La cabina telefónica que trajo el cardenal Cagliero

Nélida tiene una historia para cada detalle de su parador. “Antes acá era todo ripio. Todos llegaban sacudiéndose la tierra, muertos de sed”, recuerda. Y se enoja. “Ni bien llegamos, mi marido hizo un canal para tener agua. A mí me da bronca eso porque mi marido lo hizo con una palita no más… Y ahora los gobiernos no pueden terminar obras con todas las comodidades que tienen”.

Antes, asegura ella, todo se resolvía más rápido. Y recuerda -como ejemplo- aquella vez que una parada especial hizo que recibieran una cabina telefónica. Un día, allá por los 70, se detuvo un auto en su parador y bajó un religioso, sacudiéndose el polvo.

–Vieja, me parece que el que se baja ahí es el cardenal Cagliero –le dijo Prunetti.

Tenía razón. “Hijo –le dijo Cagliero–. Se nos ha roto el parabrisas. Necesito un teléfono.

–No tenemos teléfono.

–Yo le voy a solucionar eso, prometió el religioso.

Cumplió. Después de que Prunetti le hubiera cambiado el parabrisas, llegó un camión a Picún Leufú. “Parecía que traía un ropero”, dice Nélida. Pero era una cabina telefónica. “Dios siempre te bendice”, asegura ella.


Nélida tiene una historia para cada detalle de su parador. “Antes acá era todo ripio. Todos llegaban sacudiéndose la tierra, muertos de sed”, recuerda. Y se enoja. “Ni bien llegamos, mi marido hizo un canal para tener agua. A mí me da bronca eso porque mi marido lo hizo con una palita no más... Y ahora los gobiernos no pueden terminar obras con todas las comodidades que tienen”.

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