“La discusión no puede ser sólo técnica, también es política”
P- ¿Cuál es el estado de la evaluación de la educación universitaria hoy?
R- La discusión en torno a la evaluación universitaria implica un debate teórico, pedagógico, pero también político. Lo que existen actualmente son distintas herramientas políticas de evaluación que responden a distintos intereses. En nuestro país, durante la hegemonía del neoliberalismo, se replanteó el rol del Estado. En ese momento coexistieron varios discursos en relación a la universidad: el achicamiento del Estado y el Estado evaluador. Esto provocó, por un lado, un rechazo de las universidades públicas a los procesos de acreditación y una expansión de las universidades privadas. El rechazo se basó, principalmente, en la impugnación a los actores que participan en la evaluación. En el caso de la Coneau, estos actores pertenecen a las universidades públicas pero también a las privadas y al ámbito político. Desde mi punto de vista, yo soy pedagoga, creo que la evaluación forma parte de cualquier proceso de construcción. Pero evaluar, que es básicamente valorar, implica reunir información y contrastarla. Entonces la discusión gira en torno a quién fija los parámetros, quién junta la información, y esta no puede ser una discusión solo técnica, porque también es fuertemente política. Si bien muchas universidades impugnaron las acreditaciones, otras acreditaron el grado y el posgrado a lo largo del tiempo. Por eso en este momento tenemos una escala de valor establecida: por ejemplo, si un posgrado es A o B según la Coneau, si una carrera está o no acreditada, etc.
P- ¿Esto tiene alguna relación con los rankings internacionales?
R- A nivel internacional se desarrollan otros procesos que se relacionan con la ampliación de un mercado. El mismo proceso que se dio en el país de expansión de la educación universitaria se dio en el mundo, y además se internacionalizó la educación. Como consecuencia surgió la necesidad de establecer la validez de los títulos. Por ejemplo, lo que se llama MBA (Másters en Administración de Negocios) tiene un examen estandarizado y eso te permite acceder a determinados posgrados en determinadas universidades ¿Cómo se forma el ranking de universidades? Por ejemplo, con opiniones de empleadores respecto de los graduados, también se evalúa la formación de los docentes, los papers que ahí se producen, la relación entre estudiantes y docentes (en general a esos rankings no les gustan las universidades muy masivas) y otro elementos, como lo que se llama eficiencia interna (cuantos se gradúan, etc.). Esto genera un negocio en el que las empresas que hacen estos rankings le venden asesoramiento a las universidad sobre cómo estar mejor posicionados.
P-¿Cómo debería ser el proceso de evaluación?
R- En esta evaluación deberían participar los cuatro claustros que componen la comunidad académica. También se puede pensar en otras instituciones que se relacionen con los graduados y la formación académica, como las autoridades educativas en el caso de la formación docente, por ejemplo. Rendir cuenta de que se hace en un ámbito académico no es solamente llenar informes que te miden la productividad y la cantidad de papers que produjiste. Hoy, lo único que se mide es en términos académicos individuales la capacidad de producción y de transmisión, pero no se evalúa el rol de la institución en su conjunto. Yo creo que se podrían incorporar elementos como la forma de gobierno por la que se rige la Universidad. También se podría ver la vinculación territorial que la institución tiene, hacer pesar la extensión universitaria. El debate en torno a la Coneau clausuró cualquier otra discusión en torno a esto en algunos ámbitos, como la UBA y la Universidad del Comahue. Otras instituciones decidieron acreditar porque eso también significaba dinero, hubo inversión detrás de estos procesos.
P-¿Cuál es su de la situación universitaria argentina?
R- Los años de gobierno kirchnerista fueron bisagra en muchos sentidos. Se puso a la educación universitaria a nivel de derecho a la educación, lo que significa una garantía de que todo aquel que quiera debería poder cursar y acceder a una universidad útil y de calidad. Pero para poder lograr esto hay que contar con una planificación integral, y esto fue una falla en la última década. Hubo una dinámica de competencia entre universidades nacionales por la matrícula, se abrieron carreras sin tener un estudio previo respecto de la cercanía con otras universidades. Con el gobierno actual, el problema es principalmente de financiación. Sin embargo yo creo que lo que hay no es falta de planificación, sino desinterés. Un proyecto ya conocido: volver a una universidad elitista, arancelar y que genere recursos propios.
Graciela Morgade: decana de la Facultad de Educación, UBA
Datos
- Hoy lo único que se mide es, en términos académicos individuales, la capacidad de producción y de transmisión, pero no el rol de la institución en su conjunto.
- Hay un negocio en el que las empresas que hacen rankings les venden asesoramiento a las universidades para estar mejor posicionadas.