“La Biblioteca roja”: ¿cómo sobrevivieron estos libros a la dictadura?

“La Biblioteca Roja” rescata los libros que debió ocultar un matrimonio cordobés antes de exiliarse en México para que no cayeran en manos de la dictadura militar de 1976.



Un libro que se oculta o se entrega al fuego para garantizar la propia supervivencia encarna el testimonio de una barbarie mayor, pocas veces documentada de manera tan potente como en “La Biblioteca Roja”, texto polifónico que mezcla el ensayo, la crónica y el registro fotográfico para narrar la recuperación de una biblioteca que en 1976 enterró un matrimonio cordobés que luego huyó a México.

Las varias acepciones del verbo arder permiten conectar dos planos decisivos en la vida de la artista y escritora Gabriela Halac: por un lado la evocación persistente del ritual incendiario que su padre se vio obligado a practicar con sus libros cuando ella todavía no había nacido; y por el otro ese sentimiento lacerante que le provocó la constatación de que ese patrimonio perdido había sido la condición excluyente para la supervivencia.

Esa idea de despojo sobre la que se constituyó el acervo familiar la acercó al artista y docente Tomás Alzogaray Vanella, cuyos padres, Dardo y Liliana, también habían tenido que desprenderse de su biblioteca, aunque mediante una decisión que a priori resultaba menos drástica que la quema: con ayuda de amigos, habían enterrado sus textos más incómodos -una selección que va desde los previsibles Marx y Trotsky hasta el impensado poeta Oliverio Girondo- en el patio de la casa que acababan de construir.

En la génesis de “La Biblioteca Roja” (Ediciones Documenta) hubo entrevistas a los Alzogaray Vanella en las que se explayan sobre la composición de la biblioteca, el clima de época y hasta el fallido intento de recuperar esos libros enterrados tras regresar del exilio, dado que el hallazgo de algunos ejemplares corroídos los disuadió rápidamente del operativo.

Casi sin pensarlo, Halac y Alzogaray retomaron el viejo proyecto de desenterrar la biblioteca y documentar esta instancia en un trabajo que diera cuenta de los pormenores del proceso y que al mismo tiempo permitiera rearmar el relato sobre el horror de la dictadura desde una perspectiva cifrada en los libros, objetos tan cruciales en las disputas por la memoria. Tan impactante como lo que se narra, “La Biblioteca Roja” se distingue además por la originalidad de sus procedimientos, que conducen a infinitas lecturas sobre la memoria, los libros y la propia vida. La obra se completa con un breve texto del ensayista Agustín Berti sobre las dimensiones materiales de la escritura y un ensayo fotográfico de Rodrigo Fierro que documenta cómo se llevó adelante el proceso con la colaboración de antropólogos forenses voluntarios.

P- ¿Cómo irrumpen las secuelas de la dictadura en esta aproximación que propone mirar la historia a partir de objetos tan significativo como los libros?

R- Cada momento histórico genera sus formas de vincular a los sujetos con determinados objetos. Los libros surgen de una voluntad precisa de sentar una posición, de dejar una marca y una transmisión. Pero su devenir es mucho más poderoso e incierto que todas las voluntades que los originan. El vínculo entre sujeto y objeto es muy fuerte. Los libros que desenterramos del patio de la casa de los Alzogaray Vanella además de su contenido hacían referencia a un ideario, a una historia personal, a una política y también a una época. Y son el testimonio de un oxímoron: la destrucción de la conservación. Ellos enterraron sus libros para intentar resguardarlos hasta que pase el peligro, pero la gravedad de los acontecimientos hizo que el desentierro no llegara a tiempo para poder devolverlos a su biblioteca. Lo que revela ese gesto es un desapego temporal y utópico que pretende hacer trampas a la persecución, a la censura, a la injusticia, en definitiva, gestos de supervivencia.

P- Frente a una biblioteca amenazada, dos familias toman decisiones distintas: una decide quemarla y la otra enterrarla ¿Qué tensiones guiaron esas dos resoluciones?

R- Creo que el nivel de terror, sumado a las posibilidades concretas y reales que en cada uno desencadenó sucesos diferentes. A mi padre le allanaron la casa en 1963, lo llevaron preso y se salvó porque mi abuela escondió las revistas de la juventud comunista en un lavarropas. Los Alzogaray Vanella se encontraban construyendo su casa y tenían ese pozo de cal abierto dispuesto a convertirse en el depósito de esos libros. De todas maneras lo enterrado siempre promete un vestigio, un ir en busca de aquello que sabemos en algún lugar aún está, mientras que lo que se quema da dimensión de lo brutal, irreparable y vacío que queda todo. Encontrarse con los vestigios de la biblioteca es volver a tomar contacto directo con el entierro, con el pasado.

P- El texto se vincula con una larga tradición de bibliotecas diezmadas como gesto simbólico de la destrucción de una cultura ¿La apropiación y destrucción de ese “botín” es una prolongación del proceso de colonización del adversario?

R- En un gesto que nunca se acaba, unos quieren dominar a los otros a partir de la destrucción de sus creencias, su cultura, sus tradiciones. Edificar iglesias sobre templos de las culturas originarias es una práctica típica del cristianismo. Un concepto destructivo de progreso, de sometimiento y de colonización que también se aplica a la historia de las ideas, a la lucha por instaurar un pensamiento que para erigirse debe ocuparse de destruir a lo que se le opone o pone en duda. Éste es el modo en que la hegemonía se esfuerza por imponer direcciones únicas para el pensamiento. Sin embargo la memoria de las comunidades ha demostrado que cuanto más censura existe, mejores son las estrategias construidas para hacer sobrevivir estas ideas.

P- El proceso de desenterrar la biblioteca remite al de la exhumación de los cuerpos de desaparecidos que llevó adelante el Equipo de Antropología Forense. ¿Cómo se emparenta la instancia de recuperar una biblioteca con la recuperación de los restos humanos?

R- Todavía es muy fuerte hacer esa comparación y a quienes buscan a sus familiares desaparecidos les puede resultar una afirmación dolorosa. Pero es cierto que los libros hablan de alguien, pertenecieron a una persona y llegaron a un pozo como el resultado de la persecución y la censura. En la represión podemos identificar una ligadura directa entre los hechos de violencia contra los libros y contra las personas.

P- Ligado a lo anterior, ¿la operación de recuperar libros se puede leer como la contracara de otro mecanismo, el de “desaparecer” cuerpos?

R- Creo que la contracara de los que se ocupan de hacer desaparecer, generar miedo, y silencio, son todos los actos de aparición ya sea de manera literal como en este caso o también simbólica.

Cuando aparecen los libros, aparece lo que la historia les hizo a esos libros.

 

 

Una semana removiendo tierra

La excavación comenzó los primeros días de enero de este año.

Duró una semana.

Se removieron más de cuatro toneladas de tierra hasta dar con el pozo de cal.

Se hallaron dieciséis paquetes un metro y medio bajo tierra.

Los libros fueron recuperados con ayuda de miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense.

 

“Lo enterrado siempre promete un vestigio, un ir en busca de aquello que sabemos en algún lugar está, mientras que lo que se quema da dimensión de lo brutal y vacío que queda todo”.

“La memoria de las comunidades ha demostrado que cuanto más censura existe, mejores son las estrategias construidas para hacer sobrevivir estas ideas”.

“Creo que la contracara de los que se ocupan de hacer desaparecer, generar miedo, y silencio, son todos los actos de aparición”,

cree la escritora Gabriela Halac.

Datos

“Lo enterrado siempre promete un vestigio, un ir en busca de aquello que sabemos en algún lugar está, mientras que lo que se quema da dimensión de lo brutal y vacío que queda todo”.
“La memoria de las comunidades ha demostrado que cuanto más censura existe, mejores son las estrategias construidas para hacer sobrevivir estas ideas”.
“Creo que la contracara de los que se ocupan de hacer desaparecer, generar miedo, y silencio, son todos los actos de aparición”,

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