La Isla Jordán y un daño ambiental que no cesa

Faltan piletas de tratamiento. El municipio de Cipolletti, ausente.





Miguel Gambera

CIPOLLETTI (AC).- Cipolletti es casi la única ciudad del Alto Valle que no tiene un balneario habilitado por la contaminación de las aguas del río Negro. La situación se repite año a año y son pocas, o casi nulas, las acciones para remediar un problema que, en términos ambientales, pagan principalmente los cipoleños.

La Isla Jordán es el espacio recreativo por excelencia de la ciudad y sin embargo el acceso de la gente al río está vedado. La altísima presencia de la bacteria escherichia coli, que registran los análisis que realiza la municipalidad, son el condicionante a la hora de habilitar una zona como balneario.

El área es promocionada sobre la margen norte como un lugar de esparcimiento enclavado en el valle productivo y sobre la margen sur por las características particulares de la meseta patagónica donde predomina la vegetación agreste, el contraste de colores y la posibilidad del avistamiento de diversas variedades de pájaros. Sin embargo, el uso queda finalmente restringido por la imposibilidad de la gente de acceder al río. El problema se repite sobre las aguas del Neuquén, que también atraviesa parte del ejido de la ciudad.

La contaminación de los ríos Limay y Neuquén, que en la Confluencia, conforman el Negro, obedece entre otras causas al volcado indiscriminado de residuos domiciliarios e industriales sin tratamientos o deficientemente tratados ante la pasividad y tolerancia de los organismos del Estado que no controlan o lo hacen deficientemente.

Esta situación quedó acreditada, entre otros trámites, en el recurso de amparo que inició en 2004 un grupo de personas que vivían a lo largo del canal de desagüe P2, en la zona de Puente 83. El juzgado de Familia, el único en ese entonces, condenó a las empresas que vertían sus residuos en el área a construir plantas de tratamiento de líquidos. A pesar de ello, aún se registran incumplimientos.

En ese mismo fallo se obligó a Aguas Rionegrinas a terminar de construir y poner en funcionamiento las piletas de tratamiento de líquidos cloacales urbanos. La planta, que recién se habilitó a fines del 2006 no sólo procesa menos del 50% de las aguas servidas sino que también siempre sufrió desperfectos en su funcionamiento.

El resto de las aguas servidas se tiran crudas al río a través de un ducto que está ubicado a metros de la Confluencia, uno de los sectores más bellos del Alto Valle.

Similar o idéntica situación se da respecto de la planta de Obrero Argentino en Neuquén, la cual no alcanza a cubrir para su tratamiento el volumen excesivo de líquidos que recibe razón por la cual gran parte pasa crudo al río.

La falta de controles efectivos de los organismos provinciales que tienen el poder de policía son, en gran parte, responsables de que la situación se repita año tras año. Pero también lo es el municipio cipoleño que, conociendo la situación generada por Neuquén, no avanzó en acciones que permitan sanear el río que es patrimonio de todos los ciudadanos y tampoco en exigir a las autoridades de la provincia que controlen y que finalicen la segunda etapa de la planta cloacal.

Propone, para superar la falta de un balneario público con acceso gratuito, la construcción de un complejo de piletas en la Isla Jordán. El proyecto tiene un costo de más de 9 millones de pesos, sin contar el mantenimiento de una iniciativa de estas características.


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