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La medicina cannábica se afianza en Bariloche

Hay 40 pacientes en tratamiento bajo supervisión de un neurocirujano. Dos biólogos utilizan las flores de la planta para la elaboración del aceite.





Los pacientes llegan derivados por los médicos cuando otros tratamientos no dan resultado o provocan graves efectos secundarios. En muchos casos los cambios causan asombro, no sólo por la disminución del dolor y de otros síntomas de la enfermedad sino también por “la mejora en la calidad de vida”.

El uso de principios activos de la marihuana en terapias contra el cáncer, la artrosis, la epilepsia refractaria y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el mal de Parkinson crece cada día en todo el mundo y tiene en Bariloche uno de sus epicentros, con experiencias que comenzaron hace ya varios años y que logran creciente aceptación en la comunidad médica.

El producto es elaborado por especialistas de la Organización Cannábica Bariloche (OCB), con plantas seleccionadas y una concentración “estándar”, cuya dosis, aplicación y seguimiento está a cargo del neurocirujano Vicente Mazzaglia.

Hoy existen en Bariloche unos 40 pacientes bajo terapia cannábica, con edades que van de los 8 a los 101 años. Hay incluso pediatras que derivan a la OCB casos de chicos con epilepsia que rechazan la medicación convencional, y que han logrado progresos muy grandes con el preparado en base a CBD, el cannabinoide que actúa sobre el dolor y otros síntomas.

Uno de los pacientes más convencidos es Lorenzo, a quien años atrás le diagnosticaron un cáncer de recto y debió padecer traumáticas sesiones de quimioterapia. En diciembre de 2014 tenía programada una operación que –le anticiparon– es de las más dolorosas que existen en tratamientos oncológicos.

“Hace tiempo empecé con el cannabis y sigo hasta hoy. Te puedo asegurar que no tuve ningún dolor, me recuperé rápido y no tomé analgésicos –cuenta con énfasis–. Desde entonces ya me hicieron tres controles y no aparecen células cancerígenas”.

Si bien evitan usar palabras como “mágico” o “milagroso”, a los usuarios de los derivados de la marihuana se les nota el entusiasmo.

Soledad tiene 77 años y pasa sus días sentada en una silla de ruedas, aquejada por una grave patología en su columna vertebral y artrosis en las rodillas. Comenzó a usar el medicamento con cannabinoides orientada por su médico, quien que no sabía cómo atacar los dolores crónicos que no la dejaban dormir.

El relato de Soledad es concluyente: “Lloraba todo el día, no podía moverme, no comía, bajé como cincuenta kilos. Cuando empecé a tomar, lo primero fue que me relajaba y podía dormir. Empecé a charlar, a sonreír. Porque yo siempre fui de hablar mucho. Disminuyeron mucho los dolores y también tengo apetito. Ahora camino con andador, me baño, me visto sola. Antes tenía que ayudarme mi marido para todo”.

En su caso el cannabis fue la única solución porque el uso de antiinflamatorios tradicionales (cada vez más fuertes) le provocaron úlceras de estómago. Ahora ya no los necesita.

Los especialistas que preparan el aceite cannábico son Santiago Juárez y Gabriela Calzolari, dos licenciados en biología que se integraron a la OBC como consumidores “recreativos” de marihuana y que luego se volcaron a la investigación de sus usos medicinales.

Gabriela explicó que las propiedades están en toda la planta, pero ellos toman las flores, las tratan con un solvente que es alcohol de cereal y cuando se evapora queda una resina cannábica, que se integra con aceite de oliva. La administración es por vía oral. La dosis básica son cinco gotas tres veces por día, que se colocan debajo de la lengua.

Distribuyen el compuesto en forma gratuita, a sabiendas de que mientras no haya regulación transitan una estrecha cornisa. “No queremos sumar una ilegalidad más”, explica Santiago.

Soledad, 77 años, padece una grave patología en la columna y artrosis.

Afirman que no tiene efectos secundarios

Un hito se dio cuando el médico Alejandro Libkind, reconocido anestesiólogo y especialista en terapias del dolor, comenzó a derivar pacientes a la OCB. Hoy lo hacen también otros profesionales. Uno de los pacientes, Lorenzo, no para de hablar de los beneficios. “Además de eliminar el dolor es una mejora general en la calidad de vida. A mí me ayudó incluso a aceptar mi enfermedad”, asegura. También admite que “hay un cuco con eso de que genera adicción, pero nada que ver”. Él debió dejar de tomar el aceite cannábico cuando viajó por varias semanas a Buenos Aires. No llevó el frasquito por miedo a los controles y dijo que no sufrió ninguna abstinencia.

El médico Mazzaglia subraya que el cannabis “no tiene efectos secundarios” como otros fármacos que producen úlceras, sueño o quitan el apetito.

Datos

2010
fue fundada la Organización Cannábica Bariloche. Cada primer sábado de mayo hacen la marcha de la marihuana.
“Lloraba todo el día, no podía moverme, bajé como 50 kilos. Cuando empecé a tomar, lo primero fue que me relajaba y podía dormir”.

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