La canción sigue siendo la misma



La de los ´80 no fue la mejor época para las bandas de rock nacidas en los ´70. Y AC/DC no fue la excepción. Luego de “Back in Black” (1980), el primer disco sin Bon Scott y con Brian Johnson, el grupo editó “For Those About to Rock (We salute you)”, un buen disco, aunque lejos de su predecesor.

Como siempre, fue muy bien recibido por los fans, pero no por parte de la crítica, que ya comenzaba a repetirse o, lo que es peor, a plagiarse a sí misma.

David Fricke escribía en Rolling Stone, en octubre de 1983, a propósito de la crítica del disco noveno disco, “Flick of the Switch”: “Si habías escuchado un disco de AC/DC, entonces los habías escuchado a todos”. Y que “el nuevo álbum era nueve veces el mismo álbum”. Peor les fue con el siguiente trabajo de estudio: “Fly on the Wall”, de 1985. Tenía razón Fricke, pero hablaba de lo que AC/DC era como banda y de lo que sería hasta, sólo que entonces Fricke no lo sabía.

Pero los Acca Dacca, como los llaman en Australia, redoblaron la apuesta. Más guitarra, más garganta, más rock and roll del mismo. En 1988, con “Blow up your video”, se reencontraron con éxito comercial y con la acostumbrada acogida de los fans, pero con la crítica ácida y burlona de la prensa roquera. Olvídense que el guitarrista se viste de colegial y verán uno de los más grandes de la historia, sugerían.

En 1990 AC/DC editó “The Razor´s Edge” y con “Thunderstrack” encontró el himno de los nuevos tiempos con los armas de siempre.

AC/DC había ganado la apuesta.


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La canción sigue siendo la misma