La ignorancia de los Paralímpicos como discapacidad



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opinión

Para los Juegos Paralímpicos Londres 2012 que acaban de finalizar, los organizadores difundieron un instructivo destinado a los periodistas recomendando qué palabras usar y cuáles evitar. En lugar de “los discapacitados” como colectivo, por ejemplo, propuso hablar de “las personas con discapacidades”. Parecería sólo semántica. La socióloga argentina Liliana Pantano afirma que corresponde decir sin eufemismos: “personas con discapacidad”. Ello supone que hablamos de personas, como todos y todas. Y no se refiere a quién es discapacitado sino a quién tiene una discapacidad. Lo adecuado sería evitar términos como “personas con capacidades diferentes”, o con “necesidades especiales” que llevan a reconocer segregando, buscando respuestas aparte de las de los demás. A la hora de describir una discapacidad, la Asociación Paralímpica británica también recomendó evitar expresiones como que un atleta “sufre de”, “es víctima de” o “padece” algo ya que denotan debilidad y tragedia. También pide no hablar de “normal” o “anormal”, ya que son categorías sumamente subjetivas y más aún en los deportes de elite. ¿Acaso Usain Bolt es “normal”? Al menos en ámbitos técnicos, últimamente parece apreciarse una tendencia a usar los términos neutros de personas con y personas sin discapacidad, lo que objetiva el tratamiento. Pues bien, la cobertura de los juegos olímpicos para las personas con y sin discapacidad evidencia una diferencia notable de espacios en medios y horas de transmisión televisiva. Incluso los canales ingleses definieron distintas estrategias. Mientras el Canal 4, transmisor de los Juegos, realizó una impactante campaña con anuncios tales como “Meet the superhumans” (“Conozca a los superhumanos”), la BBC centró su atención en el deporte. Nuestro país no ha sido la excepción a tal regla debiéndose hurgar en la información para averiguar que la delegación argentina obtuvo una medalla de plata, cuatro de bronce y casi una veintena de diplomas. Es muy poco lo que se ha visto y lo que se sabe de nuestros atletas, ni ha tenido mayor repercusión el informe de algún enviado especial –ni siquiera especialista– al evento. Nos privamos de saber las muy interesantes particularidades de estos juegos. Así, la BBC destaca que no participan sordos porque no se pudo llegar a un acuerdo con la asociación respectiva que tienen sus propios “juegos silenciosos”. Tampoco por el momento hay gimnasia deportiva, ni boxeo, mientras que en Río 2016 debutará el triatlón. En los paralímpicos puede darse un récord mundial sin que el atleta haya ganado. Tal el caso de Arnu Fourie, quien en una de las series de los 200 m planos T44 batió el récord mundial al llegar segundo detrás del estadounidense Blake Leeper. La respuesta al acertijo es que los récords corresponden a las respectivas clasificaciones por discapacidad. En natación y voleibol son muchos los atletas que se despojan de sus prótesis para poder competir, mejorando así su rendimiento. En básquet, la cancha es del mismo tamaño (28x15 metros) y los aros se encuentran a la misma altura (3,05 metros), por lo que los jugadores en silla de ruedas tienen que lanzar la pelota a más distancia y anotar se hace más difícil. En tenis en silla de ruedas, la pelota rebota dos veces y el segundo pique puede ser dentro o fuera de las líneas que limitan la chance. En básquet y en rugby es fundamental la presencia de un soldador que urgente arregle las sillas de ruedas que se rompen en el fragor del juego. En voleibol sentado, hay una regla en la que se especifica que una parte del cuerpo del jugador, entre las nalgas y el hombro, debe estar apoyada en el suelo, para nivelar las diferentes discapacidades entre los jugadores. Por eso no es extraño que haya jugadores que suelen levantarse para celebrar los puntos. La ignorancia sobre el tema revela la discapacidad de quienes presumen de “normales” y es una pena, ya que a las historias de vidas y esfuerzos deportivos, se suman curiosidades que transforman a los juegos paralímpicos en un evento único e inspirador.

Marcelo Antonio Angriman


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