La Iglesia, contra la dádiva generalizada
Los religiosos discuten cómo combatir el clientelismo partidario
Ni de un lado ni del otro. Así se ubicó la Iglesia Católica en la polémica desatada entre el gobierno nacional y los piqueteros más combativos por la caída de los planes sociales y la reiteración de los cortes de ruta o calles como modalidad de protesta. Tampoco buscó mediar entre las partes. Sólo atinó a comprender las motivaciones de los unos y los otros.
No obstante, algunos de sus miembros esbozaron una suerte de reclamo a las autoridades para que se afronte el problema de fondo: la falta de trabajo y el hambre de la gente. Lo hicieron convencidos -reconoció a DyN monseñor Pedro Olmedo Rivero (Humahuaca)- de que «las expectativas y esperanzas que generó este gobierno no lograron responder hasta el momento la demanda de los más pobres». Mientras eso ocurre, los referentes eclesiásticos se movilizan -según admitió a DyN uno que otro prelado- en dos direcciones, con el objetivo de instaurar una nueva cultura del trabajo, contraria a la de la dádiva que se generalizó en las últimas décadas.
Por un lado intentan optimizar -con Cáritas Argentina como motor de gestión y en diálogo permanente con la ministra Alicia Kirchner- la ayuda social a través de un eficaz sistema de control comunitario. Sin descartar, como la Iglesia pretendió en la génesis del programa Jefas y Jefes de Hogar, que los subsidios se cobren mediante tarjetas bancarias para impedir el clientelismo y los «vicios» que aún persisten en la implementación de ese programa que, con altibajos, alcanza a casi dos millones de personas.
Aunque algunos crean, como monseñor Agustín Radrizzani (Lomas de Zamora), que «hecha la ley, hecha la trampa», por lo que fomentan un nuevo relevamiento de quienes perciben el beneficio, la eliminación de la manipulación política de los planes y sobre todo una contraprestación acorde con el dinero que perciben.
Los obispos estudian, por otro lado, distintas alternativas «no traumáticas» a la incidencia de los grupos piqueteros en la sociedad. La posición menos transigente la esgrime el titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Carmelo Giaquinta (Resistencia), quien en repetidas ocasiones insinuó -y más que eso- su disconformidad con los «gestos de matonismo» de los dirigentes más combativos. ¿Cómo reclamar hoy según la Justicia? Una pregunta que para monseñor Giaquinta tiene una respuesta «gandhiana».
(DyN)
Ni de un lado ni del otro. Así se ubicó la Iglesia Católica en la polémica desatada entre el gobierno nacional y los piqueteros más combativos por la caída de los planes sociales y la reiteración de los cortes de ruta o calles como modalidad de protesta. Tampoco buscó mediar entre las partes. Sólo atinó a comprender las motivaciones de los unos y los otros.
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