La creciente división de las Américas

Por Andrés Oppenheimer



El hecho de que la Organización de Estados Americanos (OEA) no haya podido elegir un nuevo secretario general en cinco votaciones consecutivas esta semana puso de manifiesto la creciente pérdida de influencia de Estados Unidos en la región y abrió una significativa brecha política en el continente.

Desde la elección del diplomático brasileño Joao Baena Soares como secretario general de la OEA en 1984, Estados Unidos nunca había dejado de ganar una votación para la elección de su candidato a la institución regional.

En la votación realizada el lunes en la sede de la OEA en Washington el secretario de Relaciones Exteriores de México Luis Ernesto Derbez, respaldado por Estados Unidos, y el ministro del Interior de Chile José Miguel Insulza, avalado por Brasil, sacaron 17 votos cada uno en cinco votaciones sucesivas. A falta de un ganador se decidió realizar una nueva votación el 2 de mayo.

El gobierno del presidente Bush apoyó originalmente al ex presidente salvadoreño Francisco Flores, quien se retiró de la competencia unos días antes de la votación reconociendo tácitamente que no tenía los votos para ganar. Inmediatamente Estados Unidos trasladó su apoyo al secretario de Relaciones Exteriores de México, aunque admitiendo que tanto Derbez como Insulza eran excelentes candidatos.

El vicepresidente de Venezuela José Vicente Rangel, cuyo gobierno izquierdista apoya al candidato chileno, anunció triunfantemente tras la votación que “Estados Unidos ha sufrido dos derrotas consecutivas en menos de 72 horas'', refiriéndose a la retirada de Flores y al empate de Derbez. Muchos analistas bien conectados en Estados Unidos están de acuerdo.

“Es una derrota significativa para Estados Unidos en términos de su influencia en la región”, me dijo Arturo Valenzuela, ex jefe de asesores sobre asuntos latinoamericanos de la Casa Blanca durante el gobierno del presidente Clinton. “Esto también perjudica a una institución que es importante para la región y para el avance de los intereses de los Estados Unidos”.

Entre los impactos negativos del paréntesis en la OEA:

• Crea una división geográfica de las Américas: mientras Estados Unidos, Canadá, América Central y varios países del Caribe apoyaron al candidato mexicano, la mayoría de países de América del Sur respaldó al candidato chileno. Esto se da en momentos en que Estados Unidos, México y América Central están configurando en los hechos una gran zona de libre comercio de América del Norte y Brasil lidera un bloque diplomático de América del Sur que celebra cumbres anuales sin invitar a México ni a América Central.

• Profundiza la creciente escisión política del hemisferio. A pesar de que el candidato chileno Insulza es un socialista moderno y pro-globalización, el hecho de que haya sido apoyado por Venezuela y los gobiernos de centroizquierda de Brasil y Argentina ha llevado una percepción en Washington de que hay una división entre los países de “izquierda” y de “derecha” en la región.

• Se ha roto la alianza diplomática entre “los dos amigos”, los gobiernos progresistas y pro-libre mercado de México y Chile. En los últimos cuatro años México y Chile habían coordinado posiciones conjuntas en temas como derechos humanos, democracia y la guerra en Irak. No está claro que esta alianza sobreviva.

• Amenaza objetivos clave de Estados Unidos en la región, como mantener las fuerzas de paz de América Latina en Haití. El gobierno de Chile dice que no retirará sus 578 efectivos de paz de Haití, pero el tema se votará en el Senado chileno en las próximas semanas. Muchos diplomáticos sudamericanos dicen que el Congreso chileno podría votar en contra y que Brasil y Argentina podrían seguir sus pasos.

Para ser justos, señalemos que el fracaso diplomático de Estados Unidos probablemente no sea culpa del Departamento de Estado sino de la Casa Blanca. Fuentes bien ubicadas dicen que funcionarios de alto nivel del Departamento de Estado apoyaban a Insulza, pero que la amistad de Bush con Flores y la cercanía -aunque con altibajos- con el presidente mexicano Vicente Fox hizo que la Casa Blanca tomara decisiones más basadas en simpatías personales que en consideraciones políticas.

Mi conclusión: va a ser difícil que Chile o México den un paso atrás, porque ambos países han invertido demasiado capital político en esta competencia y no van a querer perder rostro.

Quizá Chile y México terminen haciendo un trato, como dejar que uno de ellos encabece la OEA a cambio de permitir que el otro encabece el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuya jefatura pronto estará vacante. O tal vez terminen escogiendo un candidato de consenso, como el canciller canadiense Pierre Pettigrew.

De cualquier forma, el daño está hecho. No importa cuán buena cara traten de ponerle al mal tiempo los funcionarios de Estados Unidos y América Latina: hay un cisma político en el hemisferio y está creciendo.


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