La lucha contra el vertido del Golfo se convierte en una “guerra”

Por Frank Brandmeier



El mar que rodea a la isla turística de Dauphin Island está hoy gris y en calma. Incluso algunos delfines se dejan ver. Si no fuera por las decenas de voluntarios que retiran grumos de petróleo cada vez más grandes en la costa oriental de Alabama, éste sería un lugar idílico.

Pero quien escuche al portavoz de la Guardia Costera Pete Capelotti describiendo la lucha contra la marea negra, tendrá la impresión de estar en una zona de guerra. “Ésta es la segunda batalla de la bahía de Mobile”, afirma. El primer conflicto por el estratégico acceso al puerto de Alabama tuvo lugar durante la Guerra Civil estadounidense, en 1864.

Las palabras fuertes y las comparaciones históricas parecen adecuadas, en vista de la peor catástrofe ambiental en la historia del país. El día anterior, decenas de barcos rescataron del agua unas 3.000 toneladas de petróleo a escasos 40 kilómetros de Dauphin Island.

“Es un operativo grande”, dice Capelotti. “El petróleo se mueve en el sentido de las agujas del reloj”, y por tanto en dirección a los centros turísticos de Florida. El turismo es una industria multimillonaria que sólo en la soleada Florida ocupa a un millón de personas. El vertido ya habría llegado a los lejanos Cayos de Florida, un archipiélago de 1.700 islas que funciona como un imán para los turistas.

Y también la costa oriental de Alabama depende del turismo. Allí crecen la rabia y la frustración, no sólo contra la petrolera BP; también contra el gobierno federal. Su expresión se encuentra por ejemplo en el cartel transparente que un avión exhibe desde el cielo en el balneario Gulf Shores: “ÑObama, deja ya de hablar. Queremos hechos ahora!”.

Capelotti habla de “líneas de defensa” en la lucha contra el vertido. Se refiere a las lanchas rápidas que navegan frente a Dauphin Island y que tienen la misión de atrapar toda la pelmaza negra que puedan con grúas y barreras antipetróleo.

“Intentamos matar todo lo que podamos”, dice en jerga bélica. “Allí, donde ahora se desarrolla la batalla”. Una cosa parece clara: si el petróleo toma dirección hacia las playas, será casi imposible detenerlo por completo.

Capelotti considera una “locura” la idea de llenar con barreras antipetróleo los 1.500 kilómetros de la costa del golfo entre Nueva Orleáns y el extremo sur de Florida. Estas barreras se vuelven inútiles cuando el viento sopla con un poco más de fuerza, explica.

“El Golfo de México es como una gigantesca lavadora, que las destruiría”. Por eso existe un plan de tres fases: retirar o quemar todo el petróleo posible mar adentro, atrapar lo que llegue cerca de la costa y recolectar la pelmaza que consiga hacerse paso hasta la arena.

El miedo crece no sólo entre los operadores turísticos y los pescadores del noreste del golfo. Nadie sabe cuándo, dónde, ni si en efecto el vertido afectará el hábitat de la fauna local, advierte Tom MacKenzie, del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. “Estamos preparados”, asegura. Los funcionarios trabajan hace semanas en un plan de emergencia para el caso de que el petróleo llegue a los santuarios naturales. ¿Y si finalmete sucede? “La naturaleza es extraoridnariamente tenaz”, asegura MacKenzie. “Sobrevivirá”.

Por su parte, Capelotti compara al vertido con un enemigo en constante movimiento. “Quién sabe cuánto petróleo ha guardado allí abajo la madre naturaleza”. El portavoz de la Guardia Costera trabaja en realidad como profesor de Historia de la Humanidad en Pennsylvania. Por tanto, sabe algo sobre dimensiones históricas. Los estados del norte ganaron la batalla de Mobile, recuerda el antropólogo. ¿Quién ganará esta vez?

DPA


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