La grieta del bloque patagónico
Las diferencias entre Pereyra y Ávila atentan contra la unificación de medidas ante la crisis
Enfrentamiento sindical
FEDERICO ARINGOLI federico@rionegro.com.ar
Los momentos críticos suelen sacar a la luz las diferencias. Algo así parece estar ocurriendo entre los modelos sindicales de las principales cuencas petroleras del país: Chubut y Neuquén. Entre Jorge “Loma” Ávila y Guillermo “Caballo” Pereyra. Lejos quedó la voluntad de reflotar el poderoso “Bloque Petrolero Patagónico” -una insinuación montada contra el Impuesto a las Ganancias a fines de 2014- y por el contrario ahora se acusan de no tomar las mejores decisiones para sus afiliados. La crisis internacional de los precios del petróleo terminó por filtrarse tras el cambio de signo político en el país. La cuenca del Golfo San Jorge necesitó de un áspera gestión, encabezada por su gobernador Mario Das Neves, para conseguir un subsidio directo que evite la continuidad del parate y evite los despidos masivos. En la Neuquina, en cambio, el sindicato acordó “suspensiones rotativas” para gambetear temporalmente las cesantías. Las realidades de ambas cuencas son diferentes. En Chubut la mayor parte del crudo se exporta a valores internacionales, por debajo de los 30 dólares. Por eso desde mediados de diciembre se acordó bajar equipos a la vez que se liquidaban vacaciones y días compensatorios adeudados. Las críticas de Pererya fueron directas: “cuando se acuerda bajar un equipo nadie puede dar garantías de que se vuelva a poner en marcha”. Recién meses más tarde ocurrió algo similar en la cuenca neuquina con 500 operarios que salieron de vacaciones y se les liquidaron los francos acumulados. “Acá no firmamos nada, si dicen (las empresas) que no tienen dinero para seguir que les den vacaciones a los compañeros, pero queremos que los equipos vuelvan a funcionar”, dijo por entonces Pereryra. Cuando se cumplió el plazo se activó la preocupación. Fueron las empresas de servicios especiales nucleadas en la Ceope quienes elevaron al ministerio de Trabajo un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) buscando anticipar que ante la baja de la actividad podrían prescindir de parte de sus planteles. La negociación, no evitó la puesta en marcha del PPC, pero los sindicatos pudieron “canjear” que no haya despidos y aceptaron implementar un régimen de “suspensiones rotativas” para unos 2.000 trabajadores. En este caso fue Ávila quien salió responder. “En la Cuenca del Golfo San Jorge, con un barril interno de 54 dólares y un barril de exportación a 30 dólares, conseguimos la estabilidad laboral por seis meses”, dijo y agregó que no se explica cómo Pereyra aceptó un acuerdo “tan desventajoso” con las mejores condiciones que ofrece Vaca Muerta. El sindicalista chubutense, enfrentando con el gobierno nacional, advirtió esta semana que no aceptarán un acuerdo similar y aseguró que la Ceope busca “instalar el cuco de los despidos” en esa provincia como ya lo hizo en Neuquén. El convenio firmado para el sur con Nación, por el que se subsidiarán directamente 10 dólares por barril exportado (7,5 dólares a cargo del gobierno nacional y 2,5 de regalías provinciales), deja en claro que no puede haber despidos, sin embargo las empresas de servicios especiales, nucleadas en la Ceope que tiene a su cargo el 70% del personal, no fueron parte del acuerdo y reclaman participación. Esta ecuación amenaza con un conflicto en puerta. Pereyra, que mantiene buenas relaciones con el gobierno de Mauricio Macri al igual que el gobernador Omar Gutiérrez, dijo de las críticas de Ávila que “forman parte de algo que está en extinción como lo es el Frente Para la Victoria (FpV)”. Por el contrario destacó el acuerdo alcanzado, del que aseguró ningún trabajador estará más de 15 días suspendido y con un remuneración de hasta 40 mil pesos, pero reconoció que si bien es prorrogable en caso de no haber cambios en la industria sería “prolongar la agonía”. Las primeras diferencias políticas entre ambos dirigentes se mostraron cuando el excandidato presidencial Daniel Scioli organizó una reunión de la Ofephi en Neuquén donde de los sindicatos estuvieron solo los del sur. Luego se acentuaron con el clima electoral. Y ahora lo que parece salir a luz son diferencias programáticas irreconciliables, con un cruce de acusaciones antisindicales del que parece sacar provecho la dirigencia empresarial.
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