 de septiembre, como Atocha o como el atentado en Londres. Hace un par de años hubo un enorme atentado de Al Qaeda en la India. En los países árabes hay todo el tiempo. Ahora, que lo puedan hacer en el corazón de Europa, tipos con un lanzacohetes y con kalashnikov, es también demostrar la vulnerabilidad. Ése también es otro tema interesante, cómo el terrorismo ha ido mutando. -¿Cómo es ese cambio? -Los especialistas en terrorismo dicen que ya no se trata de grandes organizaciones jerárquicas, con un líder y una logística enorme como el 11 de septiembre y demás, sino que son los famosos lobos solitarios, ¿no? Una persona o grupos chiquitos pero con entrenamiento, dispersos, una especie de terrorismo difuso, mezclados en la vida cotidiana de las capitales de Europa, que un día se levantan y hacen este estropicio. -Esto vuelve aún más complejo el asunto, ¿no? -Sí, esta estructura los fortalece porque los hace mucho más difíciles de identificar. Los servicios de inteligencia se están volviendo locos. Son todos franceses, ingleses, españoles o alemanes, tienen los derechos que les corresponden por pertenecer a esos países, tienen pasaportes, hablan los idiomas y tienen las conexiones. Entonces van a Siria, se entrenan y vuelven, y de repente arman todo esto. Son uno, dos o tres tipos sueltos, y hay miles de europeos en el Frente Sirio, en Irak. Me parece algo muy difícil de prevenir.
Juan Ignacio Pereyra | pereyrajuanignacio@gmail.com