la gran tentación

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Tío Tom, chocolatería y heladería que se convirtió en un clásico.

“Mi fuerte no es la verborragia”, se disculpa Ricardo William Andersen (73), el hombre detrás de la famosa chocolatería y heladería Tío Tom. “Yo soy un hombre de trabajo, no un productor de fantasías”, explica entre sonrisas. El emprendedor autodidacta arribó a la ciudad en los primeros años de la década del 80 y enseguida reconoció la necesidad del pueblo de contar con una chocolatería. “Entonces empecé a estudiar, le puse el corazón, trabajando a prueba y error muchas veces, hasta alcanzar premios muy importantes nacionales e internacionales”, cuenta. La primera chocolatería Tío Tom se ubicó en 1986 en la calle Milanesio entre Ginés Ponte y Coronel Suárez, un pequeño local donde se producía y vendía al público mayormente local, ya que todavía no había mucho turismo, rememora Andersen. “En ese mismo local agregué la heladería, y allí estuvimos hasta el año 92, cuando nos mudamos a la esquina frente a la plaza principal, en San Martín y Lamadrid, frente al banco Provincia”. A lo largo de los años han inventado montones de sabores en helados y chocolates para deleite de los buenos paladares, entre los que se destacan el Tom Roché, el Borrachito, la Lluvia de naranja y las Trufas de limón. “El premio más importante con que nos distinguieron fue en un encuentro internacional de heladeros en Río de Janeiro, Brasil, adonde nos habían invitado. Yo no podía ir, así que viajó Mary Saihueque, quien reprodujo tal como fabricábamos acá el gusto banana. Y les ganamos a todos”, recuerda. En cartelera se mantiene un mínimo de 32 sabores helados, y todas las variedades de chocolate posibles. La forma de producción es artesanal. “Fabricamos todos los días en forma totalmente artesanal, en el mismo local. Cada bombón, por ejemplo, pasa 5 ó 6 veces por las manos de las chicas antes de salir a la venta, primero rellena, se baña, se deja secar, se recorta, se envasa y va sobre bandeja al mostrador”, detalla Andersen, quien continúa manejando la producción y venta él mismo, tal como desde el primer día de Tío Tom.


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