“Juanjo”, entre el management y la política

Se convirtió en el “portador de malas noticias” del macrismo. Sus medidas caen bien al sector pero preocupan los impactos.




A seis meses de haber asumido el cargo, el ministro de Energía Juan José Aranguren se ganó la fama de “polémico”. Al menos, así lo calificó el diario La Nación, luego de una conferencia sobre management que organizó el matutino porteño. Acaso sin quererlo, el ex CEO de Shell consiguió el mismo apodo que hace algunos años supo tener su principal enemigo político, el también “polémico” exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno.

“Juanjo está haciendo todo lo que hay que hacer; el problema es cómo lo comunica”, razonó el ejecutivo de una importante petrolera que lo conoce desde hace años. El sector muestra sintonía con las reformas aplicadas por el ministro, pero cuestionan su falta de timing para explicar esos cambios.

La última polémica que le tocó encabezar fue el incremento del 10% en el precio de los combustibles, que fue convalidado desde su ministerio. “Si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar”, remarcó el funcionario, conocedor como pocos de la inelasticidad de las naftas.

Si en algo se caracterizó su ministerio fue de evitar los anuncios. Luego de aquella conferencia en la que comunicó el aumento de tarifas eléctricas, las subas ya no volvieron a tener “interpretación política”, a pedido, aseguran desde el entorno del presidente, del jefe de Gabinete Marcos Peña. Es que Aranguren se convirtió en un portador de malas noticias: en su área, la energética, se dio de modo más marcado lo que el oficialismo denomina como “sinceramiento”.

El caso más emblemático de silencio oficial fue la suba del gas, para la cual sólo se envió un powerpoint con promedios.

Hace algunos días trascendió que Enarsa, bajo la órbita de Aranguren, había autorizado una importación por contratación directa de gas desde Chile, algo inédito en la historia.

Otra vez, el ex Shell recibió el golpe, y recién después de eso salió a explicar que ese gas, que cuesta el triple de lo que se compra a Bolivia, iba a reemplazar el gasoil que se importa a 10 dólares el millón de BTU y generar un ahorro para el país.

Tampoco pareció suficiente su autoexclusión de firmar documentos que involucren a Shell, empresa de la cual todavía posee acciones por 13 millones de pesos.

“Juanjo” se debate entre el management frío y la política. Esta última, por ahora, parece una asignatura pendiente. (R.A.)


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