La distancia de los escritorios gubernamentales

Domingo 6 de mayo de 2001 La distancia de los escritorios gubernamentales Esta es la segunda columna que "Río Negro" brinda con detalles de la intimidad histórica de la ciudad. Durante un año, todas las semanas se reconstruirá las huellas del pasado. Noventa años atrás, el 8 de mayo de 1911, el ministro del Interior Indalecio Gómez le comunicó al gobernador de Neuquén Eduardo Elordi la exoneración del comisario de Nahuel Huapi, Manuel Rúa, "quien ha cometido abusos de autoridad contra distinguidas personas de nacionalidad chilena, que en calidad de turistas, visitaban esos lugares". El decreto –que lo había suscripto el propio presidente Roque Sáenz Peña el 29 de abril anterior- también dejó sin su cargo al comisario de Bariloche Gabriel Marty (reemplazado por José Alanis, que ya había ejercido en mismo cargo pero esta vez con el infortunio de gestársele una afección coronaria que lo llevó a la muerte). La exoneración de Marty desoyó los atenuantes del gobernador de Río Negro, Carlos R. Gallardo, quien pocos días antes (desde Viedma, el 17 de abril del mismo año) le había peticionado al ministro aceptara suscribir el traslado del comisario del lago "que desde hace tiempo viene siendo víctima de injustos ataques por los corresponsales de diarios y vecinos poco escrupulosos en sus relaciones con las autoridades". Las exoneraciones fueron una secuela -quizás exagerada desde los distantes escritorios gubernamentales- respecto a un episodio superado. Había ocurrido a mediados de febrero de 1910, y por sus características había alcanzado lugar en los diarios porteños, algo que aumentó la celosa sensibilidad de los funcionarios. ¿Pero cuán tremendo era el suceso? La región sureña estaba alarmada desde el asesinato del gerente de la Compañía Mercantil del Chubut Lloyd Ap Iwan, acaecido el 29 de diciembre de 1909 en la chubutense localidad de Arroyo Pescado. Los asaltantes fueron los norteamericanos Bob Evans y William Wilson y el argentino hijo de galeses Mansel Gibbon. Sin el botín que esperaban hallar, la muerte inútil de alguien que había sido personaje relevante en las comisiones de límite, molestó a los habitantes del Lejano Sur. Para colmo, los diarios retomaron los antecedentes de otros bandidos norteamericanos –más eficaces en su fechorías- y lograron encender la fantasía de muchos lugareños: erróneamente sospecharon del trío compuesto por Santiago P. Ryan, Harry y Etta Place, que hacía tiempo había fugado a Chile (incluso, para entonces, los dos primeros ya ya había sido abatidos en Bolivia). Para infortunio del comisario Rúa de Nahuel Huapi, una mañana de mediados de febrero de 1910 fue llamado por el encargado del telégrafo para que viera a dos extranjeros y una mujer. El propio Rúa explicó su encuentro en un descargo que elevó un año y tres meses después para evitar su exoneración y en la que comenzaba por aludir al fallido asalto en el Chubut. "Los asesinos del gerente se perdieron completamente, uno de ellos se llamaba Hard…" mencionó, realmente equivocado. De su encuentro con el trío que permanecía en la oficina de telégrafo de Nahuel Huapi dijo que de esas personas una "…era norteamericana y otra chilena, a quienes hacía compañía una señora en traje de hombre, armados todos y con munición en los cinturones. Al ver uno de ellos lo noté con mucho parecido al asesino Hard según filiación que tengo", concluyó. Los dos hombres y la mujer eludieron al comisario argumentando urgencia en camino de una estancia. Rúa le pidió datos de esos personajes al telegrafista y éste le indicó que el sospechado por el comisario firmaba Ward. No dudó (Hard o Ward) en ponerse en la saga, y no sólo eso, "los hago espiar y en vez de ir a la estancia que dijeron, tomaron para San Carlos de Bariloche". Rúa se unió al comisario barilochense y marcharon al hotel donde exigieron los pasaportes a los viajeros "que no sólo se negaron, sino que se rieron en nuestra presencia". Con el trío preso, la llegada del estanciero Luis von Bülow, todo quedó en nada. El trío recuperó la libertad y el celo del comisario alimentó el expediente de exoneración. Elordi protestó al ministro los cambios que produjo y puntualizó que "…el señor Dasso (Manuel) que nombra en reemplazo de Rúa, ha sido ya empleado de la Policía de este Territorio, no habiendo nunca demostrado ni competencia ni corrección…". La confusión había sido nefasta. Sociales • Cincuenta años atrás, también en esta semana, se inauguraba -en la esquina de Villegas y Mitre- la casa comercial Valles, una amplio local "de buen gusto y la distinción de modernísimas instalaciones". Ese año de 1951, el 12 de mayo cayó sábado, de manera que buena parte del vecindario aprovechó para ver a Tita Merello en Los Isleros, aunque el plato fuerte de ese día en el cine Bariloche fue El Conde de Montecristo, dos motivos de película para pasar la tarde. • Para principios de mayo del mismo año, la Sociedad de Fomento y Propaganda de la ciudad ya llevaba tres semanas con nuevas autoridades. Se destacaban entre ellas el secretario Manuel Porcel de Peralta y los vocales Andrés Festa y Raúl Parodi Cantilo. Fue gestión de este último -con ayuda de las fotografías de los socios Siewsincky y Kalstchmidt- que La Prensa y La Nación de Buenos se interesaran por la región con notas ilustradas. La sociedad también se preocupaba del acicalamiento urbano y pedía a los vecinos de la calle Mitre arbolaran las veredas. • El viernes 10 de mayo de 1940 la colectividad suiza de Bariloche perdió a uno de sus jóvenes miembros: Pablo Schaffner –de 42 años- que era un activo miembro de los clubes Andino Bariloche, Tiro Federal y el Club Suizo. Al día siguiente se casó el periodista colaborador de La Voz Andina, Carlos Alfano con Albertina Irene Fernández. El periodista que llegaría a ser director de esa publicación, por entonces comandada por Salvador Valdacchino (h.), fue agasajado por éste con la tradicional despedida de soltero. La cena concluyó en los billares del recién inaugurado bar Mitre, de Mansilla y Calvo, que atendía reservas por comidas al teléfono Nº 22. ® Copyright Río Negro Online - All rights reserved Tapa || Economía | Políticas | Regionales | Sociedad | Deportes | Cultura || Todos los títulos | Breves || Ediciones anteriores | Editorial | Artículos | Cartas de lectores || El tiempo | Clasificados | Turismo | Mapa del sitio Escríbanos || Patagonia Jurásica | Cocina | Guía del ocio | Informática | El Económico | Educación



Noventa años atrás, el 8 de mayo de 1911, el ministro del Interior Indalecio Gómez le comunicó al gobernador de Neuquén Eduardo Elordi la exoneración del comisario de Nahuel Huapi, Manuel Rúa, “quien ha cometido abusos de autoridad contra distinguidas personas de nacionalidad chilena, que en calidad de turistas, visitaban esos lugares”. El decreto –que lo había suscripto el propio presidente Roque Sáenz Peña el 29 de abril anterior- también dejó sin su cargo al comisario de Bariloche Gabriel Marty (reemplazado por José Alanis, que ya había ejercido en mismo cargo pero esta vez con el infortunio de gestársele una afección coronaria que lo llevó a la muerte). La exoneración de Marty desoyó los atenuantes del gobernador de Río Negro, Carlos R. Gallardo, quien pocos días antes (desde Viedma, el 17 de abril del mismo año) le había peticionado al ministro aceptara suscribir el traslado del comisario del lago “que desde hace tiempo viene siendo víctima de injustos ataques por los corresponsales de diarios y vecinos poco escrupulosos en sus relaciones con las autoridades”.

Las exoneraciones fueron una secuela -quizás exagerada desde los distantes escritorios gubernamentales- respecto a un episodio superado. Había ocurrido a mediados de febrero de 1910, y por sus características había alcanzado lugar en los diarios porteños, algo que aumentó la celosa sensibilidad de los funcionarios. ¿Pero cuán tremendo era el suceso? La región sureña estaba alarmada desde el asesinato del gerente de la Compañía Mercantil del Chubut Lloyd Ap Iwan, acaecido el 29 de diciembre de 1909 en la chubutense localidad de Arroyo Pescado. Los asaltantes fueron los norteamericanos Bob Evans y William Wilson y el argentino hijo de galeses Mansel Gibbon. Sin el botín que esperaban hallar, la muerte inútil de alguien que había sido personaje relevante en las comisiones de límite, molestó a los habitantes del Lejano Sur. Para colmo, los diarios retomaron los antecedentes de otros bandidos norteamericanos –más eficaces en su fechorías- y lograron encender la fantasía de muchos lugareños: erróneamente sospecharon del trío compuesto por Santiago P. Ryan, Harry y Etta Place, que hacía tiempo había fugado a Chile (incluso, para entonces, los dos primeros ya ya había sido abatidos en Bolivia).

Para infortunio del comisario Rúa de Nahuel Huapi, una mañana de mediados de febrero de 1910 fue llamado por el encargado del telégrafo para que viera a dos extranjeros y una mujer. El propio Rúa explicó su encuentro en un descargo que elevó un año y tres meses después para evitar su exoneración y en la que comenzaba por aludir al fallido asalto en el Chubut. “Los asesinos del gerente se perdieron completamente, uno de ellos se llamaba Hard…” mencionó, realmente equivocado. De su encuentro con el trío que permanecía en la oficina de telégrafo de Nahuel Huapi dijo que de esas personas una “…era norteamericana y otra chilena, a quienes hacía compañía una señora en traje de hombre, armados todos y con munición en los cinturones. Al ver uno de ellos lo noté con mucho parecido al asesino Hard según filiación que tengo”, concluyó. Los dos hombres y la mujer eludieron al comisario argumentando urgencia en camino de una estancia. Rúa le pidió datos de esos personajes al telegrafista y éste le indicó que el sospechado por el comisario firmaba Ward. No dudó (Hard o Ward) en ponerse en la saga, y no sólo eso, “los hago espiar y en vez de ir a la estancia que dijeron, tomaron para San Carlos de Bariloche”. Rúa se unió al comisario barilochense y marcharon al hotel donde exigieron los pasaportes a los viajeros “que no sólo se negaron, sino que se rieron en nuestra presencia”. Con el trío preso, la llegada del estanciero Luis von Bülow, todo quedó en nada. El trío recuperó la libertad y el celo del comisario alimentó el expediente de exoneración. Elordi protestó al ministro los cambios que produjo y puntualizó que “…el señor Dasso (Manuel) que nombra en reemplazo de Rúa, ha sido ya empleado de la Policía de este Territorio, no habiendo nunca demostrado ni competencia ni corrección…”. La confusión había sido nefasta.

Sociales

• Cincuenta años atrás, también en esta semana, se inauguraba -en la esquina de Villegas y Mitre- la casa comercial Valles, una amplio local “de buen gusto y la distinción de modernísimas instalaciones”.

Ese año de 1951, el 12 de mayo cayó sábado, de manera que buena parte del vecindario aprovechó para ver a Tita Merello en Los Isleros, aunque el plato fuerte de ese día en el cine Bariloche fue El Conde de Montecristo, dos motivos de película para pasar la tarde.

• Para principios de mayo del mismo año, la Sociedad de Fomento y Propaganda de la ciudad ya llevaba tres semanas con nuevas autoridades. Se destacaban entre ellas el secretario Manuel Porcel de Peralta y los vocales Andrés Festa y Raúl Parodi Cantilo. Fue gestión de este último -con ayuda de las fotografías de los socios Siewsincky y Kalstchmidt- que La Prensa y La Nación de Buenos se interesaran por la región con notas ilustradas. La sociedad también se preocupaba del acicalamiento urbano y pedía a los vecinos de la calle Mitre arbolaran las veredas.

• El viernes 10 de mayo de 1940 la colectividad suiza de Bariloche perdió a uno de sus jóvenes miembros: Pablo Schaffner –de 42 años- que era un activo miembro de los clubes Andino Bariloche, Tiro Federal y el Club Suizo. Al día siguiente se casó el periodista colaborador de La Voz Andina, Carlos Alfano con Albertina Irene Fernández.

El periodista que llegaría a ser director de esa publicación, por entonces comandada por Salvador Valdacchino (h.), fue agasajado por éste con la tradicional despedida de soltero. La cena concluyó en los billares del recién inaugurado bar Mitre, de Mansilla y Calvo, que atendía reservas por comidas al teléfono Nº 22.


Comentarios


La distancia de los escritorios gubernamentales