La estirpe continúa



Lo advertía hace no mucho Hugo Tocalli, cuando aún era el entrenador de los seleccionados juveniles y pasaba horas y horas escrutando con ojo fino en divisiones inferiores: “Lo que no hay, lo que no se ve, son números 10; chicos que jueguen de enganche. Los técnicos de las inferiores no trabajan a conciencia en ese aspecto, y como consecuencia cada vez surgen más volantes de ida y vuelta y menos estrategas pensantes”. Vale decir, de acuerdo a las palabras de Tocalli, que no es cuestión de escasez, sino de formación. De ayudar a que un chico discipline su talento para que piense. Pensar, como cualquier ejercicio, ayuda a desarrollar el mismo músculo que hace posible ese pensamiento: el cerebro, de donde surgen, sea intuitiva o intelectualmente, todas las acciones. Y como será de importante pensar en el fútbol que ayer, sin descollar, los hombres que hacen eso fueron los que se destacaron. Marcelo Gallardo, arquetipo del 10 de escuela millonaria, volvió a conducir a River hacia una victoria. El “Muñeco” abrió el marcador con un tiro libre cuyos derechos de autor bien podría reclamar el “Beto” Alonso o tantos otros surgidos en Núñez. También 10, también de buena pegada pero zurdo y más vertiginoso, Federico Insúa debutó en Boca con buen pie. Tres asistencias, mucha participación en el juego y un poco de sacrificio le bastaron al ex Independiente para resaltar ante Gimnasia. Insúa tal vez no encarna con la exactitud de Gallardo el puesto de 10 clásico, pero sí atesora en su pierna izquierda mucho de lo que siempre tuvieron los prohombres de ese puesto: la capacidad para ser el conductor, el referente ineludible de un equipo, el tipo del que depende buena parte de las esperanzas de un grupo. De igual modo, Rubén Capria -que a los 35 años quiere asumir el liderazgo futbolístico en Racing-, Leandro Gracián en el Vélez campeón y Giovanni Hernández en Colón son los hombres que aspiran a perpetuar la estirpe. Como los jugadores de revés a una mano en el tenis, los enganches parecían tener fecha de defunción. Estos obcecados talentosos intentan desmentir esa sentencia de la mejor manera posible, jugando y pensando. Pablo Perantuono


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La estirpe continúa