La Lobería: un lugar encantado

Además de la reserva, de la naturaleza única, del mar azul y la suave arena, el enclave tienta a visitantes que buscan recibir su energía y conocer sus misterios.



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La Lobería ofrece gran variedad de atractivos a visitantes de todo el mundo (Foto: Mauricio Martín)

Turismo

La reserva Faunística de Punta Bermeja, y su balneario tildado popularmente como La Lobería, se presentan como el sitio adecuado en el cual el visitantes puede alternar naturaleza de día, y misterios de noche con luces multicolores que entran y salen del mar, una verdadera delicia para los estudiosos del fenómeno Ovni.

Sobre esto último, algunas teorías le adjudican a ese espacio una condición física especial relacionada con altas concentraciones de Ozono que le reportan un gran bienestar a quienes suelen tomarlo para momentos recreativos.

Aún cuando la ciencia en la vida cotidiana no actualiza las explicaciones, comienzan a trascender valiosos relatos que invitan a quedarse despierto de noche para conseguir algun avistamiento que alimente el imaginario popular.

Sin ninguna experiencia en su haber, el subsecretario de Turismo de Viedma, Sergio Pappático, confirma que “existe mucho interés de los turistas interesados en el tema de la energía, y vemos un potencial en esto”.

Para darle entidad a esta auténtica síntesis de expresiones, un residente con amplísima actuación institucional en esa zona y una verdadera fuente digna de crédito, explicó a “Río Negro” que “esto es cotidiano desde la cero hora en adelante”. Valoró su manifestación planteando un interrogante “es posible que veas caer una estrella, pero que salga de adentro del mar en color rojo, y de números impares……es algo raro”.

El último antecedente reunido se registró entre junio y julio pasados cuando en el edificio que ocupa se le apareció Milton, un vecino de la zona. “Venía asustado porque lo siguieron luces de todos colores que pasaron como un jet, y que luego logré ver”, contó (Ver más aparte).

La segunda razón para visitar el sitio es que está emplazado a apenas 60 kilómetros de esta capital por ruta totalmente asfaltada. Sus acantilados de 35 metros de altura -a medida que se desciende hacia la playa- depositan al turista en un lugar sumamente reparado de las molestas brisas patagónicas.

Estos acantilados, reúnen gruesos bancos de areniscas de grano fino mediano con predominancia colores grises, y suman años. El Instituto Argentino Oceanográfico los ubica en el período Cenozoico, la era geológica que se inició hace 65 millones de años y se extiende a la actualidad.

Quizá desconociendo ese dato, los niños -luego de un chapuzón en los piletones naturales- tienen para entrenerse descascarando el acantilado y con una piedra semi-preciosa de las que suelen utilizar los talladores locales, dibujan caras en las lajas que se desprenden de esos gigantes.

Luego, el plato fuerte es visitar el apostadero ubicado a tres kilómetros donde se concentran uns 7.500 ejemplares de lobos marinos. Por allí, y durante todo el año, suelen concurrir turistas de la región patagónica, latinoamericanos y europeo; de acuerdo al registro de agradecimiento que tiene su Centro de Interpretación.

Enrique Camino

ecamino@rionegro.com.ar

Vivencias reales y de ficción

Corina Heredia tuvo su propia experiencia cuando un domingo de 1992, en medio de un clásico Boca-River, observó junto a su marido desde la ventana de su casa en el balneario El Cóndor, que un triángulo emergía del mar entre burbujas, y una nave como si fuera un plato sopero de color blanco emprendió la rauda marcha por el aire en dirección a la Lobería.

En forma paralela a esa afortunada visión, luego tomó contacto con testigos de otros hechos reales, que volcó en dos libros de cuento, el Tercer Cielo y Cuarto Cielo Azul (2012-2013). Insistió ante este medio: “son todas cosas reales, pero los escribí en forma de cuento para que alguien no diga que los testigos son proclives a estar locos”.

En el primero de ellos refleja la narración de un habitante de La Lobería, quien le contó que un día aparecieron cinco personas en un “motor-home” con equipamiento científico, y que durante una noche de absoluta calma salió del mar un aparato similar al tamaño de un avión, mientras que los gruñidos de los lobos se iban apagando de a poco como si quedaran adormecidos. “Luego, el aparato emitiendo señales luminosas, desapareció en forma horizontal, y vimos que ninguno de los visitantes se alarmó”, consigna Heredia en su texto.

En el segundo texto, cuenta cómo a la misma persona, una nave le “chupó” la energía de un equipo electrógeno.

Los lugareños cuentan que varias organizaciones religiosas suelen aparecer por el sector de playas a elevar plegarias al mar, y un brasileño asiste regularmente a realizar ofrendas durante el invierno.

“No he visto nada, pero la energía que se siente y que viene del mar es muy fuerte”, dice la viedmense Shirley Siegenthaler, subcampeona mundial en 2010 de Tai Chi, quien acude regularmente para utilizar ese lugar como retiro para meditación.

En la pequeña villa se comenta que algunos años atrás, un guardafauna pidió imágenes satelitales a Prefectura Naval y la Armada como documento para denunciar pesca ilegal de embarcaciones, pero en las fotos no aparecen las luminosidades de supuestas embarcaciones que se notaban de noche.

El actor Viggo Mortesen fue uno de los ilustres visitantes para filmar en 2013 “La Jauja”, en tanto que muchos, recuerdan haber visto al ufólogo peruano Sixto Paz Wells, quien ha reconocido públicamente que su contacto extrarrestre, es con una figura llamada “Oxal” (AV).

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