La historia de Luis

claudio andrade candrade@rionegro.com.ar

La escena parece una escena propia de los hermanos Marx. Luis es trasladado por dos camilleros hasta su cama. La camilla no pasa sin importar cuanto estrujen los fierros los muchachos y Luis soporta con mirada estoica el trámite. No aparenta ninguna enfermedad. Es un hombre de contextura fuerte víctima de extrañas circunstancias. “¿Qué te pasa”, lo interrogo. “Tuve un infarto”, me explica y calla. Después será mi turno. Un enfermero llamará a la puerta y me dirá que en cualquier momento vienen por mí. En parte para disolver el miedo y por deformación profesional le pido a Luis que me cuente su historia, la historia de su vida hasta su infarto. Pero justo cuando comenzaba a interiorizarme alguien me convoca para escribir un capítulo menor de mi propia biografía. “¡Fuerza, Claudio!”, me grita Luis y sus palabras me animan. A la vuelta, aún con residuos de anestesia en el cuerpo, Luis se explica: “Te cuento mi vida para que la escribas”. Así la escribo entonces. Así la cuenta Luis. “Un día, tendría 20, dije me voy y me vine de Angol para la Argentina; aquí aprendí a lo que me dedico”, arranca Luis. Aquello a lo que se dedica es un algo que no alcanzo a comprender muy bien. Entiendo que su intervención permite que los árboles frutales se vuelvan más fértiles, más productivos. Pasarán las horas entre ambos atravesadas por innumerables detalles técnicos. Cuándo una planta es virgen. Cuándo se encuentra en su momento ideal. Las formas geométricas de las plantaciones. La forma precisa del corte. El movimiento y la posición de la herramienta. El movimiento y la posición de la mano. El clima. “Yo fui un croto. En serio, no me avergüenza decirlo. Yo era un borrachín y se lo conté a mi familia en Chile cuando nos reencontramos. Viví un tiempo en una chacra pero yo andaba en la calle. La chacra fue mi perdición y al mismo tiempo donde más aprendí”, dice. En esa curiosa combinatoria de alcohol y aprendizaje chacarero, Luis transcurrió sus días más jóvenes. Tuvo una hija a la que dejó de ver cuando aún era pequeña. Su desgarradora ausencia lo empujó a la autodestrucción. Pero ya no bebe. Lleva 20 años sin probar una gota. “Estaba como siempre, tendido en una cama y había abierto la caja de vino. Me serví la mitad y cuando me lo iba a tomar pensé: ¿para qué tomo?, no voy a tomar más”. Una noche fue invitado a un asado con sus antiguos compañeros. “No sabían que había dejado de tomar. Estaba tomando gaseosa hasta que uno me preguntó: ‘¿No vas a tomar?’. ‘No, si ya no tomo’. ‘¿Pero cómo no vas a tomar, huevón?’, me gritó”. Su amigo agarró un vaso de vino y se lo vació en la cabeza. El líquido manchó su ropa. De refilón descubrió un cuchillo y por primera vez en su vida sintió el llamado oscuro de la violencia. Antes que cometer un estupidez se fue del lugar. Se repuso. Se dedicó con disciplina al trabajo. “Ahora viene un ingeniero y me dice señor. Pero a mí no me gusta que me digan señor, porque nunca fui un señor; yo era un croto”, dice pero ya no me mira. Sus ojos se pueblan de lágrimas. Su voz se quiebra. Nunca dejó de pensar en su hija. De imaginar cómo habría sido si hubieran estado juntos. Luis ha permanecido solo. En los últimos años ha ido a visitar a su familia en Chile. Sus padres estaban convencidos de que había muerto. Un chistoso pasó un día por la casa paterna y les dio esa noticia falsa: “Cuando conseguí su teléfono y llamé a mi hermana, me dijo: ‘¿Quién es usted? ¿Por qué se burla de nosotros? Luis está muerto’”. No puedo evitar el lugar común al suponer que su corazón roto es también una consecuencia de la soledad crónica. Al rato, para sacarlo de la habitación, otros camilleros harán su propia versión de aquel acto de malabarismo inicial. “¡Fuerza, Luis!”, le digo antes de que su imagen de hombre recio y herido se pierda por la puerta.

mediomundo


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Ver planes ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora