La internacionalización de la educación superior

Unos tres millones de estudiantes van de una universidad a otra buscando nuevas competencias. ¿En qué consiste esta tendencia? ¿Cómo se la puede aprovechar desde la Patagonia? Hablan expertos.



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La británica Ronke Shoderu (izquierda) y la española Milagros García Barbero a la hora de exponer sobre “la armonización de títulos y la movilidad estudiantil”

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DEBATES

• Salir al mundo obliga a adecuarse a las nuevas exigencias globales partiendo con lo nuestro como gran capital y sin ninguna pretensión de encontrar ningún paraíso más allá de las fronteras nacionales.

• Por ello las universidades deben preparar con urgencia profesionales para un mundo que muta segundo a segundo.

• Este profesional debiera ser flexible y adaptable, tolerante con lo distinto y diferente en lo cultural y con mucha gimnasia en redes, entre otras virtudes. Debe saber buscar y encontrar soluciones, innovar, trabajar en equipo y saberse móvil (hoy acá, mañana allá y después quién sabe...).

• En este sentido, es fundamental fortalecer la cultura de la internacionalización en las universidades, promover alianzas con casas de estudios de otros países sobre la base de la cooperación y el crecimiento compartido, organizar misiones de las universidades argentinas al extranjero y desarrollar posgrados e intercambio de docentes bajo la perspectiva de la mutua satisfacción, entre otras acciones.

Éstos fueron algunos de los ejes que se debatieron la semana última en el Seminario Internacional sobre la Globalización de la Educación Superior, organizado y realizado por la Universidad Nacional de Río Negro en Bariloche, donde participó también “Río Negro”.

El encuentro contó con funcionarios, académicos y docentes de las principales universidades argentinas, más la presencia de expertos del exterior como la japonesa Miki Horie, miembro de Japan Network for International Education; la británica Ronke Shoderu, del London Metropolitan Business School del Reino Unido, y Milagros García Barbero, de la Universidad Miguel Hernández de España.

También participaron Arturo Somoza, rector de la Universidad Nacional de Cuyo; Jorge Bragulat, director ejecutivo del Programa de Promoción de la Universidad Argentina de la Secretaría de Políticas Universitarias; Pascual Masullo y Arturo López Dávalos, profesores de la UNRN; Jorge Tezón, gerente de Desarrollo Científico Tecnológico del Conicet; Ricardo Popovsky, rector de la Universidad de Palermo; Marina Larrea, de Cooperación Internacional de la SPU; Juan Luis Mérega, de la Universidad de Quilmes, y Marcelo di Pietro, director de la Academia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, de Suiza. “Hay que aumentar la inversión en la generación de conocimientos tanto para exportarlos como para sacarles provecho en nuestra misma comunidad, y si a esto se le suma la marca Patagonia la sinergia es formidable”, invitó el rector Juan Carlos Del Bello.

¿Qué debe entenderse por “internacionalización de la educación superior” (ES)? Ayuda a sintetizar las opiniones escuchadas, con criterio propio, Pablo Bohoslavsky, secretario de Docencia, Extensión y Vida Estudiantil de la Universidad Nacional de Río Negro:

–La expresión “internacionalización de la ES” es de carácter multidimensional, pero la mayoría de los expertos considera que es la manifestación de la globalización llevada al campo educativo. La promoción de la movilidad estudiantil, que representa una de sus dimensiones, de un país a otro tiene razones

académicas (ir a una universidad de ‘nivel’), de experiencia de vida (conocer otros países y culturas) y económicas (alentadas por las instituciones universitarias y los gobiernos). No debe perderse de vista que para algunos países como Australia y Nueva Zelanda la presencia de estudiantes internacionales representa la tercera o cuarta fuente de ingresos. La facilidad en las condiciones de movilidad estudiantil y la aparición de las tecnologías aplicadas en los procesos de educación a distancia generan movimientos masivos de estudiantes a nivel planetario (se estima que hubo unos 3.000.000 en el 2010) y de divisas, tanto por la movilidad de éstos como por los pagos efectuados a las instituciones que ofrecen carreras en la modalidad virtual”.

–¿Ésta es una tendencia que llegó a nuestras universidades para quedarse? ¿Quién fija esta tendencia?

–En tanto se trata de una tendencia planetaria, es indiferente a las actitudes que las universidades argentinas tomen al respecto. Como en toda situación semejante, según las acciones que sigan las universidades argentinas, tanto estatales como privadas, esa tendencia tendrá manifestaciones favorables o de perjuicio: recibiremos estudiantes internacionales o los argentinos que puedan se irán a otras latitudes o tomarán la modalidad de enseñanza virtual que ofrecen empresas o universidades reconocidas en todo el mundo. No será una limitación el hecho de que los títulos expedidos estén reconocidos o no (excepto para el ejercicio que imponen algunas profesiones como la de abogado y médico) ya que los empleadores toman profesionales según las capacidades y experiencias demostrables. Ya el credencialismo está en retirada.

–En esta meta de formar nuevos profesionales en la universidad, sea argentina o extranjera, con un perfil flexible, adaptable, global, ¿se lo hace pensando en qué y en quién? ¿Qué debe entenderse por “preparar alumnos para un mundo global”?

–Para pensar globalmente y actuar localmente, consigna del ahora, los estudiantes deben seguir una enseñanza que tienda a una formación de carácter general que le permita la misma adecuación a las condiciones particulares en el contexto histórico y geográfico en que se desempeñará. Un ejemplo: las empresas están contratando graduados de historia o filosofía que conozcan pero, sobre todo, tengan metodologías para estudiar a otros pueblos, conocer su cultura, para una mejor introducción de sus productos. Un estudio de abogados internacional necesitará profesionales que conozcan de derecho comparado y así sucesivamente.

En este sentido, las experiencias de internacionalización de algunas universidades argentinas como la del Litoral, Córdoba, Cuyo y la UBA son paradigmáticas y dignas de ser tenidas en cuenta para replicar. Desde Arturo Somoza, rector de la Universidad Nacional de Cuyo, hasta Juan Luis Mérega, de la Universidad Nacional de Quilmes, coinciden en afirmar que hay un campo de infinitas posibilidades: la enseñanza del español, ofrecer cursos de carreras de grado y posgrado, donde las universidades argentinas tienen un vasto y reconocido prestigio académico; una experiencia de vida en un país estable, moderno, con facilidades de movilidad y comunicación.

“Pero el punto clave es la adecuación institucional: la capacitación del personal, la infraestructura edilicia, propia u ofrecida por terceros, adaptada a las condiciones de vida y culturales del país de origen, y la logística, como por ejemplo la señalización de los lugares en el idioma inglés, que es el de la academia planetaria, son imperativos si queremos que este fenómeno, inevitable, tenga expresiones favorables en nuestro país”, acota Bohoslavsky a “Río Negro”.

–¿Cómo ve este tema en nuestra región?

–Considero altamente favorables las posibilidades regionales. La palabra “Patagonia” guarda un halo misterioso y atractivo: es posible sumar la academia a una experiencia de vida única en nuestra región. Para los estudiantes internacionales seguramente programas que ofrezcan ir a varios lugares (universidades y provincias) serán sumamente atractivos, incluso los ofrecidos en combinación con universidades chilenas.

En definitiva, las políticas de internacionalización...

• “...tienen que estar enfocadas en el rol de las universidades en su contexto de desarrollo, prefiriendo así las políticas que tienden a formar universitarios y profesionales competentes en lugar de competitivos. Por ello desdeño los rankings”. (Arturo Somoza, rector de la Universidad Nacional de Cuyo)

• “...pueden brindar soluciones a problemas de nivel global desde los recursos más allá de los etnocentrismos o las etnoculturas, por ello se pueden compartir facilidades para la movilidad (cooperación) o la preocupación por ser reconocidos a través de los rankings”. (Miki Horie)

• ...facilitan cambios culturales en las universidades y bajan los egos académicos, lo que no es poca cosa.

Por último, rescato la contundencia de Jorge Tezón, del Conicet, quien con asepsia y pasión sostiene que:

- La ciencia local no se inscribe en lo que se denomina ciencia global.

- A la hora del intercambio los actores científicos tienen que ser de igual a igual.

- Hay que promover el desarrollo de vacancias locales, privilegiar la integración y aprovechar la dinámica cientí-fica.

- Las metas de calidad local se deben modificar con estándares primero locales y globales después.

Un nuevo desafío está en marcha para la universidad nacional. Habrá que ver ahora cómo se lo encara.

Horacio Lara

hlara@rionegro.com.ar


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