La “energía especial” de los cerros de El Bolsón

El recorrido de montaña se ha vuelto uno de los principales atractivos turísticos y brinda albergue a caminantes del mundo entero.

Los cerros que circundan la ciudad de El Bolsón “tienen un encanto especial”, determinado por los bosques nativos que los cubren, los ventisqueros eternos que coronan las cumbres –donde sólo llegan los cóndores– y que “espiritualmente te hacen sentir una energía especial, te están hablando desde arriba”, valora Matías Arias, informante turístico y guía de montaña nacido y criado en el lugar.

Explica que “la gente llega acelerada, con el ritmo y la rutina de las grandes urbes, con ganas de hacer ya una excursión a los cerros. Lo primero que hacemos es calmarlos, explicarles con paciencia las características de la zona y las recomendaciones. Con el transcurso de los días van aplacando su ansiedad, se levantan a las 10, desayunan tranquilos, ya les pegó la onda El Bolsón y empiezan a disfrutar de otra manera”, se ríe.

Al oeste del río Azul, dentro del Área Natural Protegida, la oferta para los excursionistas incluye una vasta bifurcación de senderos que permiten conocer a fondo los secretos de la cordillera, donde van apareciendo los refugios La Playita, La Tronconada, El Retamal, Conde, La Horqueta, Casa de Campo, Los Laguitos, Hielo Azul, Natación y Cerro Lindo. El más emblemático e histórico, Cajón del Azul, “está cerrado y pronto saldrá a licitación”, aclararon desde el municipio.

Tienen capacidad para albergar desde 10 a 25 personas y la mayoría suma también una zona de camping donde por la noche se arma un fogón comunitario, que “sirve no sólo para cocinar y calentarse, sino que es punto de encuentro para conocerse, entablar nuevas amistades e incluso escuchar las anécdotas de los lugareños”, indica Arias.

En cambio, si se elige pernoctar en una cama (llevando bolsa de dormir), el costo es entre $ 350 y $ 400 por noche e incluye el uso del baño (varios tienen duchas) y la vajilla. “Se puede cocinar allí u optar por el menú que brinda el concesionario, casi siempre comida de montaña, pizzas y pan casero”.

Asimismo, cada refugiero elabora su propia cerveza artesanal que ofrece a sus visitantes y hace gala de la “mejor agua del mundo”, que utiliza y obtiene de una cascada cercana, y agrega en cada botella “algún hada o duende para hacer más divertida la noche”. “Todos son buenos anfitriones y están preparados para recibir a los turistas. El calor humano que se siente en cada refugio es incomparable”, asegura Arias.

Con todo, resalta que “uno de los preferidos es El Motoco (ya del lado chubutense), a 20 km de la pasarela sobre el río Azul y que demanda entre 8 y 10 horas de ascenso. Allí el paisaje es distinto, está muy cerca del límite con Chile. Se puede llegar hasta la cumbre de otros cerros y también se pasa por los alerces milenarios, con ejemplares de 3.000 años que se no alcanzan a abrazar entre seis personas”.

Desde este punto se puede visitar la Roca del Tiempo, un ícono para los montañistas de la zona que han intentado escalarla desde hace muchos años sin éxito, principalmente por la creencia de que al aproximarse “hay un duende que la custodia y se enfurece”, provocando pronto un mal clima que hace alejarse a los osados. Sin embargo, todos coinciden en que “es el lugar con mayor energía de toda la comarca”.

Antes de emprender alguna caminata es imprescindible pasar por la Oficina de Informes de Montaña, ubicada en Onelli y Roca, donde en el libro de registro se deberá dejar consignados nombre, edad, fecha de ida y vuelta, procedencia, teléfono familiar, recorrido previsto y alojamiento en la ciudad.

Según Arias, “es importante que la familia del excursionista sepa que se va a la cordillera de los Andes, donde no hay señal de teléfono (los refugieros se comunican mediante VHF) y que tampoco se puede ir en malla y ojotas. Hay que ir con calzado y ropa adecuadas porque es cordillera. Hay piedras, bosque y arroyos en ascenso y descenso. También hay que llevar agua mineral, fruta, chocolate, una gorra y anteojos para el sol”.

“Lo ideal es dedicar al menos un día completo para visitar la montaña. Entre las precauciones necesarias, detalló “no tratar de acortar caminos, ya que las lluvias muchas veces alteran lo que pensamos que es una cortada. Hay que andar sólo por los senderos debidamente señalizados (chapas rojas en los árboles que aparecen cada 10 minutos). Tampoco es conveniente tomar el agua que aparece en el camino, aun cuando es de origen glaciar y no está contaminada. Siempre se recomienda a los turistas que carguen agua donde hay una correntada, lo ideal es que cada caminante lleve al menos un litro y medio para hidratarse”.

“Es un circuito único en Latinoamérica, donde los refugios están conectados por huellas dentro de bosques de coihues y alerces milenarios”.
Sofía Seroff, directora de Turismo.
En números
40.000
excursionistas subieron la temporada pasada a los refugios de montaña al oeste del río Azul.
$ 100
a $ 150 sale acampar en los refugios. El plato del día cuesta $ 250 y $ 150 el desayuno.
Las 14
es el horario máximo para emprender el ascenso al Hielo Azul desde la Oficina de Informes y a las 16 desde chacra Wharton.
Corresponsalía El Bolsón

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