“Kandahar”: La vida de las mujeres afganas



NEUQUEN (AN).- El drama de las mujeres afganas se relata en “Kandahar”, una cinta del director iraní Mohsen Makhmalbaf

Desde el inicio de la historia, la mujer ha sido considerada como un ser hermoso, delicado y suave, pero también incapaz, pecaminoso y débil. Por esto, en siglos pasados no tenía derechos y vivía a la sombra de un hombre con un mínimo de libertad.

Esta situación es lo que cuenta “Kandahar”, una película que maneja una crudeza mental, invita a reflexionar sobre las consecuencias de una guerra y la situación que padecen personas de otro estilo de vida, muy diferente al occidental. También deja ver las secuelas de una situación llena de desesperanza y dolor, donde la pobreza y las minas antipersonales no le dan opción a sus habitantes.

Nafar es una joven periodista afgana refugiada en Canadá. Su hermana pequeña vive en Afganistán y a quien dejó cuando huyó de su país durante la guerra civil. La hermana de Nafar le manda una carta desesperada diciéndole que ha decidido quitarse la vida antes del último eclipse de sol, ya que no resiste la vida a la que ha sido sometida bajo el régimen Talibán. De esta forma, Nafar decide emprender el regreso a su país para salvar a su hermana, pero tiene muy poco tiempo para llegar.

El director Mohsen Makhmalbaf es un iraní, nacido en Teherán, que ha vivido de cerca el conflicto musulmán. Cuando era muy joven se unió a una organización islámica que luchaba contra el régimen del Sha y fue encarcelado a los 17 años, después de haber atacado una comisaría. Estuvo en la cárcel durante cinco años y fue liberado al comienzo de la revolución. Ha realizado varias películas donde cuenta historias enmarcadas en los problemas islámicos.

Makhmalbaf se ha dedicado a estudiar el tema afgano y pronto publicará un ensayo acerca de esta país: “Afganistán un país sin imágenes”. Narra lo por estos días muy conocido, pero no así antes del 11 de setiembre 2001. “A principios del siglo XXI, los talibanes tienen problemas con las imágenes. No hay cines, tampoco televisión. Los periódicos se publican sin imágenes. Hacer fotografías o pintar se considera “impuro”. La música está prohibida. Las escuelas de niñas clausuradas. Las mujeres no tienen derecho a nada, ni siquiera a entrar en baños públicos. En 1996, los talibanes dieron orden de que se quemase una biblioteca con 55 mil volúmenes en Kabul. Según un informe de las Naciones Unidas, las vidas de un millón de afganos peligran, eso sin contar los millones que han perdido las piernas por culpa de las minas. El mundo se preocupa más por la destrucción de un buda de piedra que por la vida de cientos de miles de seres humanos”.


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