“Juegos de guerra”, un deporte extremo que llegó a la región

Los participantes se someten a situaciones límite.Dicen que ayuda a consolidar personalidades y grupos.

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NEUQUEN (AN) – Acción, suspenso, audacia, resistencia, decisión, reflejos… y puntería. Como en las películas, pero experimentado en carne propia. Hay que enterrarse hasta los tobillos en el barro de una laguna, correr 30 metros agazapado con el fusil entre los brazos o arrastrarse sigilosamente entre las jarillas y espinillos en busca del objetivo.

Todo ello sin el menor margen para el error, con el desenlace de la acción sobrevolando a todos los participantes, expectantes por un resultado al todo o nada, que será consecuencia de la capacidad física o psicológica. Tensión, suspenso, reacción, habilidad, destreza. En fin, adrenalina pura. Cada jugador experimenta una sensación particular (ver recuadro).

Esa podría ser una síntesis de una de las máximas expresiones de los deportes extremos: los “juegos de guerra” o mundialmente conocidos como “paintball”.

Los juegos de guerra es una actividad que se practica desde hace veinte años en alrededor de treinta países de Europa y América y después de un lustro en el país se presentó en la región. Hay una campo de prácticas en Roca y otro en esta ciudad, que pertenecen al mismo grupo: Shooters.

“Se trata de un juego para equipos, en el que si bien todo se enmarca en una competencia en la que intervienen armas, uniformes camuflados y la esencia es el riesgo, se convierte en un deporte alternativo a los clásicos que se desarrollan en la zona. Las reglas son muy claras y simples y el equipo que se suministra descarta cualquier posibilidad de accidentes y anula la menor cuota de inseguridad”, dijo Gabriel Balbuena, de Shooters.

Los uniformes son de tela gruesa y se aconseja colocarse una remera debajo. Para proteger el rostro se apela a máscaras, que no deben quitarse bajo ningún concepto durante la acción.

El juego propone “pintar” al enemigo. El fusil que se utiliza trabaja a presión de un gas que viene en tubos y dispara cápsulas -construida de una gelatina especial, con pintura en el interior-, del tamaño de una bolita, que al impactar “pinta” la superficie que toca. El que es “pintado” queda eliminado y debe abandonar el campo.

El alcance de los disparos es de 30 metros y se aconseja, por precaución, no dispararle a un rival que está a menos de tres metros. En esos casos se exige la rendición y el árbitro que controla el juego cerca de los participantes, verifica que se cumpla.

Las alternativas de juegos son numerosas y se pueden realizar entre equipos de cuatro o más jugadores, o entre un grupo que persigue a un participante (con ventaja comparativa para este último, por ejemplo se le da mayor cantidad de proyectiles) o si los aficionados son pocos se hace un juego individual, que consiste en que cada uno sale de distintas bases y debe procurar eliminar al resto.

La bandera, el fugitivo, el presidente, la colina, son algunas de las muchas variantes que se pueden realizar.

Los juegos se pactan en determinados lapsos de tiempo y los campos, bien delimitados, tienen entre una a tres hectáreas.

Los escenarios pueden ser naturales, como es el caso de los de esta ciudad y Roca, que a su vez plantean al competidor el desafío de vencer obstáculos como terrenos de hondonadas, con barro, cubiertos de espinas y entramados de arbustos.

El “paintball” no sólo es propuesto como algo recreativo. Los responsables de Shooters dicen que en grandes empresas de orden mundial los utilizan, además de favorecer la integración de sus equipos, para detectar la capacidad de reacción y de resolución de los participantes ante situaciones límites.

“En a base a experiencias rescatadas de este juego se definen estrategias de trabajos colectivos, se elige un líder o se promociona a un empleado a un determinado puesto, en el que desarrollará mejor sus condiciones de creatividad o inventiva”, señaló Balbuena. Una licenciada en relaciones públicas explicó que a los que participan de estos juegos les sirve para darse cuenta de “cómo actuar en situaciones límite y a la vez a comprender conceptualmente cuáles son sus propias limitaciones en la práctica concreta”.

Balbuena añadió que la práctica de “juegos de guerra” no plantea una expresión de actitudes violentas o agresivas y que, por el contrario, ayuda a que la persona se conozca a sí mismo y sepa cuál es su capacidad de control ante hipotéticos casos de riesgo extremos. (Ver recuadros).

El “paintball” también es practicado por organismos de seguridad oficiales, para realizar entrenamientos con un acercamiento a situaciones reales que no les permite otra práctica. De hecho, se dice que los “juegos de guerra” lo inventaron los norteamericanos para entrenamientos de las tropas de sus ejércitos.

Agresividad y creatividad

NEUQUEN (AN) – ¿Los juegos con contenidos de violencia o agresivos, son peligrosos, incrementan o canalizan esas reacciones?

Para el psicólogo Jorge Carri, profesional que desarrolla su actividad en el Centro Periférico de Parque Industrial y es profesor de Psicología Social de la Universidad Nacional del Comahue, no hay definiciones concluyentes al respecto.

“Hay dos teorías. Una dice que las escenas que por ejemplo se reciben a través de la televisión, incentivan las conductas agresivas de la gente. Que son desarrolladoras de actitudes violentas. Otra en cambio sostiene que son canalizadoras de ese tipo de reacciones, y que imitarlas en juegos o actividades recreativas actúa como una catarsis de esas sensaciones”, dijo consultado por este diario.

Enfatizó que este tipo de entretenimientos como los juegos de guerra son manifestaciones nuevas, por lo tanto no es posible conocer cómo inciden en quienes lo practican.

Carri destacó que todo lo lúdico ejerce una acción positiva en el adulto. “El juego es positivo porque promueve la creatividad y porque la sociedad tiende a perder esa vocación”, señaló.

Añadió que los juegos de guerra sobre el que se le preguntó particularmente, en psicología laboral “servirían para distinguir entre personas que puedan tomar determinadas decisiones en situaciones de estrés y que son las que, generalmente, se buscan para cubrir cargos ejecutivos”.

“Exige esfuerzo físico y concentración permanente, no da respiro”

NEUQUEN (AN) – Rostros enrojecidos y transpirados, exhaustos, presurosos para sacarse el equipo y sentarse a descansar a la sombra de los árboles. Pero satisfechos y con ganas de “un poquito más”.

Sergio (26 años), empleado de comercio, Pablo (17), estudiante, Javier (26), administrativo y Pedro (27), empleado de oficina, se entusiasmaron con la idea de “hacer la guerra” y salieron al campo plagado de juncos, hondonadas, espinillos y un pequeño vado que los obligaba a exigirse un poco más.

Por primera vez practicaron el juego y todos se manifestaron ampliamente conformes.

De los cuatro sólo Javier practica un deporte afín: tiro. “Pero nada que ver esto con lo que hacés en un polígono. Allá le tirás a una silueta, que está quieta y a la que vos le apuntás el tiempo que querés. Acá es totalmente distinto: todo es repentino, o reaccionás o perdés y de apuntar, ni hablés. Es casi instintivo”, señaló.

Cuando se les preguntó cómo anduvo la puntería, la respuesta fue unánime: “un desastre”.

“La base en esto pasa, según mi opinión de alguien que vino por primera vez, por la estrategia y la preparación física”, comentó Sergio. “Yo practico karate hasta dos veces por semana, pero la exigencia en esto es distinto porque el esfuerzo físico y la concentración es permanente, no te da respiro”, agregó con la respiración agitada. Fue uno de los que aparentó acusar más el desgaste de los 45 minutos que estuvieron “en combate”.

Los cuatro practicaron una modalidad denominada “el fugitivo”. Consiste en que el fugitivo, precisamente, a quien se identifica con brazaletes rojos, se esconde en un lugar del campo con 50 proyectiles y el resto de los jugadores sale a buscarlo.

El árbitro tuvo poco trabajo, porque siguieron las reglas como les habían indicado y ninguno apeló a “quitarse” la mancha cuando fue impactado. Además, tuvieron ocasión de personificar todos al fugitivo.

“Me gustó mucho el juego, porque te exige en todos los sentidos y si bien terminás ‘muerto’ de cansancio, mientras estás en el juego no lo advertís, de manera que el desgate parece mayor”, comentó Pedro

A Pablo le gustó particularmente la característica del terreno, que combina en una extensión no muy grande, una gran variedad de obstáculos.

“La próxima vez que vengamos lo haremos con estrategias definidas y creo que resultará mucho más atractivo el juego”, señaló.

En la zona los aficionados a “juegos de guerra” fluctúan mayoritariamente entre chicos de 15 años a hombres de 30. Pertenecen a diversas actividades: ejecutivos, empleados, estudiantes.

Aunque no es lo más común, también participan mujeres.


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