La apuesta al bipartidismo



-Por efecto de la transición, una franja muy grande del país está convencida de que los radicales fracasan en el ejercicio del poder mientras que los peronistas lo ejercen en plenitud en un país de presidencialismo muy fuerte. ¿Qué reflexión le merece?

-No estoy de acuerdo. Reconozco que es un convencimiento que se afirma pero hay que desterrar. El problema del radicalismo en materia de imagen como ejercicio del poder es Fernando de la Rúa, que junto con “Chacho” Álvarez no se animaron a salir de la convertibilidad. Raúl Alfonsín gobernó?

-Sí, pero…

-Tuvo que adelantar las elecciones, pero gobernó. Lo que también pasa es que, cuando el radicalismo gana, el gremialismo peronista le genera problemas y éste es un problema que hay que poner sobre la mesa a la hora de forjar un pacto: a las políticas acordadas no hay nada que se les pueda oponer.

-Usted juega hoy a favor de que el sistema político pivotee en el bipartidismo. Con esto contradice lo que se cree al menos en el plano académico vinculado a la política, donde dicen que el bipartidismo aquí está en vías de liquidación. ¿Qué le hace decir que radicalismo y peronismo están en condiciones de titularizar el bipartidismo que pregona?

-Sus historias, sus comités, sus unidades básicas a lo largo y ancho del país. Hay cuestiones de cuna, de referencia familiar, de historias transmitidas. Por lo demás, el radicalismo mantiene mucho poder en el interior vía cientos de comunas a su cargo.

-Las alianzas, las convergencias, ¿no van más?

-Creo que después de la Alianza De la Rúa-“Chacho” y Cristina-Cobos está probado que hay que volver a la singularidad de los partidos, pero generando políticas de Estado vía acuerdos generosos. Lejos estoy de excluir otras fuerzas políticas. Digo que un sistema político estructurado alrededor de dos partidos fuertes favorece, incluso, la alternancia en el poder.


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