La formación de un médico asistencial en la Argentina



La carrera de Medicina se ha transformado desde hace muchos años en una de las más largas y de mayor sacrificio personal, familiar y del Estado. Las universidades públicas y el Ministerio de Salud, con sus hospitales escuela, brindan a los estudiantes de la carrera la posibilidad de realizar sus prácticas dentro de ellos asistiendo a pacientes de las más variadas afecciones a lo largo de su formación.

Es alta la inversión que hace el país en la adecuada capacitación de médicos de excelencia, ya que la media en años de preparación de un médico especialista es de 11 a 12 años.

Hoy también se ofrecen estas oportunidades en universidades y hospitales privados; no obstante, las universidades y los hospitales universitarios tradicionales argentinos siguen gozando de merecido prestigio.

Tomando como ejemplo a un estudiante de Medicina de la UBA, éste debe realizar el primer año de ciclo básico común y luego la carrera universitaria de seis años (teórico en la facultad y unidades hospitalarias con prácticas en los hospitales escuela tales como el Hospital de Clínicas). Al séptimo año se exige el llamado "internado rotatorio", ciclo de un año lectivo en el cual los alumnos rotan por las especialidades básicas dentro del hospital, todavía como estudiantes "ad honórem". Éstas son: clínica médica, cirugía, pediatría y ginecología. Finalizado el ciclo académico, luego de ocho años de estudio, se recibe el título de médico o de doctor en Medicina.

El título de médico habilita para atender pacientes pero no otorga especialidad; para ello se debe realizar la residencia médica en cada especialidad. A las mismas se accede mediante un examen en el que los cupos no superan del 10 al 20% del total de los egresados de las facultades de Medicina.

Los lugares más "codiciados" por los egresados casi siempre se ubican en los principales centros urbanos, ciudades con universidades de trayectoria y hospitales de gran casuística que son los que permiten una mejor capacitación y oportunidades de aprendizaje.

El programa de residencias consiste en la formación de posgrado del médico en tarea asistencial, docente e investigación. Consta de tres a cinco años de dedicación exclusiva hospitalaria, con un régimen horario de 80 horas semanales (trabaja ocho horas diarias más dos a tres guardias semanales). Los residentes "viven" en los hospitales, manejando en los años superiores prácticamente todo el quehacer asistencial y capacitándose en habilidades y destrezas. Reciben por ello un salario muy pequeño y en algunos casos sólo becas sin aportes jubilatorios ni cobertura social.

Realizan jornadas agotadoras y de enorme responsabilidad que exigen un gran esfuerzo físico, psíquico e intelectual, con dedicación hospitalaria exclusiva.

Finalizada la residencia y tras haber invertido doce años para formarse seriamente, el médico debe procurarse su lugar de trabajo y sustento. Su formación no garantiza que consiga trabajo de inmediato.

Algunas sociedades científicas -la Sociedad Argentina de Pediatría, por ejemplo- exigen a los profesionales una vez finalizada la residencia rendir un examen teórico y práctico para lograr ser especialista en pediatría. Luego se debe mantener esta acreditación presentando anualmente el puntaje para la recertificación de médico pediatra.

Los principales servicios de instituciones públicas y privadas intentan conformar sus equipos médicos con ex residentes de los hospitales más prestigiosos del país en cada especialidad.

Así se van insertando los jóvenes médicos en los distintos sectores del sistema de salud.

En Río Negro y en el Hospital de Bariloche tenemos el honor de contar con profesionales debidamente acreditados en los servicios de todas las especialidades (es decir que han realizado una o más residencias y obtenido su especialidad).

¿Qué ocurre en nuestro país con quienes no realizaron residencias ni especialidades? Como el título de médico habilita para asistir pacientes, comienzan a trabajar en todos los sectores, completando su formación individualmente.

Ni el Estado, ni los colegios médicos ni la mayoría de las obras sociales priorizan en general al profesional con mayor capacitación formal, de modo que nos encontramos con convenios de todo tipo, provinciales, nacionales y de colegios médicos, que otorgan la especialidad al médico que realizó esta tarea durante cinco años en la provincia sin una evaluación final ni un programa de capacitación formal. Todo vale, pues las universidades no intervienen en la capacitación de posgrado y los convenios que nuestra provincia realizó con algunas sociedades científicas para "homologar" los exámenes no siempre se respetan.

¿Qué pasa, entonces? Da igual la formación de excelencia que la desinformación; no hay en la provincia distinción alguna en cuanto al nivel académico ni de posgrado. No existen concursos ni carrera hospitalaria pese a haberlo reclamado desde los profesionales durante años.

En la provincia hay localidades en las que ingresan médicos recién egresados sin ninguna especialidad, con los riesgos que ello implica para la atención de calidad y a pesar de que Río Negro cuenta con residencias en medicina general en los hospitales de mayor complejidad.

La excelencia en capacitación tampoco se traduce en los sueldos: un profesional que acredita más de una especialidad, título de especialista validado en su Sociedad Científica, ser profesor universitario, ser titular de cátedra y haber publicado trabajos de investigación, etcétera, cobra igual que el que recién egresó de la universidad. Sólo se contemplan los años de antigüedad y el cambio de categoría cada cinco años, oportunidad en que se incrementa en un pequeño porcentaje del sueldo básico.

Las jefaturas de servicios, departamento o directivos reciben una pequeña suma no remunerativa que resulta irrisoria para la responsabilidad que implica asumir los cargos de conducción en nuestra provincia y más aún en localidades muy alejadas de centros médicos de mayor complejidad.

La capacitación que los profesionales realizan individualmente -a distancia, viajando para rendir los exámenes- es costeada por cada uno y en algunos casos un médico ha debido renunciar a su cargo en la provincia para completar rotaciones anuales en especialidades críticas, perdiendo su antigüedad y categoría pese a "devolverle" al hospital su trabajo profesional mejor especializado.

Hay evidencia de que la adecuada capacitación profesional mejora la calidad de la asistencia y también beneficia a las instituciones con el uso racional de recursos. La población está mejor asistida y los hospitales manejan mejor sus gastos, derivando sólo los casos que no pueden resolverse en la localidad por su nivel de complejidad.

LUCíA ANGAUT (*)

Especial para "Río Negro"

(*) Médica pediatra. Hospital Zonal Bariloche

LUCíA ANGAUT


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