La culpa no es del niño sino de quien no lo hace mover
Opiniones
Marcelo Antonio Angriman – angrimanmarcelo@gmail.com
Según un informe de “Río Negro” del pasado 9 de febrero, más del 40% de los niños y adolescentes neuquinos tienen un nivel de capacidad aeróbica que indica riesgo cardiovascular futuro. El relevamiento concluye en que el 50% de los estudiados no poseen una condición física saludable y hacen uso de medios electrónicos a razón de cinco horas diarias. Ya la Organización Mundial de la Salud había advertido dos años atrás que, debido al avance de enfermedades condicionadas por el estilo de vida, la actual generación de chicos podría ser la primera en muchísimo tiempo en tener una esperanza de vida menos elevada que la de sus padres. De acuerdo a una encuesta de TNS Gallup, seis de cada diez argentinos son sedentarios y el número de niños con sobrepeso ha aumentado de dos a cinco veces en los países desarrollados y casi cuatro veces en los países en vías de desarrollo. Para la OMS la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedad cardíaca o de sufrir ACV, disminuye hasta en un 50% la posibilidad de padecer diabetes tipo II o cáncer de colon, contribuye a prevenir la hipertensión arterial y la osteoporosis y ayuda a desarrollar y mantener sanos los huesos, músculos y articulaciones. La actividad física a través del juego o el deporte mejora la respiración, la circulación y la digestión, acelera el metabolismo y aumenta el flujo de oxígeno al cerebro, estimulando la capacidad de aprendizaje, concentración y memoria. Por el contrario, el sedentarismo –entendido como la falta de actividad física mensurable en “menos de treinta minutos diarios de ejercicio regular y menos de tres días a la semana”– hoy se sabe que mata; tanto que, por sus efectos nocivos, ha sido asimilado al tabaquismo. Sin embargo, son muchos los padres que no reaccionan a tales alertas, siendo los únicos responsables de la quietud infanto-juvenil. Ello por cuanto, aunque suene de Perogrullo, un niño no tiene la capacidad de decidir por sí y discernir qué lo perjudica. ¿Cuáles son las razones para dicha apatía paterna, que compromete la salud de los propios hijos a futuro? La pregunta se proyecta a diferentes sectores sociales, con variada formación cultural, por lo que permite arriesgar diversas respuestas, a saber: • Desconocimiento. La ignorancia sobre los alimentos que nutren y aquellos que solo suman grasas y azúcares es una de las claves. Del mismo modo, malinterpretar al entretenimiento estático como aliado contra el aburrimiento y sustituto del juego físico es otro factor determinante. • Sin sponsors. Las empresas multinacionales de la industria digital, gaseosas enteras, snacks y golosinas, que tienen a los niños entre sus principales clientes, jamás participarán de una cruzada que conspire contra el consumo de dichos productos. • Elogio de lo inmediato. Para una visión utilitaria y espasmódica de la vida, es una pérdida de tiempo pensar en una afectación a tan largo plazo. • Renuncia al rol paterno. El amiguismo malentendido de ciertos progenitores evita cualquier atisbo de confrontación, privilegiando la comodidad a imponer límites. • Desmerecimiento de la educación no formal. Se privilegia la educación formal (escolar) e informal (tevé, internet) en desmedro de la no formal (clubes, deporte, talleres, institutos, recreación, campamentos). • Falta de coherencia en ciertos educadores físicos (profesores o entrenadores) en hacer carne la prédica que brindan. Para aquellos que piensan que, por el amor que se tiene a un hijo, la salud y la educación son cuestiones innegociables, será bueno tener presente que: 1) las dos clases de educación física semanales que recibe un niño o adolescente son insuficientes; 2) es un gran error castigar a un hijo con no ir a jugar o entrenar; 3) también lo es premiarlo con golosinas o salados ricos en grasa; 4) el combo quietud- mala alimentación es veneno para su hijo; 5) hacer deporte no es lo mismo que estar sentado frente a una pantalla jugando a la play; 6) el ejemplo vivencial de los padres, tanto en los hábitos alimenticios como en el ejercicio físico, es trascendental para los chicos; 7) para mover a los hijos, primero deben hacerlo sus padres (averiguando, acompañando, ejercitando sus propios cuerpos y aconsejando); 8) no se debe demonizar a las nuevas tecnologías, mas estas deben ser limitadas por los padres y convivir con la actividad física. Por último, no prive a su hijo del afecto y las emociones que pueden surgir de su interrelación con los demás participantes y profesores mientras juega recreativa o competitivamente. El compartir experiencias, sentido de pertenencia, ceder ante el bien común, aceptar reglas, reconocer y fomentar liderazgos son aliados fundamentales en la formación de los chicos. Como corolario, viene a cuento una anécdota sucedida en una clase universitaria donde, enfrentados, dos alumnos confrontaban argumentos sobre virtudes de la actividad física y los videojuegos, mientras que el resto de sus compañeros juzgaba sus fundamentos y convicción en defenderlos. Aluviones de ideas se vertían de un sector y del otro, hasta que una señorita tuvo un gesto que dejó perplejos a los asistentes, llevándose todas las adhesiones. Solo le pidió a su adversario que se pusiera de pie y, acercándose a él, le dio un abrazo y un beso en la mejilla para luego susurrar: “Esto jamás podrá hacerlo una computadora”. (*) Abogado. Profesor nacional de Educación Física. Docente universitario