La internacionalización de la educación como forma de vida



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Mi primera carrera de grado fue en Relaciones Internacionales y estuvo signada por el análisis de las cuestiones económicas, políticas, sociales y legales en las relaciones entre países dentro del contexto de un mundo globalizado. No menor fue la influencia en mi elección de vida el contar con docentes con amplia experiencia internacional y de haber recibido en las aulas a alumnos de varios países que se encontraban realizando parte de sus estudios en Argentina. Fue esa conjunción de estudios, experiencia de los docentes y alumnos visitantes la que me hizo ver que el componente internacional en la educación superior para el siglo que venía era tan natural como necesario e implicó que luego de terminar los estudios universitarios me fuera, con mucho esfuerzo y sacrificio de toda mi familia, a estudiar por tres meses a Estados Unidos. Luego de un paso por la función pública en áreas relacionadas con la cooperación internacional seguido por un tiempo en el sector privado y la docencia universitaria, una beca del Ministerio de Educación y Ciencia de Japón me llevó a la Universidad de Nagoya, en la ciudad homónima de aquel país del lejano Oriente, a realizar mis estudios de posgrado. La llegada fue tanto el inicio como la muestra de un proceso en el cual la dimensión internacional de mi educación y de mi vida pasó de ser un elemento importante a un componente constitutivo y esencial. La Universidad de Nagoya tenía, y tiene, un sistema donde los estudiantes japoneses, la Asociación de Estudiantes Extranjeros, asociaciones de ciudadanos con interés o experiencia en lo internacional y la administración de la universidad emprenden una acción conjunta para recibir al estudiante internacional, ayudar a su adaptación a la sociedad japonesa, tender a su integración en la misma y proponer cambios en modos y normativa, tanto universitaria como estatal, que hagan a la universidad y a la ciudad lugares más amigables para los extranjeros. Al llegar a la estación de trenes de Nagoya en el tren bala desde Tokio, al abrirse la puerta fui recibido por dos estudiantes de la universidad, una japonesa y otra brasileña, a quienes la administración del servicio de trenes les había permitido estar en el andén sin tener pasaje porque iban a recibir a un estudiante internacional. Al llegar a la residencia para estudiantes internacionales, un grupo de estudiantes japoneses hacía las veces de anfitrión y guía explicando el funcionamiento y las reglas de la residencia. Al poco tiempo una persona perteneciente a una sociedad de personas con interés en lo internacional me vino a buscar para llevarme a la municipalidad para realizar el registro de extranjeros y mostrarme dónde estaban los principales supermercados y otras cuestiones de la vida diaria. Esta persona se mantuvo en contacto, procurando solucionar los problemas prácticos que me pudieran surgir casi hasta el final de mi estadía en Japón. Los primeros seis meses en la Universidad de Nagoya tomé un curso de idioma y cultura japoneses en el Centro para Estudiantes Internacionales de la universidad, donde los docentes eran todos japoneses y los estudiantes todos internacionales, de más de sesenta países. A los cuatro meses fui elegido presidente de la Asociación de Estudiantes Extranjeros de la Universidad de Nagoya y me incorporé al grupo encargado no sólo de colaborar con la recepción y guía de estudiantes extranjeros sino también de participar en el diseño e implementación de políticas y acciones para la internacionalización de la universidad y la ciudad de Nagoya (curiosamente, muchas veces como coordinador de los grupos, aun de aquellos convocados por la ciudad). Estas actividades continuaron los años siguientes, primero como encargado de comunicaciones y luego como vicepresidente de la Asociación de Estudiantes Extranjeros de la Prefectura de Aichi. La maestría y el doctorado en Cooperación Internacional tuvieron lugar en la Escuela para Graduados en Desarrollo Internacional, donde el cincuenta por ciento de los estudiantes eran internacionales y muchas de las materias dictadas en inglés. El GSID es un centro pionero en Asia por dedicarse a la temática del desarrollo, la cooperación y la comunicación internacionales y en Japón por impartir materias y permitir tesis en inglés. Esta escuela de posgrado conjuga perfectamente el concepto de “universidad”, tanto por la búsqueda del conocimiento universal como por hacerlo desde un punto de vista y con una comunidad realmente multinacional y multicultural. Un gran porcentaje de los alumnos del GSID estudia con becas del gobierno de Japón o de la misma Universidad de Nagoya. Además, tanto el GSID como la universidad ponían a disposición de sus estudiantes tanto domésticos como internacionales fondos para la participación en programas y congresos internacionales, los cuales me llevaron a realizar trabajos en Tailandia, en un proyecto de desarrollo de la familia real, y a participar de conferencias en Japón, Estados Unidos y Canadá. En suma, el Estado, las universidades y la comunidad japoneses tienen políticas específicas y activas para atraer estudiantes internacionales y promover la internacionalización. Durante los poco más de cinco años viviendo y estudiando en Japón he observado como testigo y actor privilegiado el fenómeno de la internacionalización de la educación superior producto de políticas específicas y activas del Estado, las universidades y la sociedad. Uno podría preguntarse por qué una sociedad invierte importantes recursos para recibir estudiantes internacionales y para lograr una extensión y profundización de su dimensión internacional y la respuesta se encuentra en la creencia, basada en hechos, que tienen las autoridades y la comunidad japonesas de que para mantener y aumentar su productividad y los estándares de vida que ella acarrea la internacionalización de su sociedad en general y de su educación superior en particular es una necesidad imperiosa. Sobre el final de mi doctorado, y ya con casi el último borrador de mi tesis escrito, se abrió la posibilidad de continuar una carrera académica a nivel internacional, donde mis antecedentes un poco eclécticos resultaron tanto una ventaja como un desafío. Habiéndome especializado en el estudio de las cuestiones legales de la sociedad de la información y de la propiedad intelectual a través de carreras no estrictamente jurídicas, el escenario internacional se mostraba como más propicio atento a que, justamente, la falta de internacionalización de los sectores de educación superior de muchos países de Latinoamérica significa que, aunque está cambiando, en la inmensa mayoría de los casos el requisito para ser profesor de Derecho es ser abogado, lo cual en otras regiones se entiende como carreras diferentes. Esto resultó en que, dentro de las posibilidades existentes, aceptara el cargo de profesor de Derecho de los Negocios en la Universidad Metropolitana de Londres. La Universidad Metropolitana de Londres es la institución de educación superior del Reino Unido que cuenta con la mayor cantidad de estudiantes internacionales en el país, sin contar aquellos que concurren de países de la Unión Europea, que son considerados domésticos. Desde el comienzo de mis actividades en Inglaterra la experiencia fue internacional por definición. La primera clase fue de Derecho de los Negocios y el setenta por ciento de los casi doscientos alumnos era de más de cincuenta países y además tenían, desde ese momento, un profesor que hablaba en inglés con un fuerte acento latino. A los colegas del pequeño grupo de Derecho de la Escuela de Negocios, en un año se sumaron un profesor de Camerún, uno de Polonia y un argentino que había estudiado en Japón. Las autoridades de la universidad perseguían activamente políticas de reclutamiento de estudiantes extranjeros, siendo la internacionalización del cuerpo docente una consecuencia natural de la atracción que ejerce el Reino Unido sobre los académicos de casi todos los países y la falta de necesidad de acreditación de las carreras de grado y de posgrado para ejercer la docencia en universidades británicas. La acreditación informal está dada por la trayectoria del docente en cuestión y por el reconocimiento de sus pares de su producción intelectual y sus estudios. Otras universidades británicas siguen políticas de internacionalización por motivos diversos. Todas tienen claro que en la actualidad brindar una educación globalizada es importante aun en las carreras de alcance puramente doméstico. (*) Responsable de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Río Negro

En primera persona

Fernando Barrio (*)


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