La histórica visita de Obama a Cuba y un deshielo irreversible
BETO ZEPPA
El escenario de un presidente estadounidense aclamado en La Habana, una situación que pocos meses atrás podía generar escalofríos en la dirigencia cubana, dejó esta semana, en cambio, una imagen alentadora a uno y otro lado del estrecho de Florida: la visita oficial que Barack Obama realizó a la isla, calificada unánimemente como histórica, abrió una nueva hendija en la relación bilateral bloqueada desde hace más de medio siglo. “Pido al Congreso que levante el embargo”, dijo el jefe de la Casa Blanca ante un abarrotado Gran Teatro de La Habana y recibió una ovación que ni la cúpula gobernante que rodeaba al presidente Raúl Castro y escuchaba desde un palco pudo dejar de acompañar, aunque fuera con obligados aplausos. Es que, pocos párrafos antes, Obama había insistido en que “la democracia es la vía para lograr avances” y la sola mención del latiguillo con que históricamente se justificó el bloqueo impuesto a la isla resultaba un trago amargo para Castro y sus acompañantes, entre ellos el primer vicepresidente, Miguel Díaz Canel, tenido como el más probable sucesor de Raúl para el 2018. En el último año de sus ocho de mandato Obama dio una muestra contundente de su voluntad de torcer las políticas seguidas por sus diez antecesores en la Casa Blanca. Aun incumplida su promesa primigenia de cerrar la base de Guantánamo como prisión de quienes Washington considera terroristas y con un Capitolio lejano a replantearse el bloqueo como herramienta de presión para La Habana, el líder demócrata echó mano a las atribuciones presidenciales para imponer un cambio de rumbo que se vislumbra muy difícil de volver atrás. El restablecimiento de las relaciones bilaterales decidido en diciembre del 2014, que en poco más de un año de vigencia redundó en un aumento superior al 50% en los viajes de estadounidenses a la isla, quedó evidenciado con esta visita como la cabecera de playa para una política exterior que Washington busca replantear, también, para con el resto del continente americano. La estrategia, lejos de poder considerarse un gesto de resignación (como lo califican los sectores ultraconservadores estadounidenses), busca un reposicionamiento que el propio Obama resumió en esta frase: “Una política de aislamiento diseñada en la Guerra Fría tiene poco sentido en el siglo XXI”. En cambio del bloqueo, la propuesta que Obama decidió llevar lo más lejos que le fuera posible antes de abandonar la Casa Blanca plantea el tendido de nuevos puentes hacia la isla: por vías como la actualización tecnológica y comunicacional, la facilitación del envío de remesas y los viajes familiares y la progresiva entrada en el desarrollo turístico cubano, Washington decide apostar a que su influencia se imponga, incluso, a principios tan férreamente defendidos por La Habana como la igualdad de acceso a la educación y la salud. “El mayor recurso de un pueblo son sus ciudadanos”, recalcó Obama, y su frase sonó a un llamado directo al universo de los cuentapropistas cubanos, un sector que ya representa una cuarta parte de la fuerza laboral de la isla y que por ahora apenas tiene al sector turístico como terreno de acción. Entre la comitiva que acompañó a Obama estuvo Julie Hanna, directora de Kiva, una plataforma de negocios que financia préstamos para pequeños emprendimientos, y esa presencia muestra por dónde Washington pergeña su estrategia de entrada. El desembarco tiene previstas otras playas, como la tecnología informática, y en ese terreno la californiana Google ya tiene avanzado un acuerdo para ampliar el acceso a internet en toda la isla, “necesario para que Cuba entre en el siglo XXI económicamente”, según palabras de Obama. Entre los acompañantes de Obama también estuvieron altos ejecutivos de Starwood y Marriott; la primera ya anunció el primer acuerdo hotelero estadounidense en Cuba en casi 60 años y la segunda lo hará en forma inminente. La hotelería es otra prioridad de Washington, confiado en que las urgencias por quebrar el aislamiento de La Habana le traerán los esperados dividendos.
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