La intensidad de los jóvenes Mozart

Comenzó una nueva edición de la Semana Musical Llao Llao.



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claudio andrade

candrade@rionegro.com.ar

Más de 400 personas colmaron la coqueta sala del Llao Llao.

Eliana Moscovich

Horas antes de comenzar la XVII edición de la Semana Musical Llao Llao, Los Cafres hacían su presentación en un bar de Bariloche. Horas después, y en otro local, se estaría llevando a cabo una peña folclórica, y durante el evento clásico, tenía lugar un festival de hard rock con bandas de distintos puntos del país.

Esto explica sólo en parte por qué, a pesar del precio de las entradas accesible para los habitantes de la ciudad y sobre todo para los músicos, los jóvenes brillan por su ausencia durante este excepcional evento.

Y excepción es una palabra que debe usarse en todo lo amplio del criterio. Por el currículum de los músicos invitados, por el repertorio y por la propuesta. Más entendible en lugares como Buenos Aires y Nueva York.

Tal vez el problema sea la solemnidad que envuelve a la música clásica. El entorno rígido que nada tiene que ver con lo que después se expresa sobre el escenario y que incomoda a los ajenos al ambiente.

El día inaugural, por ejemplo, el reconocido Alexander String Quartet (con tantas medallas, premios y reconocimientos internacionales sobre el pecho que haría temblar de envidia a un general de las fuerzas armadas norteamericanas) interpretó en su primera parte el “Cuarteto de cuerdas N° 16 en Mi bemol mayor KV 428” de Mozart (un cifrado que remite a una fórmula mágica y probablemente así sea) y el “Cuarteto N° 4 en Re mayor op. 83” de Dimitri Shostakovich. Dos obras que ni de lejos le dan la bienvenida a un oído novato la primera es una suerte de irónica transposición de frágiles y sensibles postales aunque por detrás uno alcanza a entender que algo no funciona del todo, que la vida de ese hombre está atravesada por la angustia; y la segunda arranca con una pared de embates de arco disonantes que semeja una alocada partida de ajedrez donde las reglas no aplican pero que reflejan el alma de dos seres humanos jóvenes y atenazados por el conflicto y la duda.

En realidad, la vida de Shostakovich estuvo marcada por la contradicción política y el fervor creativo.

Y aquí corresponde un “notable” para el respetado Nelson Castro que con su erudición hace más accesible al programa.

La segunda parte del concierto fue para una obra mayor del clásico “La muerte y la doncella” de Franz Schubert. Una obra genial de asfixiante progresión que en el fondo no es otra cosa que una metáfora de la finitud, y así misma, una declaración de principios de un joven a su verdugo. Porque Schubert, como Jim Morrison, como Sid Vicius, como Mozart, como James Dean, supo que iba a morir temprano. Qué injusto. Qué talento perdido en aguas infinitas.

Como sea, ésta resulta ser la paradoja de las estupendas jornadas musicales que se llevan a cabo en el hotel Llao Llao: que mientras los jóvenes del pueblo se eximen de la experiencia clásica, los adultos y los mayores se deleitan con la poesía de unos chicos que alguna vez vivieron y sufrieron hace casi 200 años.


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