La cara bélica del boom brasileño



Por MAURICIO WEIBEL

Brasil fortalecerá los próximos meses sus gestiones para crear una industria sudamericana de armas, cuyo fin es equiparar su poder bélico con el de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de ONU, cargo al que aspira.

El plan considera una participación principal de Argentina, Chile y Venezuela, aunque este último país está vetado por Estados Unidos, que provee de piezas, motores y electrónica a la industria militar brasileña.

La estrategia implica cerrar un largo proceso de compras de Brasil (que incluyó desde los ´90 submarinos, helicópteros y tanques) y fortalecer la producción interna. Fue estrenada en marzo en Chile en la I Cumbre de Defensa de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur), que aprobó una inédita cooperación regional. El ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, dijo que su país posee una gran industria militar pero que "debe ser desarrollada en el continente", idea apoyada por Ecuador, Bolivia y Colombia.

En realidad, el fin es dar sustento económico a una industria bélica brasileña que desea acompañar las pretensiones políticas globales de un país que ya es la octava economía del mundo. Prueba de ello son el acuerdo de cooperación firmado con Sudáfrica en el 2003 y las operaciones más recientes con Alemania, Inglaterra, Francia, Kuwait, Jordania, Rusia y Bélgica.

Un primer paso hacia una mayor cooperación regional podría surgir de la idea de Buenos Aires de construir una planta de la Empresa Brasileña de Aeronáutica (Embraer) en Argentina, en la antigua Fábrica Militar de Aviones.

Brasil, poseedor de reservas naturales, demográficas y petroleras, sabe que su proyecto hegemónico regional depende también de su capacidad bélica, no sólo de la diplomacia de Itamaraty (Ministerio del Exterior). Y también, de cómo construye su vínculo de lejanía y cercanía en lo político, económico, cultural y militar con sus vecinos y con Estados Unidos.


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