La ermita de Ceferino, lugar de paso cotidiano para los fieles
<i>kilos pesa la estatua de Ceferino y mide 4,70 metros. Fue hecha por Aldo Beroísa.</i>
Matías Subat
NEUQUÉN (AN).- La fe es un acto cotidiano. Vigoroso, ineludible. Los devotos no aguardan a los aniversarios para manifestarse. Lo hacen a cada momento. Los gestos de entrega sacian la urgencia y permiten seguir camino.
Eso sucede en la ermita de Ceferino Namuncurá erigida frente a la Ruta Nacional 22, en el paraje Neuquén del Medio, ubicada a unos treinta kilómetros aproximadamente de Cutral Co. En 2013 se colocó una imponente estatua del beato que supera los cuatro metros. El santuario popular recibe diariamente a personas que interrumpen su recorrido para dejar sus ofrendas: una oración, una vela. Quien llega sabe que debe tocar la campana al entrar y al irse, como hizo un joven cantante zapalino junto a su padre, del que heredó la devoción (ver recuadro).
Dentro del templo hay cascos de trabajadores, muchos de ellos petroleros que agradecen “por poder volver a casa” (ver recuadro). También camisetas de clubes, permisos de pesca deportiva, títulos de bachillerato, licencias de conducir, imágenes de Cristo, dinero, placas recordatorias, flores, fotos carnet, estampitas, y un cuaderno para quien quiera dejar un mensaje.
Enfrente está el santuario de la “Difunta Correa”, repleto de chapas patentes y botellas de agua para colmar su sed.
Es un día de semana cualquiera, a la tarde, y el sol azota impiadoso. No cesa el paso de personas que vienen en camión, auto, moto, bicicleta. Suena la campana otra vez, alguien se persigna. El sonido se mezcla con el de la cigüeña petrolera, usada para sacar agua, ubicada en el fondo de la proveeduría que atiende Nelly. El local es un oasis para los visitantes y para la propia Nelly, que hace catorce años está allí y pronto regresará a Cutral Co (ver recuadro). Detrás del mostrador, desde el que recibe a la clientela, hay un cartel en la pared que dice “Penas y alegrías de un trabajador.” “Es como dice ahí, llevo las dos cosas por igual”, comenta. Uno de los últimos devotos que pasa aquella jornada, Miguel de 81 años y medio, se ofrece a conversar sin problemas, como la mayoría.
–¿Qué lo trae a Ceferino?
–La fe, la fe que te hace prácticamente seguir adelante.
El santuario popular recibe diariamente a personas que interrumpen su recorrido para dejar sus ofrendas.
Laura Loncopan Berti
lauraloncopan@rionegro.com.ar
NEUQUÉN
Matías Subat
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios