La escuela de Pichileufu renació de sus cenizas

Cuatro años después del incendio que destruyó el edificio, inauguraron las instalaciones de la nueva Escuela Hogar 231



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Cómoda y calefaccionada, la escuela hogar está emplazada en un medio inhóspito, a 50 kilómetros de Bariloche.

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB) – Cuatro años y medio después de haber sido consumida por un incendio, la Escuela Hogar 231 de Pichileufu abrió su flamante edificio a las risas y miradas infantiles de los 30 alumnos que comenzarán el lunes el ciclo lectivo 2006/07.

El edificio de 800 m2 de superficie y $ 1.036.441,47 de costo fue construido con fondos de la Nación. Vino a reemplazar el establecimiento siniestrado el 10 de febrero de 2002. “No fue en los tiempos en que lo hubiéramos querido hacer”, admitió el gobernador. Miguel Saiz, quien presidió los actos.

El mandatario reconoció la predisposición de la Nación para darle prioridad dentro de las 13 escuelas que había comprometido en Río Negro -“que hoy son 16”, dijo- en el marco del Plan Nacional 700 escuelas.

“Hoy volvemos al mismo sitio pero ya no somos los mismos”, concluyó el director Sergio Flores, luego de recordar “la obstinación por lograr la reconstrucción” y que “no fue fácil hallar un espacio; tampoco la convivencia en Pilca Viejo, donde no contábamos con lo mínimo”, entre otras vicisitudes. En un breve diálogo comentó que aún falta el mobiliario, pero “de a poco irá llegando”.

Un vecino trajo la bendición escrita del párroco de Pilcaniyeu y Comallo, Francisco Smella, que finalizaba su mensaje con una peculiar versión del Padrenuestro: “…y no nos dejes caer en la desertización que a la muerte conduce, que niega la obra y aniquila la vida; y líbranos del conformismo para que transforme nuestras vidas…”

De todo el paraje, nadie faltó al acto, que fue más fiesta que inauguración y se extendió como tarde de domingo, con chicos jugando al fútbol y grandes en torno del fogón donde el infaltable asado coronó la ceremonia y los discursos.

Pichileufu queda a unos 50 kilómetros de Bariloche por la ruta nacional 23, de ripio, y al lugar se llega por un corto desvío tras sortear el puente sobre el río homónimo.

El paisaje impone de una hermosura agreste. Filosos afloramientos de rocas, suaves ondulaciones de la estepa y las coníferas -ya añosas- otorgan el mismo reparo que a la antigua escuela. La nueva reluce en sus techos de chapa acanalada que cubren dos amplias alas: aulas por un lado y albergue por otro.

En la parte de enseñanza, hay dos salones de clases, una biblioteca, sanitarios y la dirección. En la articulación con el sector de residencia, un salón de usos múltiples se abre al comedor y a los dormitorios para niñas, niños y docentes. Otras tantas baterías de sanitarios están provistas de duchas con agua caliente, además de una unidad para personas con necesidades especiales. Cocina, depósito, lavadero y ropería completan las instalaciones dotadas de calefacción por gas en zepelines. Separada, se halla la vivienda del director.

De los 30 alumnos, entre 10 y 12 que viven lejos, dormirán en el albergue de lunes a viernes. El personal de la escuela está constituido por 7 docentes, incluido el director, y 5 no docentes.

Un grupo de maestros rurales que asistieron a la inauguración interceptaron al gobernador Saiz para entregarle un petitorio por la falta de mínimo mantenimiento en escuelas de diferentes parajes.

Consideran que no se debió delegar esa responsabilidad en los municipios o comisiones de fomento porque los trabajos no se hacen o son costosos por demás.


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